La iglesia de Santa Ana, levantada a partir de 1537 sobre la antigua mezquita Almanzora, es uno de los más destacados templos del mudéjar granadino. Este valor modélico se debe a múltiples factores: los elementos técnicos, como el ladrillo y las excelentes armaduras de madera; la regularización de su planta, de una sola nave, con capillas entre contrafuertes y presbiterio de gran desarrollo; la riqueza de su patrimonio artístico; y, en suma, el impacto visual y urbano de su exterior, gracias a una de las más bellas torres mudéjares de la ciudad y la portada renacentista trazada por Sebastián de Alcántara, discípulo de Diego de Siloé, que refleja la preeminencia de la iglesia institucional sobre un espacio de culto concebido para el adoctrinamiento de los moriscos.