Casa señorial construida en el siglo XVI por Dª Leonor Manrique, aunque posteriormente fue habitada por el Almirante de Aragón, de ahí el nombre de la casa. En la fachada, cuya verticalidad recuerda la tipología de la torre urbana, destaca su portada manierista compuesta por columnas jónicas estriadas sobre pedestales que sostienen un entablamento coronado por pináculos. El patio, peristilado en sus cuatro frentes, se estructura con columnas corintias y toscanas de mármol blanco. Destacan, por su valor, los alfarjes que cubren el zaguán, las galerías del patio y el salón del primer piso.

Casa señorial construida en el siglo XVI por Dª Leonor Manrique, aunque posteriormente fue habitada por el Almirante de Aragón, cuyo nombre conserva. En la fachada, cuya verticalidad recuerda la tipología de la torre urbana, destaca su portada manierista compuesta por columnas jónicas estriadas sobre pedestales que sostienen un entablamento coronado por pináculos. El patio, peristilado en sus cuatro frentes, se estructura con columnas corintias y toscanas de mármol blanco. Destacan por su valor los alfarjes que cubren el zaguán, las galerías del patio y el salón del primer piso.

Descripción ampliada: Casa señorial construida en el primer tercio del siglo XVI por Doña Leonor Manrique, perteneciente, como muestra su escudo heráldico, al mismo linaje que Doña María Manrique, Duquesa de Sesa y esposa del Gran Capitán, de la que quizás fuera hermana. Según se lee en una inscripción gótica fechada en 1525 y que se conserva en el friso del artesonado de la capilla funeraria perteneciente al matrimonio, ubicada en la adyacente iglesia de San José, Doña Leonor fue viuda de Don Pedro Carrillo de Montemayor, uno de los primeros regidores del Cabildo de la Ciudad, fallecido antes de 1505.

El casamiento de Doña Elvira Carrillo, hija de Don Pedro y Doña Leonor, con el General Don Bernardino de Mendoza, hace que la historia del edificio entronque con uno de los linajes más importantes asentados en Granada, cuyo escudo es visible sobre la portada de la sala principal. A otro descendiente de la familia, Don Francisco de Mendoza, Marqués de Priego y Almirante de Aragón, debe finalmente la casa su nombre.

La fachada de la Casa del Amirante, cuya verticalidad recuerda la tipología de la torre urbana medieval, se compone de bajo y tres pisos. En ella, la portada adintelada es de estilo manierista, compuesta por columnas jónicas estriadas sobre pedestales, que sostienen un entablamento coronado por pináculos de tradición escurialense. Se completa esta portada con una buena puerta de clavos.

El resto de la fachada es muy sencilla, sin elementos decorativos, presentando una composición de vanos ordenada y que va aumentando su número en cada uno de los pisos superiores: una gran ventana enrejada, justo encima de la portada, en el primer piso; dos pequeñas ventanas en el segundo; y tres ventanas de arco de medio punto, a manera de galería, en el tercero. En este último cuerpo, en los laterales se sitúan elementos decorativos circulares de cerámica.

En eje con el amplio zaguán de entrada, de empedrado granadino y cubierto con alfarje decorado con dentículos, se sitúa el patio rectangular, peristilado y adintelado en sus cuatro frentes y con pozo central. Las columnas, de mármol blanco, son corintias de acanto poco resaltado, a excepción de las dos centrales del lado sur, que son toscanas. En las esquinas se conservan asnados del tipo de proa de barco y de acanto con terminación en cabeza de animal y sin ella.

Una escalera de dos tramos, muy transformada, asciende a las galerías superiores, que fueron cerradas a finales del siglo XIX, coincidiendo con las obras de reconstrucción y ampliación que fueron acometidas en el edificio tras el terremoto que sufrió Granada en 1884, y que afectó parcialmente al edificio.

Pero el elemento de mayor interés de la casa lo constituyen los alfarjes que cubren, además del zaguán, los pórticos del patio -donde destaca el del lado sur, de dobles canes con decoración de cuatro lóbulos con rollo y de proa de barco- y algunas de las estancias. El más interesante es el de la sala principal del primer piso, con grandes vigas en cuya tablazón se forman casetones hexagonales y triangulares con decoración de rosetas en su interior.

En 1874, el arzobispo Don Bienvenido Monzón fundó en la Casa del Almirante de Aragón, con el legado de Don Manuel Catalá de Valeriola, el Hogar de San José, orfelinato cuyo nombre aún aparece en el dintel de la puerta de entrada. Esta fundación fue sucesora de otra que, ya con anterioridad, en 1612, se había establecido en la misma casa por autorización del arzobispo Fray Pedro González de Mendoza, y que fue regentada por monjas capuchinas

El Hogar de San José, dedicado inicialmente para niño huérfanos de artesanos, sostenido por una asociación presidida por el Arzobispado y a cargo de las Hijas de la Caridad, fue ampliado por decisión del arzobispo Don José Moreno Mazón en 1886 para acoger también a las niñas del Asilo de la Asunción, fundación originariamente instalada en la Casa de los Toribios. La decisión fue adoptada tras las obras de reconstrucción que se hizo del inmueble tras el mencionado terremoto de 1884.

El Hogar de San José permaneció en la Casa del Almirante hasta 1995, año en que se trasladó a La Zubia a causa de la firma de un convenio entre el Arzobispado y el Ayuntamiento de Granada para la cesión a la ciudad de esta propiedad eclesiástica. No obstante, la operación de cesión no se formalizó definitivamente hasta finales de 2000, quedando el inmueble durante este período de tiempo en estado de abandono, y siendo incluso en varias ocasiones objeto de expolios.

En mayo de 2000, la Universidad y el Ayuntamiento firmaron otro convenio que establecía la ubicación en esta casa de la nueva Escuela de Restauración de la Universidad de Granada. Para ello, se ha emprendido durante el año 2001 las obras de rehabilitación del inmueble dentro del Proyecto Piloto Urbano de Revitalización del Centro Histórico del Albaicín, proyecto cofinanciado con fondos estructurales de la Comunidad Europea y del Ayuntamiento de Granada y gestionado por la Fundación Patrimonio del Albaicín-Granada.

La rehabilitación, obra de los arquitectos Jorge Suso y Rafael Camino, ha sido precedida por una excavación arqueológica. En la intervención se ha tratado de recuperar la estructura original de la casa señorial, dando mayor protagonismo a los elementos conservados del siglo XVI que a los pertenecientes a las obras realizadas tras el terremoto de 1884. Así, se ha derribado y sustituido por una nueva edificación el edificio anexo situado entre la casa y la iglesia de San José, perteneciente a las obras de ampliación de finales del siglo XIX. También ha sido derribado el cobertizo que, perteneciente a este mismo período, unía este cuerpo de construcción con la iglesia a través del coro de la misma. En cambio, sí se ha conservado un segundo cobertizo, coetáneo del anterior, y que une la Casa del Almirante con otro de los edificios colindantes, que albergó, hasta el cierre del Hogar de San José en 1995, el colegio de las Hijas de la Caridad.

El cobertizo derribado debió sustituir a otro anterior, construido gracias al privilegio que poseían los habitantes de la casa para acceder desde ella a la iglesia y que, según una leyenda, a la que hace referencia Francisco de Paula Valladar, fue escenario de algún episodio dramático ligado a las relaciones amorosas de una hija del Almirante de Aragón. Éste, en agradecimiento por la salvación de la vida de su hija, costeó la reforma de la capilla mayor o la construcción de una nueva capilla en la iglesia de San José, quizás la situada al final de la nave, ya que sobre ella pisaba la tribuna que comunicaba con el cobertizo.

Tras su rehabilitación, la Casa del Almirante de Aragón ha de acoger, en una superficie útil de 1.500 metros cuadrados, las aulas teóricas y prácticas de las distintas especialidades de la Escuela de Restauración, además de zonas de administración, espacios comunes, laboratorios y almacenes.

Bibliografía:

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Autores del texto: Ángel Isac Martínez de Carvajal, José Policarpo Cruz Cabrera y Ricardo Anguita Cantero (Profesores del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada)