La construcción se enclava al fondo de un adarve, un elemento urbano que refleja la concepción privativa que adquiere el espacio de la calle en la ciudad hispanomusulmana, reducido con frecuencia a vía de acceso a las viviendas. Además de los mascarones o rostros que dan nombre al edificio, destaca la presencia de elementos característicos de la tradición islámica, como el voladizo sobre la puerta de ingreso y el ajimez lateral. El primero permitía aumentar la superficie de habitación, mientras que el segundo preservaba la costumbre islámica de impedir la visión del interior de las casas. En el siglo XVII, la casa fue habitada por el poeta Pedro Soto de Rojas y el escultor José de Mora.