Constituye una de las fundaciones religiosas más marcada por su vinculación con la cultura islámica. Junto a la conservación en su atrio o compás de gran parte del sahn o patio de abluciones de la mezquita mayor del Albaicín, hecho este excepcional, hay que destacar su constitución  como colegiata por Bula papal de 1527 para favorecer la educación de los moriscos (todavía sobre la antigua mezquita) y, finalmente, su construcción a finales del siglo XVI, de forma mucho más sencilla de lo proyectado, al producirse la rebelión de los moriscos y el consiguiente empobrecimiento de dicha fundación.

Aun siendo una iglesia de mediano valor arquitectónico y su patrimonio artístico haberse visto mermado significativamente por los avatares históricos que ha sufrido, especialmente su casi total destrucción durante los sucesos anticlericales de la II República Española, es sin duda alguna el templo más importante del Albaicín no solo por su monumental tamaño si lo comparamos con el resto de iglesias albaicineras, sino por su trayectoria histórica y papel institucional

La iglesia parroquial del Salvador ocupa una amplia parcela entre la plaza homónima y la calle Panaderos, desde las que se accede, respectivamente, al interior del templo y al atrio del mismo. Aunque su fábrica es de mediano valor arquitectónico y los avatares históricos que ha sufrido, especialmente su casi total destrucción durante los sucesos anticlericales de la II República Española, han mermado enormemente su patrimonio artístico, es sin duda alguna el templo más importante del Albaicín en su trayectoria histórica y papel institucional. Esta relevancia histórica se debe a su vinculación con la cultura islámica precedente, dado que fue erigida sobre la antigua mezquita mayor del Albaicín, segunda en rango en la Granada nazarí tras la mezquita mayor de la medina.

La mezquita mayor del Albaicín, sobre la que se erigió la iglesia del Salvador, según la describió Munzer en 1494, era más pequeña que la mezquita mayor de la medina granadina, pero mucho más bella, con 86 columnas y 9 naves, más ancha las central y estrechas las extremas. Se trataba de una mezquita del periodo inicial de la arquitectura nazarí, todavía ligada al arte almohade, que se levantó durante el siglo XIII y que reflejaba la vitalidad del populoso Rabad al-Bayyazin, merced a la llegada masiva de musulmanes al compás de las conquistas castellanas. En el Valle del Guadalquivir. Esta mezquita estuvo en pie hasta finales del siglo XVI, pero queda de ella un importante vestigio arquitectónico: el sahn o patio de las abluciones, actual atrio del Salvador. Éste, ubicado en el lado opuesto a la alquibla tiene galería sencilla en el lado frente al hastial de la iglesia y dobles galerías en los laterales, prolongación de las naves extremas de la sala de oración islámica; todas ellas, con arcos de herradura sobre pilares de ladrillo, habiendo sido reconstruido en parte en la década de 1950.

La citada mezquita mayor fue bendecida al culto católico con la advocación del Salvador el 16 de diciembre de 1499. No era la primera mezquita del Albaicín consagrada como iglesia, ya que en 1492 lo habían sido las de San José y San Juan de los Reyes, pero sí constituía una operación ideológica y política importante que reflejaba inminentes cambios en la actitud transigente hasta entonces de los conquistadores, dado que suponía bendecir el templo principal de la población islámica del Albaicín. Dos años más tarde, en 1501, fue convertida en templo parroquial, en el contexto de la creación de 23 iglesias parroquiales como demarcación eclesiástica posterior a la conversión forzosa de los musulmanes en moriscos. Se convirtió esta iglesia en un poderoso símbolo de aculturación, por su superposición a la antigua mezquita aljama, que se completaría años más tarde, en 1509, al dársele como anejas las iglesias desaparecidas de San Sebastián, San Blas, San Martín y Santa Inés; y, sobre todo, en 1527, cuando fue erigida colegiata por Bula de Clemente VII, confirmada en 1533. Su fundación como templo colegial tenía el especial interés de apoyar con sus canónigos y prebendados el adoctrinamiento de los moriscos.

A partir de su erección como colegiata la arquitectura de la antigua mezquita se consideró insuficiente, por lo que en las primeras décadas del siglo XVI se le añadieron algunas dependencias y se realizó la portada lateral. En 1565, cuando la política de represión cultural hacia la etnia morisca alcanzó su mayor nivel, se inician las obras de construcción de un nuevo templo, comenzando por la cabecera, que se termina en 1592. Esta dilación en las obras se debió a que, por ser la feligresía del Salvador casi en su totalidad de moriscos y cristianos nuevos, se vio muy perjudicada su fábrica por la crisis económica y poblacional desencadenada por la expulsión de los moriscos del Reino de Granada en 1571. A finales del siglo XVI es demolida ya completamente la antigua mezquita, salvo el patio de los Naranjos, y se llevan a cabo las obras de construcción de la nave hacia 1610, si bien de una forma bastante más sencilla a lo inicialmente proyectado. También del siglo XVII es ya la portada del atrio, en la calle Panaderos. De todo ello resultó un templo de mediano valor arquitectónico, a mitad de camino entre la tradición mudéjar y la proyectiva de severo clasicismo inspirada en el arte oficial escurialense, y representada en Granada por Ambrosio de Vico, a quien se atribuyen las trazas de la torre, realizada hacia 1592.

Nuevos avatares históricos afectaron a la colegiata del Salvador a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX. En 1755 y hasta 1758, a causa de los efectos del terremoto de Lisboa, los canónigos se trasladaron, sucesivamente, a la ermita del Cristo de la Fuente en Plaza Larga, al convento de las Tomasas y a la parroquial de San Andrés. En el año 1771 se instaló la insigne colegial en el templo de los Santos Justos y Pastor, que había pertenecido al colegio jesuítico de San Pablo, hasta que en 1852 fue extinguida como tal, como el resto de las colegiatas españolas. Así pues, desde 1771 volvió a ser el Salvador una iglesia parroquial, pero de gran relevancia, dado que tras el programa de supresión de varias parroquiales de la ciudad, en 1842, en el contexto de la política desamortizadora del siglo XIX, absorbió como anejas a las antiguas parroquiales de San Bartolomé, San Gregorio, San Cristóbal y San Luis, atesorando asimismo sus archivos y gran proporción de sus obras de arte.

Durante los sucesos anticlericales de diciembre de 1933, en el contexto de la insurrección anarquista vivida entonces en la Granada de la II República sufrió un conato de incendio que afectó a la sacristía. Por desgracia, un nuevo ataque, perpetrado en marzo de 1936, incendió completamente la iglesia, que quedó casi destrozada, a excepción de los muros, portadas, arcos de la capilla mayor y galerías del patio. La reconstrucción del templo se inició a partir de 1937 a cargo del arquitecto Fernando Wilhelmi, habiendo tenido desde entonces diversas intervenciones, como la reconstrucción parcial del patio en la década de 1950 y la última restauración de 1996, aplicada a la portada del templo.

La iglesia del Salvador es un amplio templo precedido del atrio o patio de la antigua mezquita, con una sola nave y capilla mayor diferenciada mediante un arco toral, la cual posee dos capillas laterales abiertas en su parte anterior y dos espacios cerrados de ayuda de culto en la posterior, así como varias dependencias pertenecientes a la antigua colegiata, agregadas al lado del Evangelio, donde se encuentra la portada principal. Las dimensiones aproximadas de la parcela rectangular que forma el conjunto son de 30 metros de ancho por 53 de largo; de ellas, el patio es un rectángulo de 30 x 19 metros y la iglesia mide unos 12 metros de ancho por 41 de largo. Se trata de un templo heterogéneo, con dos fases claramente diferenciadas: la capilla mayor, levantada entre 1565 y 1592, que a pesar de lo avanzado de la cronología posee algunos resabios goticistas, quizás debidos al prestigio institucional de la colegiata en su relación con otras iglesias de cabecera poligonal, como San Jerónimo y la propia fábrica catedralicia; y la nave del templo, de austera composición; todo ello, cerrado con armaduras mudéjares.

Las descripciones más amplias de este templo parroquial se deben a Gómez-Moreno (1892) y Gallego Burín (1946), completadas con aportaciones contemporáneas acerca de sus significaciones histórico-artísticas (Henares Cuéllar y López Guzmán, 1989; Gómez-Moreno Calera, 1989). La capilla mayor, más antigua que la nave, se construyó entre 1565 y 1592, y está realizada en parte en cantería, y en ladrillo y cajones de mampuesto en los paramentos superiores, debido a la crisis posterior a la expulsión de los moriscos. Las trazas se atribuyen a Juan de Maeda, discípulo de Siloe, y su ejecución corresponde a los canteros Juan Martínez, hasta 1576, y Juan de la Vega a partir de esa fecha. Es de forma cuadrada, pero en la parte de la cabecera, a la mitad de los muros, se ochava mediante dos trompas de cantería que simulan una concha de gruesa charnela, con dos escudos reales sobre ellas.

Aunque inicialmente se pensó usar bóvedas de cantería, lo que habría supuesto marcar claramente la supremacía de este templo con respecto a las parroquiales el Albaicín, según los programas más institucionales de la iglesia granadina, los mencionados problemas presupuestarios obligaron a levantar una sencilla armadura octogonal de limas moamares, a cargo de los carpinteros Francisco Izquierdo, Juan de Ortega y Alonso López Zamudio, a finales del siglo XVI. También Francisco Izquierdo labraría la armadura rectangular de la nave, de limas moamares, pero una y otra quedaron destruidas en 1936, siendo reconstruidas a partir de 1937 por Wilhemi, imitando su disposición original, pero en cemento y pintadas en unos poco afortunados tonos verde y crema. A los lados de la capilla mayor se abren dos capillas accesorias mediante arcos de medio punto de cantería y gruesa ménsula que abarca una rosca doble, muy del estilo de Maeda (Gómez-Moreno Calera, 1989); capillas éstas, que, aunque antes tuvieron armaduras de lazo, hoy presentan bóvedas baídas. La de la derecha comunicaba con otro espacio cuadrado hacia la nave, como capilla bautismal, no reconstruido tras la pasada Guerra Civil.

La nave, de diseño rectangular, debe obedecer en líneas generales al proyecto inicial de la colegiata, pero muy modificado a tenor de la crisis morisca, que empobreció notablemente la fábrica de esta iglesia. Separada de la capilla mayor mediante gran arco toral con pilastras toscanas, posee a cada lado tres amplios arcos de medio punto que modelan sus muros perimetrales. El arco toral, de paso a la capilla mayor, es liso, apoyado sobre pilastras cajeadas de capiteles toscanos. También llevan pilastras toscanas los grandes arcos de la Epístola y el Evangelio, con retropilastras que forman en planta pilares cruciformes, pero con los lados paralelos a la nave más alargados. Estos amplios arcos, que son visibles desde el exterior de la iglesia, han inducido a afirmar tradicionalmente que la iglesia del Salvador se proyectó en principio como templo con tres naves, pero que sólo se levantó la central, debido a la ya mencionada crisis morisca. Gómez-Moreno Calera (1989), sin embargo, opina que el diseño rectangular, no cuadrado, de los pilares que los sostienen indica mas bien un proyecto de nave única con grandes capillas laterales, las cuales nunca llegaron a abrirse; hipótesis ésta que parece más plausible con la estructura arquitectónica de la iglesia. Se cubre, como ya se ha dicho, con armadura de cemento que imita la primitiva armadura de lazo perdida en el incendio de 1936. También el coro alto, a los pies de la iglesia, fue reconstruido entonces con materiales modernos.

La destrucción del templo conllevó la pérdida de la mayor parte de sus enseres litúrgicos y obras de arte, amén del importante archivo parroquial que recogía los de otras parroquiales granadinas del Albaicín extinguidas en 1842. Entre los cuadros y esculturas más notables que se perdieron durante aquellos sucesos anticlericales, cabe destacar los lienzos atribuidos al pintor barroco Pedro de Moya con los temas de la Transfiguración (éste, del pintor Niño de Guevara, según Gómez-Moreno), San Miguel y San Ildefonso, así como las Inmaculadas, de la misma época, de Bocanegra y Martínez de Bustos; e, igualmente, la interesante muestra iconográfica de Jesús recogiendo sus vestiduras, del escultor barroco José de Mora, y la Virgen de Loreto, de Alonso de Mena. Hoy día algunas obras de arte, procedentes de otros edificios, están colocadas en esta iglesia. De ellas, cabe destacar dos retablos dieciochescos, un lienzo de la Inmaculada, atribuido a Juan de Sevilla, dos cuadros barrocos del martirio de San Bartolomé, una Santa Cena de Bocanegra, la escultura del Divino Salvador, del barroco sevillano Pedro Duque Cornejo, la escultura barroca del Cristo de la Sangre y, por su valor devocional, la réplica contemporánea realizada por Miguel de Zúñiga del San Miguel conservado en la ermita de San Miguel Alto, obra del barroco granadino Bernardo Francisco de Mora.

Las antiguas dependencias de la colegiata han sido muy transformadas históricamente, sobre todo tras su destrucción en tiempos de la II República. Se trata de dos crujías de dos pisos adosadas al costado izquierdo de la iglesia, más ancha la que da a la calle. Su distribución interior, de seis estancias en cada piso y cuerpo de escaleras, fue sustancialmente modificada en tabicaciones internas y colocación de huecos en la reconstrucción de la década de 1940. En la actual distribución interna de estas crujías se ha habilitado en los últimos tiempos, en 1994, una capilla dedicada al Santo Cristo de la Luz, en memoria de una antigua devoción popular radicada en la iglesia, hoy en ruinas, de San Luis. Asimismo, se ha habilitado un museo de arte sacro, que contiene (Henares Cuéllar y López Guzmán, 2001) cuadros pietistas de los siglos XVII y XVIII, una talla mariana atribuida a Diego de Siloe, bustos de Ecce Homo y Dolorosa, una colección de ropa litúrgica y orfebrería sacra y, en fin, restos arqueológicos bajo el suelo relativos a infraestructuras hidráulicas. Las intervenciones modernas sobre estas crujías también afectaron a la colocación de la portada principal, antes del incendio desplazada hacia los pies de la iglesia y ahora en el centro de este lado, con acceso directo en línea recta hacia la nave. También los huecos externos fueron modificados modernamente para dotar de mayor simetría a la fachada lateral del conjunto.

En el exterior de la iglesia, amén del patio de abluciones de época nazarí, destacan algunos elementos singulares. Así, la torrecilla poligonal ubicada junto a las dependencias de la antigua colegiata y al estribo del arco toral, que quizás se corresponda con el caracol primitivo de la torre realizado, como la capilla mayor, a mediados del siglo XVI. Asimismo, la actual torre de la iglesia, en el ángulo nororiental, obra de planta cuadrada y de gran presencia urbana realizada hacia 1592 y atribuida al arquitecto Ambrosio de Vico (Gómez-Moreno Calera, 1992), sobre el modelo de la primitiva iglesia de las Angustias, que implica la sustitución de los modelos locales del mudéjar granadino por una composición más clasicista y severa, mediante la división en cuerpos con gruesas impostas cercanas al diseño de entablamentos y campanario de doble vano en cada cara separado por pilastras toscanas.

Con tres puertas de acceso cuenta la parroquial del Salvador. La principal, ubicada en la fachada lateral izquierda, sirve tanto de acceso a las antiguas dependencias de la colegiata como a la propia nave de la iglesia. Es obra magnífica realizada en 1543 por Esteban Sánchez, sobre las trazas y dirección de Diego de Siloe, lo que manifiesta el fuerte carácter institucional que se proyectó dar al Salvador antes de la crisis de mediados del siglo XVI. Esta portada es adintelada, de diseño muy similar a una de las ejecutadas por el propio Siloe para el claustro de San Jerónimo, espacio en el este artífice inauguró todo el repertorio ornamental del plateresco granadino. Conforme a dicho modelo, se trata de un vano con mensulones de acanto y tableros decorados con grutescos de festones y frutas pendientes de cintas a ambos lados de las columnas jónicas que sostienen el entablamento. Sobre éste, un ático superior, con hornacina de medio punto flanqueada por columnas abalaustradas, mutilado en parte, dado que desde mediados del siglo XIX (Barrios Rozúa, 1998) le falta el remate y parte de los adornos laterales, debido al peligro de desplome sobre las jambas inferiores. La hornacina tuvo una imagen de la Virgen y el Niño en madera, hoy sustituida por una réplica en piedra. El conjunto de la portada ha sido recientemente restaurado y limpiado, en 1996.

Las otras dos puertas son de menor interés. La de la calle Panaderos constituye el acceso al atrio o patio del templo, y fue realizada en ladrillo en el siglo XVII, con un diseño sencillo de vano de medio punto flanqueado por pilastras y ático superior, con hornacina que albergó una desaparecida estatua del Salvador, del gótico alemán de comienzos del siglo XVI. Y, en los pies de la iglesia, un sencillo vano adintelado que pone de manifiesto la condición del templo como ejemplar modesto cuyas técnicas constructivas mudéjares se emplearon más que a nivel de prestigio institucional como paliativo funcional ante la incapacidad de la Contaduría del arzobispado para mantener a principios del siglo XVII el nivel y escala de la actividad constructiva previa a la Guerra de los Moriscos.

la puerta moderna existente en la calle Panaderos, nº 37, se puede acceder directamente al patio, atrio o compás de la iglesia del Divino Salvador, la primera de las parroquias mudéjares erigida en Granada derivada del programa de creación de parroquiales para la evangelización de los moriscos, convertidos forzosamente al catolicismo por orden del Cardenal Cisneros. Esta parroquial fue erigida en colegiata, para adoctrinamiento morisco, por bula papal de 1527, y como tal permaneció hasta la traslación de los canónigos, en 1769, a la iglesia del colegio de San Pablo, de los expulsos jesuitas. La importancia que tuvo este templo durante la Edad Moderna se debía a que vino a sustituir el culto islámico de la antigua mezquita mayor del Albayzín, la cual estuvo en pie hasta que, a finales del siglo XVI, fue demolida y reemplazada por una fábrica mudéjar, y de la que ha quedado hoy un importante testimonio en lo que fue su patio de abluciones.

El patio del Salvador, por tanto, es el único resto arquitectónico y monumental de la mezquita mayor del Albayzín. Aquel edificio fue realizado, según Orihuela (1995) en los primeros tiempos de la etapa nazarí de Granada, creada esta dinastía en 1238 Muhammad I Ibn al-Ahmar, el reyezuelo o emir local de Arjona que se hizo proclamar unos años antes sultán de los creyentes en el contexto de las segundas taifas y el desmembramiento de la España almohade. La hipótesis de la construcción de esta mezquita en el segundo tercio del siglo XIII se apoya en que sería el momento en que el primitivo arrabal zirí y almorávide del Ensanche (Rabad al-Ziyada), surgido en torno a Plaza Larga y extramuros de la Alcazaba Qadima, adquiere un extraordinario desarrollo demográfico y urbano a raíz de la llegada de contingentes masivos desplazados a Granada por el empuje de las conquistas castellanas por el Alto Guadalquivir, creándose entonces el gran arrabal de los Halconeros o Albayzín (Rabad al-Bayyazin), que ya a finales del siglo XV daría nombre a toda la colina. Pues bien, el centro neurálgico de este arrabal estaba formado por lla primitiva Plaza Larga, los Baños del Albayzín y la Mezquita Mayor del Albayzín, que rivalizaba en titulación con la propia Mezquita Mayor de la medina, conservada hasta principios del siglo XVIII junto a la iglesia catedral metropolitana hasta que se inició la construcción de la parroquial del Sagrario.

Según las descripción de Jerónimo Münzer, que alcanzó a ver la Mezquita Mayor del Albayzín a finales del siglo XV, era «una bellísima mezquita, de ochenta y seis columnas exentas, que es menor, pero mucho más bella que la mezquita mayor de la ciudad, con un deliciosísimo jardín sembrado de limoneros». Sus dimensiones, según Gallego Burín (1946), eran de 25 metros de E a O, y de 30 de N a S, y estaba dividida en nueve naves, la central más ancha y las extremas más estrechas que el resto, cada una de ellas soportada por diez arcos de ladrillo. Los muros eran de lajas de piedra y cajeados de tierra, con piedra de Alfacar en ángulos y arranques. Lo único conservado hoy día de está mezquita es, como se ha dicho, el sahn o patio de abluciones, conocido como patio de los Naranjos, aunque estuvo sembrado, como afirma Münzer, de limoneros. Este patio ha sufrido diversas transformaciones con el paso del tiempo. Así, en el siglo XVII se realizó la portada, con hornacina, que da acceso a la calle Panaderos. Pero fueron, sobre todo, los destrozos sufridos en este templo durante los tumultuosos sucesos de quema de iglesias previos a la Guerra Civil de 1936, en el contexto de la II República Española, los que más afectaron a su integridad histórica, debiendo ser restaurado el conjunto del patio, como la iglesia, en 1938; y, nuevamente, en los años cincuenta.

El patio se ubica en el lado opuesto al muro de la alquibla de la desaparecida mezquita. Posee galerías en tres de sus lados, pero no en el suroriental, que correspondería a la entrada de la mezquita y donde hoy se ubica la sencilla portada de los pies de la iglesia. La galería extrema, en el lado noroeste presenta siete arcos de herradura ligeramente apuntados, en ladrillo, enjarjados hasta los riñones del vano y enmarcados por ligeros resaltes a manera de alfiz, que se apoyan sobre pilares de piedra, que sustituyen, desde alguna de las restauraciones mencionadas, a las columnas originales. Las galerías laterales, de doble arcada, son prolongación de las naves extremas de la mezquita, y están también conformadas mediante cinco arcos de herradura apuntados, sobre pilares cuadrados de ladrillo. También se conservan, en el encuentro entre la doble galería meridional y el testero de la iglesia, dos arcos de herradura muy apuntados, por los que se relacionaría aquélla con la nave extrema de dicho lado de la mezquita. En el centro del patio, y a manera de amplio brocal cuadrado de pozo, se conserva el aljibe árabe del patio, profundísimo, al decir de Gallego Burín (1946).

Como ya se ha mencionado más arriba, este patio debe fecharse, según Orihuela Uzal (1995) mediado ya el siglo XIII. Aunque el diseño de los pilares y arcos recuerda prototipos del arte almohade sevillano, por su orientación sureste y emplazamiento en el arrabal del Albayzín, configurado plenamente en aquella centuria (algunas fuentes históricas hablan de este término como derivado de la ciudad de Baeza, tomada en 1227, por ser sus habitantes y los de Úbeda los primeros en establecerse en él por desplazamientos de conquista), es por tanto, obra de los primeros tiempos nazaríes.