Los cármenes en la pintura granadina
JUAN MANUEL SEGURA BUENO
Con esta exposición, el Patronato Fundación Albayzín quiere contribuir a la difusión del patrimonio del barrio universal, además de concienciar sobre su conservación y promover actitudes y conductas de aprecio y respeto, especialmente en estos momentos que vive el Albayzín, en que es continuamente manipulado por numerosas personas y colectivos que se enganchan al carro de su popularidad en beneficio propio, con continuas críticas destructivas, sin dar apoyo ni aportar soluciones; sólo les vale el no dejar hacer poniendo obstáculos para luego reprochar.
Al mismo tiempo, nos gustaría que sirviera de homenaje a los vecinos, sobre todo mayores que se niegan a abandonar sus viviendas porque no pueden ni imaginarse su vida en un piso de allí abajo, en \"Graná\", dejando su carmen por más que sus familiares y amigos les intenten convencer de que lo podrían vender por mucho dinero, que es incómodo, sin ascensor, por lo que tienen que subir y bajar muchas escaleras, que es difícil o imposible que llegue el coche...
Recuerdan a otros vecinos que en tiempos pasados se fueron a vivir a la ciudad y ahora echan de menos volver a sentarse en sus huertos, cultivar sus flores y hortalizas y descansar bajo la sombra de la glicinia, caquis o granado, en Navidad oler las flores del macasar y, al llegar la noche, sentirse transportados por el aire fresco que sube del Darro mientras contemplan ese majestuoso espectáculo que es la Alhambra, desde esta cercanía privilegiada que sólo los habitantes de este barrio pueden disfrutar de continuo.
En toda exposición de pintura granadina se puede ver como hay temas de referencia constante, asuntos que son inevitables: la Alhambra, el Albayzín, la Carrera del Darro, los carmenes, la Sierra; todos ellos han sido temas ineludibles de todos los artistas en cualquier época.
1870 es un año vital para la evolución de la pintura local. En este año llega a Granada desde París, huyendo de la guerra franco-prusiana, el pintor de Reus Mariano Fortuny, suponiendo un revulsivo para la pintura granadina estancada en el tema religioso, retrato o naturalezas muertas. Con Fortuny viajaron su suegro Federico Madrazo, sus cuñados Raimundo y Ricardo Madrazo, Martín Rico, Joaquín Agrasot, Tomás Moragas, Bernardo Ferrándiz. ..,
los mejores pintores de la época. Primero se hospedó en la fonda de los Siete Suelos, aunque posteriormente se cambió a un carmen, ya desaparecido, en la plaza del Realejo que lleva su nombre.
Enterados los artistas granadinos de la llegada de tan afamado pintor, que ya había triunfado en Francia como ningún otro artista español, se apresuraron a conocerlo y lo encontraron pintando \"Ropa tendida\" en un carmen granadino, tenía suficiente para que Fortuny se recrease reflejando la calidad de la luz y la transparencia del cielo. No subió el pintor mucho al Albayzín; su obsesión por los interiores de la Alhambra y el pintoresquismo aún muy bien conservado del centro de la ciudad le proporcionaban imágenes bellísimas para sus cuadros, abriendo el camino para sus seguidores, que descubrieron el paisaje de Granada y sus amplísimas posibilidades pictóricas.
Podemos destacar a Manuel Gómez Moreno, nacido en 1834, que empezó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Granada con 22 años, pasando a la de San Fernando de Madrid y en 1878 becado por la Diputación granadina, viajó hasta la Academia de Roma donde pintó dos de sus mejores obras, \"San Juan de Dios salvando a los enfermos del incendio del Hospital Real \" y \"La Salida de Boabdil y de su familia de la Alhambra\". Volvió a Madrid y vivió a caballo entre la capital y Granada, donde continuó pintando como actividad para financiar su otra gran pasión: la arqueología. De su mano exponemos un pequeño apunte a la acuarela que representa la entrada de su \"carmen en la Cuesta del Pescado\". De aquí se cambió al albaicinero de los Grifos de San José, donde murió en 1918.
No fue casualidad que gran parte de los pintores de esta época fijaran su residencia en el barrio blanco, habitando la mayoría de las veces carmenes o casas moriscas, como fue el caso del gran pintor José Larrocha, que fijó su estudio y residencia en la Carrera del Darro, pintando Granada y el Albayzín por activa y por pasiva y consiguiendo efectos de luz tan exactos como armoniosos. Tristemente, fue uno de los albaicineros que tuvo que abandonar su casa para marchar a Argentina cuando contaba con 65 años, muriendo en su capital en 1933. Para esta exposición se han recogido dos de sus obras, un carmen sobre el Algibe de Trillo y bajo el carmen del Alba, que hoy sus propietarios conocen como \"La Guarrina\", así como los jardines de otro de los carmenes albaicineros.
Tomás Martín Rebollo vivió en la calle de Zafra, posiblemente en el carmen de San Cayetano. Como Gómez Moreno, estudió pensionado por la Diputación en Roma, pero su carácter retraído y exageradamente tímido no le ayudó a abrirse camino en el mundo del arte pese a ser junto con Sorolla y Beruete, según escribió su alumno el pintor y escritor Enrique Marín Sevilla, uno de los tres mejores de su época.
Juan Bautista Guzmán admiraba tanto a Fortuny y se dejó influenciar tanto por él, que se fue tras sus pasos a Barcelona, donde murió en 1898. Recogemos aquí un lienzo que representa \"dos damas descansando en el jardín de un carmen\" fechado en 1879 y otra \"Tocando la guitarra\".
También era del Albayzín, de la calle Loarte, junto a la puerta de Elvira, Isidoro Marín Garés, que sufrió tanto el atentado urbanístico que supuso la apertura de la Gran-Vía que prefería dar las vueltas necesarias por no pasar por esta calle que no llegó a pisar nunca. Era un artista de carácter tímido y mente clara que practicó todo tipo de actividades, desde la restauración a la ilustración, siendo un cronista directo de la vida granadina. Pintó todos los rincones del Albayzín en pequeñas tablas de gran cromatismo y finura. Como se puede ver en este magnífico lienzo titulado \"Lavadero en el patio de un carmen\".
Manuel Ruiz Sánchez Morales, nacido en Baza en 1857, fue otro de los pintores que con más frecuencia pintó el Albayzín. También fue pensionado a Roma en 1886, donde coincidió con los dos grandes maestros Sorolla y Villegas.Su pintura está llena de color y dinamismo, usando una pincelada suelta de fuerte influencia impresionista, donde la luz
es fiel soporte de una Granada que no volverá, como puede verse en el cuadro \"Niños jugando en un jardín\". Fue un gran acuarelista como el inglés Apperley, que se afincó en Granada en 1917 trayendo consigo la inimitable maestría de los acuarelistas ingleses. En este barrio vivió sus dos grandes pasiones: la pintura del Albayzín y Enriqueta, su mujer, con la que vivió en el carmen de San Nicolás que lleva su nombre, aunque antes vivió a los pies de la Alhambra, en la Cuesta de los Chinos y después en el lado opuesto a su carmen. En muchos de sus dibujos y acuarelas y en artículos publicados en la prensa local, denunció con frecuencia al Ayuntamiento por la falta de cuido y conservación del patrimonio, La parte humana de esta exposición la constituye esta acuarela en la que vemos a \"Enriqueta en el interior de su carmen\",
Por aquellos años llegó a Granada otro extranjero, Paul Sollmann, que se enamoró de una granadina con la que vivió en la calle de San Luis. Pintor de paisaje con luz propia, su estancia en esta ciudad se caracterizó por su continua búsqueda de inspiración en la naturaleza, como puede apreciarse en el lienzo \"Vista del Sacromonte\", donde podemos ver
la belleza que suponía la espléndida desnudez del Monte Sacro sobre el valle del Darro, Valparaíso y el carmen de las escuelas del Ave María.
También fue decisiva la presencia del pintor modernista catalán Santiago Rusiñol, llegado a Granada por indicación de Ángel Ganivet, que consideró interesante poner en contacto al grupo \"Cau Ferrat\" con los cofrades de la \"cofradía del Avellano\". En una carta a sus amigos escribe Ganivet:
\"Pienso que Rusiñol os caldeará un poco, pero creo que el único que se ha entusiasmado un tanto ha sido Almodóvar\",
Además de en Ruiz de Almodóvar, el pintor catalán influyó en Gómez Mir, también influenciado por Sorolla, y en el \"Niño Prodigio\" de la pintura granadina Mariano Bertuchi, nacido en Granada en 1884 y fiel seguidor de la
pintura de Muñoz Degrain, considerado cada vez más como uno de los grandes creadores en el panorama de la pintura española de la segunda mitad del siglo XIX. Sus continuos viajes a Granada desde la vecina Málaga, en cuya escuela de arte era profesor, se dejaron notar en la pintura de dos de sus más directos discípulos, el malagueño Joaquín Capulino Jáuregui y el cordobés Tomás Muñoz Lucena, ambos profesores de la escuela de Granada. El cordobés
vino a Granada en 1888 para participar en la exposición de las Fiestas del Corpus organizada por el Centro Artístico y se quedó en la ciudad como profesor de dibujo en el Instituto Padre Suárez.
Otro maestro que dejó su huella en la pintura local fue el valenciano Cecilia Pla, que nos visitó en la última década del XIX. De su estancia en la ciudad de los carmenes cuenta:
\"El primer discípulo que tuve en Granada, que es la tierra más bonita del mundo, fue López Mezquita. Verá usted. Es muy curioso. Hace muchos años, cuando comenzaba a luchar en Madrid, pude reunir dinero para ir a pintar a Granada únicamente quince o veinte días. Era una de mis mayores ilusiones: ir a Granada y pintar en aquella maravillosa tierra, de la que tantos y tan grandes recuerdos tengo.
Un buen día, continúa el maestro, paseando por la Carrera del Darro, aquella calle única, maravillosa, me sorprendió ver a un niño pintando muy seriecito. Me acerqué, curioso y mi sorpresa fue extraordinaria al ver el cuadrito muy entonado de color, ajustado, valiente de expresión y de carácter. Pregunté al pequeño pintor cómo se llamaba y me contestó ¡ parece que lo estoy oyendo!: José lópez Mezquita y mi maestro D. José Larrocha\" (1).
Además de López Mezquita, fueron discípulos suyos, José María Rodríguez Acosta, Gabriel Morcillo y Ramón Carazo entre otros. Todos estos maestros fueron los pilares donde se forjó la escuela granadina de pintura. Alguno de sus miembros, como Rafael Latorre, vivió retirado en su carmen de la Carrera del Darro sin apenas salir de Granada; así escribía a Bernardino Pantorba:
\"Prefiero sacrificar el éxito a perder la tranquilidad y el sosiego de mi casa albaicinera\".
En la presente exposición hay representados dos pintores ingleses que en la actualidad podemos ver casi a diario con sus acuarelas por cualquier calleja del Albayzín, Geoffrey Winne, a decir de algunos el sucesor de Apperley por la calidad de sus acuarelas, con las que está haciendo el mejor y más auténtico inventario del barrio, y Allan Dorian Clark, que vive en su pequeño carmen de la calle de Aljibe de Trillo, siendo este el segundo que restaura en la misma calle, donde se encuentra entusiasmado transitando por estas callejuelas y buscando un nuevo rincón para poder pintar o un viejo carmen al que sus propietarios le permitan el acceso para poder plasmar su alma. Él dice que los carmenes-chalés no se dejan pintar, por ello busca los tradicionales con encanto, aunque sean pequeños, pero con vida, como este que nos muestra de la Victoria.
(1) MARÍA DOLORES SANTOS MORENO, De Fortuny o Morcillo. Granada, Corpus, 1999.