La Casa de Ágreda, ubicada en la Cuesta de Santa Inés, junto a la Carrera del Darro, es una de las más notables casas palaciales construidas en Granada en el siglo XVI. Fue mandada a construir por Don Diego de Vera Ágreda y Vargas, caballero de la Orden de Santiago y Veinticuatro de Granada, cargo al que renunció en 1608, al ser nombrado Corregidor de las ciudades de Málaga y Vélez.

A finales del siglo XIX, se fundó en la Casa de Ágreda, por D. Maximiliano Fernández del Rincón, canónigo lectoral de la Catedral de Granada y luego Obispo de Teruel, el Convento-Colegio de la Presentación de Nuestra Señora, para enseñanza de niñas. Posteriormente, la casa fue adquirida y restaurada por el Ayuntamiento en 1940, instalando en ella el Orfelinato o Escuela Hogar de la Divina Infantita, regido por religiosas de esta congregación.

Actualmente, la casa se encuentra sin uso.

En el interior de la Casa, en el zaguán, destaca la presencia de un altar conmemorativo que señala el banco de piedra donde, según la tradición, solía descansar San Juan de Dios. Unos versos refieren al hecho:

“Este poyo, muchas veces al Santo sirvió de cama que el que nace para humilde sobre las piedras descansa. Caridad, benevolencia, rectitud, justicia y gracia, dijo Juan de Dios que nunca faltaría en esta casa. En aqueste mismo sitio el Santo pintó una espada, dando a entender que defiende al que con celo lo llama. Aquí y por todo el orbe ¡Oh Juan! Tu virtud se ensalza. Oye propicio esta obra, pues tanto a los pobres amas”.

La escala monumental de su fachada manierista y el sentido imponente de los elementos arquitectónicos y ornamentales, contrasta con la estrechez del marco urbano en que se inserta. La portada posee dos cuerpos. En el primero, gruesas medias columnas toscanas pareadas, de piedra almendrada, flanquean el arco de entrada y sostienen un friso de mármol blanco decorado con cruces de Santiago en rojo, motivo repetido a lo largo de la portada en alusión a la pertenencia de su propietario a la Orden. En el segundo cuerpo, separado del primero por un entablamento, se abre un balcón central con pilastras adosadas con mútilos y rematado por un frontón roto por el escudo cuartelado de los Ágreda, coronado por un gran yelmo. Cuatro pirámides de tradición escurialense, se disponen en los laterales inferiores del balcón en eje con las columnas del primer cuerpo y, sobre ellas, dos nuevos escudos, que son individualizaciones de dos de los cuarteles del escudo principal del balcón. Bajo todos ellos aparecen cruces de Santiago.