1971
LUIS SECO DE LUCENA PAREDES
"Cármenes" de Granada
Obra Cltural de la Caja de Ahorros de Granada
Transcripción íntegra del texto.
Muchas ciudades poseen notas características que las distinguen
de otras. A veces se las alude por esa nota distintiva, Córdoba
es la ciudad de los patios; Écija, la de las torres barrocas;
Toledo, la de los Cigarrales. A Granada se la y conoce por "ciudad
de los cármenes". El carmen es un pequeño espacio
verde enclavado en el interior de la población. Casi todas
las ciudades del mundo tienen espacios verdes. Vienen a ser el
pulmón de la urbe. Sirven de respiradero a ésta
y de lugar de reposo y de recreación de sus habitantes.
Los busca la gente de edad que, aturida y fatigada por el intenso
tráfico y la atmósfera impura de las grandes vías,
anhela un paseo tranquilo y sano. En ellos, los niños encuentran
apacible y seguro retiro para sus juegos infantiles; y los enamorados,
un rincón discreto para decirse sus amores.
Los espacios verdes plasman en parques, alamedas, bosquecillos,
jardines, amplias avenidas con doble hilera de árboles,
y plazas con abundantes plantas y macizos de flores. Generalmente,
estos espacios verdes son bienes patrimoniales de los municipios,
que atienden a su conservación y entretenimiento. Sin embargo,
hay espacios verdes de propiedad privada. Esto ocurre en Toledo
con el cigarral y en Granada con el carmen. Incluso en Londres,
con ciertas plazas pertenecientes a la comunidad de vecinos que
habitan los in muebles que las rodean. Tales espacios verdes londinenses,
situados plena vía pública, no son accesibles a
cualquier ciudadano. Los cercan fuertes rejas y las llaves de
las cancelas que les dan entrada se hallan en poder de los vecinos
de la plaza.
Las más elementales normas higiénicas exigen muchos
espacios verdes en las grandes urbes. Los aconseja también
el buen gusto. Ellos purifican el aire que envuelve a la ciudad,
hacen grato el ambiente que los rodea, alegran el corazón
y dan colorido al paisaje de su emplazamiento. A comienzos de
nuestro siglo se tuvo todo esto en cuanta y no sólo se
mantuvieron los espacios verdes en el interior de la población,
sino que fueron impuestos en las zonas de ensanche. Así
surgió la ciudad jardín, en donde cada inmueble
estaba rodeado por espacio verde propio.
En los últimos años las cosas han variado. A pretexto
del acelerado crecimiento demográfico, se está arramblando
con los espacios verdes para transformarlos en solares edificables.
Espacios verdes pertenecientes a los municipios menguan su suerficie
en beneficio de construcciones que se califican de utilidad pública.
El afán de lucro de los constructores hacen desaparecer
a ritmo acelerado los espacios verdes de propiedad privada enclavados
en el interior de la ciudad. No se obliga a establecer espacios
verdes en las zonas de ensanche, sino que se levantan edificios
en los que en dichas zonas existían. De esta suerte, la
urbe, con detrimento de la estética y daño para
sus habitantes, va perdiendo espacios verdes en lugar de acrecentarlos.
Granada posee pocos espacios verdes de carácter público
y muchos espacios verdes que constituyen propiedad privada de
un crecido número de granadinos. La abundancia de éstos
compensa a la escasez de aquéllos. Granada carece de parque.
Tiene, eso sí, entre sus espacios verdes públicos,
un bosque maravilloso poblado por árboles centenarios y
que brinda al paseante gratísimos parajes, donde la luz
filtrada a través de las ramas que se entrelazan, tiñe
el lugar con deliciosas tonalidades y juntamente con la embalsamada
brisa que los orea, la dulce cantinela de los ruiseñores
y el suave murmullo de los arroyuelos, crea un ambiente plácido
y tranquilo que invita al reposo, mueve a meditación e
incita al ensueño. Un bosque que ha inspirado bellas composiciones
a muchos poetas y cuya soberana hermosura goza de universal renombre:
el de la Alhambra.
CARÁCTER DEL CARMEN
Con sus encantos van pareja los del carmen, El carmen es un espacio
verde típicamente granadino. Propiedad priva aneja a una
vivienda y enclavada dentro de la ciudad, constituye la natural
expansión de aquélla. Entre uno y otra discurre
la vida hogareña del dueño; porque el carmen, desde
sus orígenes, forma parte integrante del hogar. Esta circunstancia
lo hace apacible y recóndito y le imprime ambiente de recoleta
intimidad. Consecuentemente no se ofrece en espacio abierto a
extrañas miradas. No hay carmen rodeado por una verja.
Lo cercan elevados tapiales; y visto desde afuera, aparece como
un blanco paredón adosado a la vivienda, en el que la cal
desprendida dejó al descubierto parduzcos manchurrones.
Completan su aspecto exterior hileras de ramas, verde intenso
de yedra y verde claro de enredaderas, que se descuelgan desde
lo alto del tapial; y las frondosas copas de los árboles
que se alzan por encima y se yerguen airosamente en busca del
cielo. El carmen, por lo común asentado en la falda de
una colina, es oculto y delicioso mirador que brinda a su dueño
hermosos paisajes y sorprendentes panoramas.
El carmen tiene algo de jardín y algo de huerto. Un carmen
no es únicamente huerto, ni únicamente jardín.
En el carmen las flores se entrelazan con las hortalizas en entrañable
maridaje. Los árboles que lo adornan no desempeñan
una función exclusivamente ornamental. Decoran, dan sombra
y frescura; y al mismo tiempo, producen óptimo fruto. En
carmen se aspira el penetrante perfume de las azucenas, de las
rosas, los jazmines, los claveles, los nardos, los alhelíes,
la madreselva, el galán de noche; y al mismo tiempo, se
recogen granadas y acelgas, albaricoques y lechugas, ciruelas
y habas, melocotones y espinacas, peras y cardos, manzanas y fresas,
cuya cosecha suele dar abasto para el consumo de una familia.
Por lo general, el carmen no es finca de lujo, sino pequeña
finquita utilitaria. Un minimísimo minifundio.
Hay menestral que vive con lo que le da su carmen; porque, además
casi todos los cármenes son propios de menesteres y artesanos.
Los cármenes situados en los barrios altos de Granada
están dispuestos en paratas, ofrecen una línea movida
y dan lugar a perspectivas varias. Los emplazados en la parte
baja de la ciudad procuran seguir la norma y se distribuyen en
dos o tres terrazas. Por el suelo de los cármenes discurren
mínimos arroyuelos que, cuando hay desnivel, imitan rugientes
cascadas; pero que, en terreno llano, marchan mansamente con suave
murmullo. Van a morir a una alberca, espejo donde se miran las
plantas; o brincan por los saltadores de las fuentes, compitiendo
con el melódico trino de las aves que pueblan el carmen,
Estas avecillas son los polizones del carmen. Anidan en sus árboles
clandestinamente, sin licencia del dueño; pero le pagan
el hospedaje anunciándole la mañana con su alegre
piar. El ruiseñor es el rey de estos huéspedes furtivos
Y anima con su cantarino gorjeo la placidez del lugar.
Una muñeca de agua, varios arbolitos, algunos arbustos
y muchas plantas que den flores y frutos forman los elementos
constitutivos del carmen. Normalmente el carmen ocupa un pequeño
espacio de terreno; pero hay cármenes con razonables superficies
y algunos, muy pocos, de amplia extensión. Cármenes
de tercera, de segunda y de primera clase, como en todos los aspectos
de la vida. Estos últimos se adornan con cuadros de arrayán,
están atravesados por paseos y ostentan fuentes en sus
glorietas. El carmen humilde se contenta con un parral, una higuera,
varios rosales, media docena de bancales con hortalizas y flores
y un pilarico con su chorro de agua, porque en el carmen no se
puede prescindir de su ensoñadora cantinela.
CELEBRIDAD DEL CARMEN
Diversas circunstancias han contribuido a que muchos cármenes
alcanzasen notoria celebridad. Unas veces se la han dado los restos
arqueológicos que yacen bajo sus jardines, los monumentos
arquitectónicos que en ellos se conservan o las obras de
arte con que sus propietarios realzaron las naturales bellezas
de la finca. Otras, los hechos históricos que evocan, las
pintorescas tradiciones que se les atribuyen o el recuerdo de
que fueron morada de ilustres artistas y literatos.
Dentro del recinto del moderno Albayzín, en la placeta
de las Minas, el carmen del mismo nombre se asienta sobre el adarve
zirí de la Alcazaba Vieja y algunos torreones y el paño
de muralla que los enlaza constituyen ventana abierta Sobre el
paisaje de San Cristóbal. En el callejón contiguo,
llamado también de las Minas, el carmen de Lopera, ahora
de la Concepción, es famoso a causa de las excavaciones
allí realizadas en la segunda mitad del siglo XVIII, excavaciones
que produjeron gran expectación en toda Europa y provocaron
la intervención de los Tribunales de Justicia que declararon
apócrifos los materiales arqueológicos encontrados
y falsarios a los descubridores.
No muy lejos, el carmen de San Antonio, que tiene su ingreso
por el callejón que discurre a espaldas del convento de
Santa Isabel la Real, encierra la más importante puerta
que daba acceso a la Alcazaba Vieja, Bab al-Unaydar o Puerta de
la Erillla, vulgarmente conocida por Monaita, hermosa construcción
del siglo X y soberbio ejemplar de arquitectura castrense hispanomusulmana.
Cervantes calificó de "carmen de los poetas"
y Góngora lo estimó "monte de musas y jardín
de amores" al que hubo de labrar Soto de Rojas, en la calle
que hoy lleva su nombre, frente a la del Agua, carmen que conocemos
por "Casa de los Mascarones" en razón de los
que decoran la fachada de la vivienda. En el poema barroco Paraíso
cerrado para muchos; jardines abiertos para pocos, su dueño
describió minuciosamente con "delicado artificio de
orfebre en versos limados y sonoros" las fuentes, estatuas,
pinturas, plantas y flores que profusamente lo ornamentaron y
las avecillas que anidaban en sus árboles: "Clarín
plumoso y órgano ligero/ el ruiseñor, el Anfión
con vuelo,/ asido al blanco ramo, sube en su voz y se avecina
al cielo..." Muerto Soto de Rojas, el carmen fue morada del
gran imaginero granadino José de Mora.
Fernández y González inmortalizó en sus
novelas Los Monfíes de las Alpujarras y Martín Gil
al carmen de las Tres Estrellas que tomó nombre de las
tres verdes de esmalte que adornan la clave de su arco de entrada
y que conservaba interesantes restos arquitectónicos y
decorativos moriscos. En el último tercio del pasado siglo
este carmen fue cenáculo literario, donde presididos por
la noble figura de Antonio Joaquín Afán de Ribera,
tenía su tertulia un grupo de escritores y poetas de excepcional
valía que plasmaron en sus obras el ambiente granadino
de la época. Baltasar Martínez Durán dedicó
una de sus bellas composiciones a la descripción del carmen:
"En el viejo Albayzín, en las alturas/ desde donde
en risueño panorama/ grupos se ven de torres que coronan/
su arboleda lejana/ hay un oculto carmen que con-
serva restos, tal vez, de su opulencia arábiga..."
El carmen del Chapiz, que tiene su ingreso por la placeta del
Peso de la Harina, además de sus deleitosos jardines muestra
un palacio morisco del siglo XVI que constituye expresiva síntesis
de la fusión del arte árabe con el renacentista.
Sede actual de la Escuela de Estudios Árabes, la casa consta
de dos edificios distintos, construidos en la misma época
y comunicados entre sí, cada uno de los cuales tiene por
eje un patio con alberca rectangular en su centro. Uno de ellos,
perfectamente conservado, constituye precioso ejemplar de estilo
morisco, en tanto que en el otro domina la tradición arquitectónica
de la casa árabe.
Del carmen de Pascasio, que se asentaba en la falda del cerro
de San Miguel, cerca de Puente Quebrada, sólo queda el
recuerdo. Fue morada del historiador Antolínez quien distribuyó
en sus jardines interesantes restos arqueológicos, adornándolos
con fuentes de mármol, bosquecillos, cascadas, estatuas
y pinturas.
No menos famosos que los del Albayzín son algunos de los
cármenes que se asientan sobre las faldas de la Colina
Roja y del Mauror. En la margen izquierda del Darro, al pie de
las torres de la Alhambra, el de Los Chapiteles fue propio del
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba.
Citado por Casa del Moro Rico en una lámina de Civitatis
orbis terrarum, de su primitiva obra quedan aún capiteles
árabes y góticos y un rico artesonado que cubre
su escalera.
Junto a Torres Bermejas, el Carmen de la Fundación Rodríguez
Acosta, además de ofrecer movida línea arquitectónica
y bellísimos jardines, contiene valiosísimas y admirables
obras de arte. Destinado a residencia de artistas y lugar de exposiciones,
dispone de magnífica biblioteca. Cercano a este carmen,
el de los Catalanes conserva algunas de las mazmorras en que gimieron
los cautivos cristianos durante el reinado de los nazaríes.
Por Corral de los Cautivos, a lo largo del cual se excavaron
las citadas mazmorras, se conoció en el siglo XVI, el terreno
que hoy ocupa el Carmen de los Mártires, uno de los más
hermosos de Granada, tanto por la variedad de los jardines que
lo ornamentan, como por el espléndido panorama que desde
sus terrazas se divisa. Debe su nombre a los cristianos que en
estos lugares sufrieron martirio y en recuerdo de los cuales Isabel
la Católica mandó erigir una ermita. Más
tarde, en 1573 el conde de Tendilla fundó un convento de
Carmelitas Descalzos del que fue prior San Juan de la Cruz. Según
la tradición nuestro insigne místico plantó
un hermoso cedro que aún se conserva en los jardines de
la finca y al que alude en su composición "La noche
oscura”.
En la Antequeruela. el carmen que habitó Manuel de Falla
contiene el museo en que se exponen recuerdos del genial músico;
y al pie de la colina el carmen del Cuarto Real ostenta un magnífico
palacio árabe.
Aún en la parte baja de la ciudad hubo en otros tiempos
cármenes que gozaron de mucha reputación, la mayoría
de los cuales no existe actualmente. En sus Ana/es de Granada,
Henríquez de Jorquera escribe que "sobre la calle
Real (de Cartuja) el de don Sancho de Nebrija, es de grande fama,
obra de Antonio de Nebrija, a quien le debe la Gramática
sus mayores lauros" y recuerda al "carmen de los Peces,
no lejos de San Lázaro, donde los Arzobispos y Presidente
llegan a parar que se les haga el recibimiento". Menciona
"en los barrios de la Duquesa, la casa de Santo Finía,
con su grande y primoroso jardín de la fama" y añade
que "no es menos el del Racionero, sino muy grande y divertido",
Cita también, entre otros, el de Inés Carrillo al
que llamaban MiraRenil, cerca de la Puerta del Pescado.
BREVE ANTOLOÍA DEL CARMEN
Mucho se ha dicho y más se ha escrito sobre los cármenes
granadinos. Hasta se han compuesto obras musicales para las que
sirvieron como motivo de inspiración. y ni que decir tiene
que han sido y siguen siendo tema favorito de pintores y dibujantes.
porque, como antes escribí. el carmen constituye nota distintiva
de Granada. "En muchas exposiciones extranjeras -cuenta Ángel
Ganivet- he encontrado cuadros que me han hecho pensar sin vacilación:
esto es Granada. No porque reconociera el lugar representado por
el artista, pues a veces los artistas descubren rincones ignorados
o ven las cosas desde puntos de observación originales
que las transforman; sino porque en aquellos cuadros, leía
yo de corrido, como en un libro nuevo de un autor de quien yo
conociera todas las obras publicadas y lo que he encontrado con
más frecuencia, son calles estrechas, quebradas,sus casas
de planta baja con parral a la puerta, con enredaderas en las
ventanas, con tiestos en el balcón y entre ellas, tapiales
por los que rebosa la verdura".
Y es que no se concibe un paisaje típicamente granadino
ausente de espacio verde, representado por esos tapiales rebosantes
de verdura a que alude Ganivet, y que, ocultan el rinconcito íntimo
y hogareño que es el carmen del Albayzín o de la
Antequeruela. Ello explica que, cuando por la disposición
urbanística del lugar el espacio verde no parece en el
paisaje, el vecino que vive en la parte vieja de la urbe, en la
parte que aún conserva algo de su antiguo carácter,
inventa el espacio verde, animando la fachada de la casa que habita
con macetas de flores y plantas que entrelazan a través
de las rejas y se agarran con firmeza a la pared.
La relación de los elogios hiperbólicos que los
literatos de Occidente han tributado al carmen sería interminable.
Andrea Navaggiero cuenta que "toda la cuesta donde se asienta
Granada es bellísima, llena de muchas casas y jardines,
todos con sus fuentes, arrayanes y bosquecillos. Todo ello es
vistoso, todo plancentero a maravilla, todo abundante agua, que
no podría ser más; todo tan lleno de frutales que
apenas se puede ver el cielo por la espesura de los árbololes",
Para Pedro Mártir de Anglería, los cármenes
de Granada "compiten con los jardines de las Hespérides";
y Méndez de Silva los estima "ameno y delicioso sitio,
emulación de pensiles babilónicos, bosques de Chipre
y Tempe de Tesalia", Bermúdez de Pedraza los describe
como moradas "de grande recreación, labradas de varias
labores damasquinadas, con patios y huertos hermoseados de estanques
y pilas de agua corriente".
Refiriéndose a los cármens granadinos, Góngora
escribió: “...que el Darro cenefa hacen/ de aguas,
plantas y edificios/ formando un lienzo de Flandes/ do el céfiro
al blanco chopo/ mueve con soplo agradable/ las hojas de argentería/
y las de esmeralda, el sauce”.Collado del Hierro, poeta
culterano, les dedica un capítulo de su poema Granada,
suyos son estos versos:”Coronándole todas sus riberas/
los cármenes se miran celebrados/depósito de eternas
primaveras/ y del acierto del abril formados;/ allí nacen
las áureas linsonjeras,/ allí viven los céfiros
templados,/duerme el verano en plumas de sus flores,/ son la patria
común de ruiseñores”.
En Las aventuras del último abencerraje, Chateaubriand
llama a los cármenes "verdaderos eremitorios de los
placeres, asilo de la cansada vida" y los considera "jardín
eterno, muestra y vestigios, que aún nos quedan, del paraíso,
pocos lugares privile-giados sobre la tierra". Mariano José
Cicilia, que tradujo a nuestra lengua la citada obra lántico
francés, comenta en nota el anterior fragmento afirmando
que "no hay pluma ni pincel que pueda retratar al vivo la
belleza tan variada y tan natural que ofrecen los jardines del
Darro, a los cuales llaman cármenes... Cuando se leen lo
que cuentan de ellos las historias del país se piensa que
son fábulas; mas en llegando a verlos causa admiración
encontrar una realidad superior a todos los colores del paisaje".
En nuestros días Rodolfo Gil, un poeta que vivió
en Granada, se ocupó ampliamente de los cármenes
granadinos que "no son como los huertos que esmaltan y perfuman
la sierra de Córdoba; ni en ellos trazó sus líneas
la monotonía oficial; ni el Arte plantó allí
arbustos y rosales sujetándolos a un plan raquítico
o a un remedo de modelos exóticos. Son estos vergeles verdaderos
incensarios de la Naturaleza, que en su aroma elevan hasta Dios
el testimonio cotidiano de su veneración y reconocimiento...
Ramas y flores nacen y se entrelazan con libérrima independencia
y coquetean en los espejos de las albercas y en las corrientes
de los arroyuelos y perfuman los hogares de la miseria; ya se
esconden en la hondonada del valle, buscando la frescura y el
silencio, ya se recuestan y se deshojan sobre los viejos paredones
del patio; ya, abrazados a las columnas de jaspe, besan las menudas
y finas labores de algún capitel morisco; ya gatean por
las laderas de la Alhambra, verdes y arrogantes, como zegríes
que quisieran ganar la fortaleza; ya se tienden al sol en las
callejuelas tortuosas y en los rincones legendarios del Albayzín".
Este escritor considera los cármenes "exclusivamente
formados para una vida de amor y recogimiento. Su temperatura
tibia y agradable, aún en los días de invierno,
enerva suavemente el cuerpo y adormece el alma. En las ramas enlazadas
y tupidas cantan los ruiseñores sin cesar, el canto de
la ventura; y entre los cortinajes de yedra, yerbaluisa
o jazmines, abren sus cálices las rosas como labios frescos
de los que roban besos apasionados las mariposas errantes. Con
razón los granadinos rinden a sus cármenes un culto
rayano en idolatría. Aquellos nidos de aromas no son más
que para amar y gozar de la vida, lo mismo en la esplendidez fecunda
de la primavera, que en los crepúsculos tristes del otoño,
que en los días soleados del invierno o en las noches poetizadas
del estío".
En sus Impresiones de Arte, Santiago Rusiñol dedica un
extenso capítulo a los cármenes, del que vale la
pena reproducir aquí algunos fragmentos. "¿Qué
son los cármenes de Granada? lo más sencillo sería
decir que son jardines, huertos y cercados de recreo; pero esta
definición, sobre ser cómoda, sería incompleta...
Los cármenes de Granada no son románticos, ni primitivos,
ni modernos. Tienen su carácter heredado de los árabes,
su tradición propia y su propio estilo. Pequeños
y como quien dice ocultándose a si mismos en su espesura,
sin aspecto exterior, cruzados de caminitos de boj, formando imprevistos
recodos, inspiran recogimiento y tienen el encanto oriental del
jardín trazado en la vaga concepción del sueño,
de parque escrito en leyenda, de inscripción morisca cuyas
letras son los árboles y las
levantándose en deliciosa simetría, imitando la
línea de la arquitectura árabe, con sus naves de
estalactitas pendiendo de la verde bóveda, sus troncos
tupidos irguiéndose como columnas y alminares y sus arcos
superpuestos como arcos de mezquita".
"Debajo del frondoso y apiñado follaje, de esos toldos,
en el cruce de los caminos, un filo de agua brota del suelo, cayendo
sobre la taza de mármol y pintándola con toda la
gama verde; a lo largo de los senderos, más arcos de cipreses
abrazándose, formando guirnaldas en perspectiva, cruzándose
como delicada nave, a cada lado, retoños verdes en correcta
fila sobre el boj; en todas partes asomando grupos de flores,
y todo ello formando un conjunto imprevisto y artísticamente
descuidado, un conjunto de poético abandono, de nobleza
caída, de jardín fioridamente melancólico,
en el cual crecen las plantas felices del amor de un pueblo que
las cuida con cariño, no atormentando sus antojos y sus
caprichos de arbusto. y es que el carmen, para los hijos de Granada,
constituye como un culto, y las flores, una necesidad de su alma”.
“En el barrio del Albayzín, no se ve una sola casa
que no tenga su carmen adosado a las paredes. Por pequeño
que el huerto, por oculto que esté y enclavado y rodeado
de edificios, siempre se destina un espacio, ya sea sobre la tapia,
en un rincón de la alberca o en la baranda del pozo, para
poner sus macetas, su emparrado y sus mirtos, que, aparte la prosa
del sitio, son un retazo de poesía. Existe un huertecito
reducido como una alcoba, con un ciprés tan
grande plantado en él, que tan sólo su inmenso tronco
ocupa todo el terreno de aquel parque en miniatura; los hay que
no gozando de espacio para tener sombra propia, sirven sus árboles
para dar sombra a los cármenes vecinos; y otros, que, con
un puñado de tierra, sustenta gabillas de flores y dan
vida a enredaderas que suben a alegrar la casa entera. En las
orillas del Darro, los cármenes ensanchan sus dimensiones;
en el monte de la Alhambra, son ya verdaderos parques, perdiendo
en poesía lo que ganan en extensión, y en todas
partes, en todas las mesetas ya lo ancho de la llanura, sus grandes
masas de follaje, sus árboles asomando por encima de los
cercados o perdiéndose a lo lejos la vega dan ese aspecto
de especial hermosura a esta Granada y la convierten en una de
las ciudades más risueñas y pintorescas de la tierra,
ya que ellos son, con su paisaje entrándose por las casas,
los que dan vida y carácter y traen en su perfume esa nota
de alegre melancolía que disfruta este pueblo venturoso".
García Sanchiz, en El viaje a España escribe: "Carmen
es una quinta con un jardín. Poco más o menos con
estas palabras se define en los lexicones, y debe convenirse en
que lo mismo se diría de cualquier casa de campo destinada
al recreo de sus dueños, de las innumerables villas dispersas
por el mundo. Pero los cármenes son únicos. Por
de pronto permanecen abandonados lo más del año,
como los hotelitos veraniegos, sino que constituyen familiares,
hogareñas viviendas. Heredaron del moro la clausura, con
que, en lugar de verjas, emplean tapias que los esconden. En su
flora evitan el alarde o el conato botánico, gozándose,
no en la exhibición de araucarias y arriates de almohada;
en la cultura vernácula, con sus tiestos y sus parrales,
con su arboleda sustanciosa. Los pájaros, el agua y el
sol tienen allí sus dominios. Los hay humildes y magníficos.
El del pintor José Rodríguez Acosta y el de Los
Mártires rivalizan con históricas fincas italianas...
Un ermitaño, un gitano y un árabe encontrarían
su ideal morada en un carmen granadino suma: tales recintos congregan
los atributos de Granada, como se recogen en una cesta las naranjas
y los claveles de los mismos cármenes".
Ramón Pérez de Ayala ha escrito: "¿Quién
no ha visto los cármenes de Granada? El carmen es un jardín
cerrado, un gigante escalonado en terrazas, como los de Babilonia.
En cada jardín hay una vivienda. Un carmen está
en clausura; tiene de convento y de harem. Son a veces muy humildes,
como celda y huerto de cartujo. Pero en ellos se compendian la
paz, el amor y la belleza; y en su quietud, acaso la inquietud".
DE LA PALABRA CARMEN
¿Cuál es la etimología de la palabra carmen?
La mayor parte de quienes se han preocupado por descubrirla le
asignan origen árabe, considerándola versión
castellana de la voz karm. Este vocablo, en su más amplia
acepción significa viña; pero en árabe granadino
se aplicó para designar una finca rústica de peculiares
características, enclavada siempre extramuros de la ciudad
y nunca dentro del casco urbano de la misma. Tal finca rústica
era muy parecida a las actuales caserías granadinas: finca
de recreo y al mismo tiempo utilitaria. Como estas últimas
constaba de vivienda campestre con jardín y huerto; jardín
adornado con fuentecillas y estanques, embalsamado por rosas,
arrayanes, jazmines y otras romáticas y sombreado por corpulentos
frutales; huerto con plantaciones diversas de legumbres y hortalizas
y en el que, al menos en el principio, debió predominar
el cultivo de la vid que daría su nombre a la finca.
El carácter de finca rústica que, en sus comienzos,
tuvo el carmen lo acreditan tanto los escritores árabes,
como castellanos de los siglos XVI y XVII. El célebre polígrafo
Abenaljalib que vivió la Granada musulmana del XIV, al
describir los contornos de la ciudad, nos informa en su lamhat
al-Badriyya de que, extramuros, no se veía un lugar libre
porque todo estaba ocupado por "al-yinan, wa-I-ku-rüm,
wa-I-basotin", esto es por huertas, cármenes y jardines.
En la Ihota, acaso la más importante de sus obras, refiriéndose
a un personaje granadino, nos cuenta que éste recibía
lecciones de cierto maestro, el cual, durante la época
de vendimia, trasladaba su residencia a un karm propio situado
en la vega y allí impartía sus enseñanzas.
En ninguna obra árabe hispánica, ni en más
de doscientas escrituras notariales arabigogranadinas que llevo
leídas, he encontrado nunca la palabra korm aplicada a
un jardín-huerto anejo a 'la vivienda sita en el interior
de la ciudad. Siempre se la usa para designar a una finca enclavada
en la vega o en las colinas que rodean a Granada.
La información que acerca del carácter de finca
rústica que tuvo el karm entre los musulmanes granadinos
nos da Abenaljatib, la corrobora, entre otros escritores castellanos,
Luis del Mármol quien en su Historia del rebelión
y castigo de los moriscos, obra escrita a fines del siglo XVI,
aunque no publicada hasta el año 1.600, se refiere también
a los cármenes con fincas rústicas: "Las salidas
de la ciudad hacia la parte de la vega -escribe- son llanas y
muy deleitosas de arboleda; y las que responden a la parte de
la sierra no son menos recreaciones. Se sale por ellas entre cármenes
y huertas de mucha frescura, especialmente saliendo por la puerta
del Albayzín que llaman Fex el Leuz (Fajalauza), donde
están los cármenes de Aynadamar". Medio siglo
después, el analista Henríquez de Jorquera alude
aún a los cármenes como fincas rústicas:
"Y comenzando desde la parte oriental del Dauro se juzga,
desde sus cumbres, un hermosísimo país de cármenes,
casas de recreación y molinos entre diversas arboledas,
hasta Jesús del Valle... y volviendo al Norte por la salida
de Fajalauza es menos poblado de cármenes y jardines la
famosa Ynadamar... y bajando a lo llano, por los cármenes
del Veiro..:'. Es precisamente Jorquera quien cita al carmen aplicando
su denominación tanto a finca urbana situada intramuros
de Granada, como a finca rústica enclavada en sus alrededores:
"Será bueno describir las casas recreación
y cármenes más nombrados de dentro y fuera de la
ciudad".
Creo que la semejanza del karm árabe que hermoseaba los
contornos de la capital nazarí con esas finquitas, mitad
de recreo, mitad utilitaria, vivienda, jardín y huerto,
de que está salpicados el Albayzín y la Antequeruela,
finquitas que, al menos a partir de la mitad del siglo XVII, denominamos
carmen versión castellana de aquel término árabe,
justifica la razón del nombre castellano. Andrea Navaggiero
explica como fue el karm árabe, precioso ornato de los
alrededores de la ciudad: "Por todas partes en torno a Granada,
entre los muchos jardines que hay, así en la llanura como
en los cerros, se encuentran, aunque no se vean por causa de los
árboles, tantas casitas de moros esparcidas acá
y al si se pudieran juntar cmpondrían otra ciudad no menor
que Granada. y aunque, es verdad, las más son pequeñas,
tienen todas ellas sus aguas, sus fuentecillas, sus rosales, mosquetas
y mirtos y toda gentileza".