Ejemplo característico de iglesia mudéjar granadina, de una sola nave con capillas laterales y capilla mayor cubiertas con armaduras de diverso tipo. Destaca especialmente por su ubicación en los límites del barrio del Albaicín, donde era una de las parroquias más populares dada su condición de frontera con la ciudad nueva y sus áreas rurales. Asimismo, sobresalen la portada clasicista trazada por Sebastián de Alcántara, cercana a los diseños arquitectónicos de Diego de Siloé, y la suntuosa decoración del retablo barroco de su capilla mayor, en el que destaca el conjunto escultórico del artista granadino José Risueño.

En 1998 el Arzobispado de Granada cedió la administración de la parroquia al Opus Dei, lo que explica el alarde económico de su pulcritud extrema o el lienzo de la segunda nave del lado de la Epístola, de Armando Pareja Tello (2000) representando la visita de José María Escrivá de Balaguer al santuario de las Angustias en 1945.

En ella fue bautizado el 19 de marzo de 1601 Alonso Cano, uno de los artistas españoles más polifacéticos de todos los tiempos y, sin duda, el más completo de los artífices de nuestro Siglo de Oro, heredero de los ideales renacentistas de artista global, dominador de las tres Artes Mayores (pintura, escultura y arquitectura)

Esta iglesia forma parte del plan de parroquiales establecido en Granada por el cardenal don Pedro González de Mendoza en el año 1501 y que supuso la realización de un amplio y complejo programa de cristianización de la estructura urbana basado en la instauración de veintitrés parroquias. En este caso, la nueva parroquia, una de las más pobladas de Granada en época moderna, se estableció extramuros del recinto de la ciudad musulmana, concretamente junto a la cerca inferior del arrabal del Albaicín. Próxima a ella se habían levantado la mezquita de Rabadasif y el aljibe de igual nombre.

Edificada, según Manuel Gómez Moreno, por el albañil Cristóbal de Barreda a mediados del siglo XVI, concretamente entre 1553 y 1559, responde en su construcción al modelo de iglesia mudéjar más extendido según la clasificación tipológica establecida por Gómez-Moreno Calera. Así, su esquema de una sola nave rectangular y capilla mayor diferenciada mediante un arco toral, se halla también presente en las iglesias de San Bartolomé y Santa Ana, si bien tanto San Ildefonso como esta última presentan además capillas laterales que se abren a la nave.

En la fachada, de fábrica de ladrillo, destaca su portada clasicista hecha en piedra, siguiendo trazas siloescas, por Juan de Alcántara entre 1554 y 1555. De dos cuerpos, el primero consiste en un arco de medio punto sostenido por pilastras con impostas y con moldura en la clave. Se flanquea por dos columnas corintias sobre pedestales y en las jambas se sitúan sendos escudos del arzobispo Don Pedro Guerrero. Sobre el entablamento que corona este primer cuerpo, el segundo abre una hornacina semicircular sobre pilastras con impostas y enmarcada por columnas que sustentan una pequeña cornisa. La hornacina, a cuyo alrededor se dispone una decoración de bichas, alberga un relieve de la Imposición de la casulla a San Ildefonso, obra, según Gómez Moreno, de Diego de Aranda.

La composición central de la fachada se completa con dos óculos abiertos a la altura de los laterales de la hornacina y, sobre ella, en eje con la portada, una ventana abocinada de arco rebajado. El conjunto se remata por un alero de modillones de amplio vuelo. Además, debe señalarse que la fachada se enmarca por dos estribos que superan la altura de la portada y que delimitan delante de ella un espacio que, en la actualidad, se cierra mediante una sencilla reja, aunque en el pasado, según comenta Gallego Burín, existió un amplio atrio pavimentado con piedra y sombreado por grandes álamos.

A la izquierda de la portada se levanta la esbelta torre-campanario, también de fábrica de ladrillo y compuesta de tres cuerpos separados por cornisas. El primero tiene cinco pisos con pequeño vano adintelado en el primero y ventanas de arco rebajado en el resto. De éstas, sólo la del último piso se eleva por encima del alero de la fachada. El segundo cuerpo de la torre consiste en un único piso de vano adintelado, mientras que el tercero lo forma asimismo un único piso, de mayor altura que el resto, que alberga el campanario y compuesto por vanos de medio punto, que se doblan en los frentes laterales. Se corona la torre con un tejado de cuatro aguas. En su sobria construcción, destaca la decoración de albanegas presente en los arcos.

En el interior, su nave se cubre con bella armadura rectangular atirantada de lima moamares, con el almizate apeinazado con lazo de ocho y piñas de mocárabes. A los pies de la nave se sitúa el coro con cierre de balaustrada, decorado con dos grandes lienzos de la Inmaculada y el Nacimiento, ambos procedentes de la Catedral y regalados, según Gómez Moreno, por Alonso Cano cuando éstos fueron retirados de su capilla mayor y se colocó en su sustitución la serie que el artista granadino dedicó a la Vida de la Virgen.

A la nave se abren cinco capillas laterales a cada lado, accediéndose a ellas a través de arcos de medio punto que descansan sobre anchos pilares recorridos por líneas de molduras a la altura de las impostas y adornados con espejos de decoración barroca. Entre las obras que decoran estas capillas sobresale un retablo de dos cuerpos, de orden jónico y corintio, hecho entre 1603 y 1605 por Miguel Cano, padre de Alonso Cano, siguiendo trazas de Ambrosio de Vico. La importancia de este retablo, como señala Gómez-Moreno Calera, radica en el hecho de que es el único conservado de los ejecutados a principios del siglo XVII para las parroquias granadinas, ya que los demás desaparecieron cuando fueron sustituidos en el siglo XVIII por otros más suntuosos.

En este caso, su pervivencia se debe al hecho de que, aunque originariamente fuera realizado para adornar la capilla mayor, cuando se procedió a reemplazarlo por otro más moderno se adoptó la decisión de trasladarlo a una de las capillas laterales, debiéndose en aquel momento recortar su altura para poder acoplarlo en ella. Posee tablas de Juan García Corrales relativas a la Crucifixión y pasajes de la vida de San Ildefonso, mientras que la escultura que ocupaba el encasamiento central, una representación de la imposición de la casulla a San Ildefonso obra de Bernabé de Gaviria, fue vendida en el siglo XX a un particular. En su lugar, se halla una Virgen con el Niño de principios del XVII.

Entre las obras que decoran las capillas también debe destacarse la talla de Nuestra Señora de las Mercedes, obra realizada por Diego de Mora en 1726 y que primitivamente se hallaba en el coro del colindante Convento de la Merced Calzada, de la que la imagen era titular.

Por su parte, la capilla mayor se cubre con una magnífica armadura ochavada de diecisiete paños sobre pechinas de lazo con piñas de mocárabes. Su carpintería, al igual que la de la nave, fue obra, según Gómez Moreno, del maestro Marín de Escobar, aunque fue terminada a su muerte por Francisco Izquierdo y Juan Vílchez.

El hecho de que la iglesia se hallara extramuros conllevó que algunas de sus capillas no fueran vendidas hasta bastante tiempo después de finalizarse sus obras, hecho que contrasta con la fuerte demanda existente de éstas en otros puntos más céntrico de la ciudad. Así, Gómez-Moreno Calera, ha documentado que la venta de la capilla adosada a la izquierda de la capilla mayor no se produjo hasta 1620, año en que fue comprada por la Cofradía de Nuestra Señora de la Paz.

El retablo mayor, restaurado recientemente, es obra barroca de notable factura hecha por Blas Moreno a principios del siglo XVIII y que sustituyó al realizado por Miguel Cano. Destaca en su decoración escultórica el conjunto de tallas hechas por José de Risueño, que, sin duda, conforman la serie más destacada de su producción artística no sólo por su número, sino también por su exuberancia decorativa. Entres estas tallas se encuentran una composición de la Virgen y San Ildefonso con varios ángeles y un San José y un San Antonio Abad. Además, destacan de este retablo las dos tallas dispuestas en su basamento de San Bartolomé y del santo titular del templo, esta última del estilo de Bernabé Gaviria según Gallego Burín.

En esta parroquia fue bautizado Alonso Cano el 19 de marzo de 1601 y, pocos años después, el 1 de agosto de 1610, el también artista barroco granadino y condiscípulo de Murillo, Pedro de Moya.

Autores del texto: Ricardo Anguita Cantero; José Policarpo Cruz Cabrera

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