La casa de las Chirimías fue construida a principios del siglo XVII por orden del cabildo de la ciudad. La construcción de esta edificación se debe a una misión muy concreta, la de actuar como espacio mirador desde donde las autoridades de la ciudad presidían las fiestas y eventos públicos, celebrados por entonces en la explanada que era el paseo de los Tristes y que actuaba como espacio de celebración y recreo de la población granadina.

Su nombre se debe a que para amenizar los festejos se situaban en la planta alta de la casa un grupo de músicos, y entre los instrumentos utilizados destacaban el uso de las chirimías (instrumento musical de viento parecido al oboe). La casa es de planta cuadrada y de dimensiones muy reducidas, ocupada en su mayoría por una caja de escaleras para permitir la comunicación entre sus tres plantas.

A comienzos del siglo XVII, el Ayuntamiento transformó la ribera del Darro situada a los pies de la Alhambra en uno de los principales lugares de recreo de la ciudad, creando una explanada destinada a fiestas populares. Dentro del proyecto de ordenación de este espacio de la ciudad barroca, se inserta esta construcción edilicia, una torre-mirador originariamente exenta, destinada a albergar al Cabildo en las celebraciones: corregidor y alguaciles en el piso bajo, y alcaldes y caballeros veinticuatro en el primero. El superior lo ocupaban los músicos que amenizaban con chirimías y trompetas los juegos de cañas y toros. En el frente del paseo se observa el escudo de la ciudad entre relieves de granadas.

A lo largo del siglo XVI, la zona de la ribera del Darro situada a los pies de la colina de la Alhambra se convierte en uno de los principales sitios de recreo de la nueva ciudad castellana. Sin embargo, la definitiva consolidación de la función urbana de este espacio no se produce hasta los inicios de la Granada barroca, cuando, en 1609, y con cargo a las rentas y propios de la ciudad, se lleva a cabo obras de urbanización en los terrenos cedidos por los señores de Castril, transformándose el lugar en un paseo, cuya amplia explanada se destina a la celebración de fiestas populares. En referencia a las obras promovidas por el Cabildo, se colocó la siguiente inscripción en la fuente central del nuevo paseo, conocido por aquel entonces como Paseo de la Puerta de Guadix Baja:

«Granada mando hacer esta obra siendo corregidor en ella Monse Rubí de Bracamonte Dávila, señor de las villas de la Fuente el Sol y Cespedosa, comendador de Villarubia y alcaide de la fortaleça de Calatrava del consejo de su magestad».

Dentro del proyecto de ordenación de este espacio de la ciudad barroca, se inserta la construcción de la Casa de las Chirimías, arquitectura edilicia consistente en una torre-mirador hecha con fábrica de ladrillo, planta cuadrada y originariamente exenta en sus cuatro frentes. Con posterioridad, se le adosó una edificación medianera por el frente inferior que miraba hacia la Carrera del Darro.

La Casa de las Chirimías se construyó con el fin de albergar los días de fiesta al Cabildo de la Ciudad, que presidía y contemplaba desde sus ventanas y balcones los diversos festejos y celebraciones organizados en el paseo. Con tal objeto, su alzado de tres pisos se abre al exterior mediante dos vanos en cada uno de sus frentes: ventanas de arco rebajado en el piso bajo, donde se instalaban los aguaciles y ministriles; balcones adintelados en el primero, para uso del corregidor, alcaldes y caballeros veinticuatro; y balcones de arco de medio punto en el segundo, ocupado por los músicos que amenizaban con trompetas y chirimías los juegos de cañas y toros. De este instrumento musical procede el nombre del edificio.

En el frente del piso superior que mira al paseo se colocó entre las enjutas de los arcos, y como construcción promovida por el Cabildo, el escudo de la ciudad, flanqueado en las esquinas por relieves de granadas. En el resto de frentes aparece decoración de cerámicas circulares. Por su parte, el sencillo interior se articula en torno a la caja de escalera.

En el siglo XVIII, la Casa de las Chirimías ya había perdido su primitiva función edilicia. Un catastro municipal de esta época, cuyo texto reproduce parcialmente Francisco de Paula Valladar en un breve artículo publicado en la revista La Alhambra en 1923, documenta las ganancias que su alquiler producía a la ciudad: «San Pedro. Otra casa que llaman de las Chirimías en lo alto de la Carrera del Darro… quarto baxo y dos altos, seis varas en cuadro; linda por la parte de arriba con la bajada a la Armona del Jabón y por la de abajo con un cochera del Colegio de San Pablo. Gana al año 144 reales». Finalmente, la edificación fue vendida, habitándose como casa de vecinos.

En la década de 1980 el Ayuntamiento de Granada volvió a adquirir el inmueble y acometió su rehabilitación, la cual estuvo a cargo de los arquitectos Ignacio Garate Rojas y Javier Gallego Roca, que  recuperaron su composición original, profundamente alterada por  intervenciones que habían supuesto el cierre de la mayor parte de sus vanos y la apertura, en su lugar, de otros más pequeños con el objeto de conceder mayor privacidad a la vivienda particular instalada en él.

Tras ser sede de la Asociación Granada Histórica y Cultural, en 2009 el Ayuntamiento de Granada encomendó su gestión a su Agencia Publica Albaicín-Granada, encargada desde entonces de su mantenimiento y conservación. Pese a los numerosos intentos por parte del Ayuntamiento por buscarle un uso cultural  permanente a la casa, éste nunca termina de cuajar ya que la minúscula arquitectura de la casa no permite un sus distinto para el que se construyó: ser una tribuna mirador para la contemplación de los festejos que allí se realizaran. Es por ello que las actividades culturales que se han venido realizando en los últimos tiempo para poner en valor la casa  han sido, precisamente, representaciones teatrales recreado o fomentado su antiguo uso como mirador.