Ejemplo característico de iglesia mudéjar granadina, una sola nave con capillas laterales y capilla mayor cubiertas con armaduras de diverso tipo. Destaca especialmente por su ubicación en los límites del barrio del Albaicín, donde era una de las parroquias más populares dada su condición de frontera con la ciudad nueva y sus áreas rurales. Asimismo, sobresalen la portada clasicista trazada por Sebastián de Alcántara, cercana a los diseños arquitectónicos de Diego de Siloé, y la suntuosa decoración del retablo barroco de su capilla mayor, en el que destaca el conjunto escultórico del artista granadino José Risueño.