Una exposición que recorre 150 años de fascinación artística por la Alhambra y sus paisajes. La cripta del Palacio de Carlos V reúne más de un centenar de obras, entre las que se encuentran algunas inéditas como el Patio de la Alberca, de Fortuny o el Canal del Generalife, de Rusiñol

La viceconsejera de Cultura y Patrimonio Histórico, Macarena O’Neill, y la directora general del Patronato de la Alhambra y Generalife, Rocío Díaz, han inaugurado esta mañana la exposición ‘Sobre la Alhambra en el arte moderno’, una muestra que recorre 150 años de fascinación artística por el monumento granadino y sus paisajes. La Capilla del Palacio de Carlos V reúne, hasta el 15 de mayo, más de un centenar de piezas con una común inspiración en la Alhambra y el Generalife, y bajo una extraordinaria variedad estética y formal.

Fotografía: Patronato de la Alhambra y el Generalife

Dibujos, libros, grabados, fotografías, manuscritos literarios y musicales, partituras, carteles, películas, maquetas de arquitectura y, principalmente, pinturas, «entre las que se encuentran algunas inéditas como el ‘Canal del Generalife’, de Santiago Rusiñol, ubicada en Montevideo desde 1911, o el ‘Patio de la Alberca’, de Mariano Fortuny y Marsal, que se exhibe por primera vez tras ser localizada, después de que estuviera en paradero desconocido tras la muerte del artista», ha destacado la directora general del Patronato de la Alhambra y Generalife durante la inauguración de la exposición.

La viceconsejera de Cultura y Patrimonio Histórico ha afirmado, por su parte, que esta nueva propuesta expositiva, además de reforzar el férreo compromiso del Patronato de la Alhambra y Generalife por la cultura y el patrimonio, «refleja la seducción ejercida en numerosos artistas por el gran conjunto monumental y paisajístico granadino desde 1870, año de la declaración de la Alhambra como Monumento Nacional, hasta más de un siglo después».

Entre otros, Mariano Fortuny y Marsal, Antonio Muñoz Degrain, Anders Zorn, Santiago Rusiñol, Joaquín Sorolla, Darío de Regoyos, José María Rodríguez-Acosta, José María López Mezquita, Maurice Denis, José Ortiz Echagüe, Manuel Ángeles Ortiz, José Guerrero, Manuel Rivera, Antoni Tàpies o Soledad Sevilla, «que a lo largo de su vida artística construyeron ‘alhambras’ en sus imaginarios, plasmando visiones inéditas y únicas en una época en la que la fotografía ya trasladaba una imagen fiel del monumento», ha afirmado O’Neill.

La directora general del Patronato de la Alhambra y Generalife también ha asegurado que esta nueva exposición temporal, comisariada por Eduardo Quesada Dorador, con la asistencia de Carmen González Castro, y museografía del estudio de Jesús Moreno, «reflexiona sobre la culminación en lo artístico, muy especialmente en la pintura, del mito paisajístico o el paisaje mítico de Granada en lo que concierne a la Alhambra y el Generalife».

La exposición, como ha explicado el comisario, cuenta con obras procedentes de prestigiosas instituciones y colecciones privadas de España, Inglaterra, Francia, Suecia, Estados Unidos o Uruguay, «que van desde una primera modernidad no vanguardista definida por un verdadero culto al natural, inmediatamente posterior a la revolución romántica y enfrentada a ella, aunque asumiendo su carga de subjetividad y fantasía, hasta una modernidad plena, serena continuidad de las vanguardias históricas».

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Así, el discurso expositivo se desarrolla en cinco capítulos correspondientes a los cinco espacios de la Capilla del Palacio de Carlos V. En la primera sala se sintetiza la expansión moderna del prestigio de la Alhambra por los más variados medios artísticos desde la década de 1870, pasado el tiempo de los primeros viajeros románticos, hasta la década de 1980.

«La secuencia de piezas mostrará a la Alhambra en el avance de lo que Walter Benjamin llamó la época de la reproductibilidad técnica desde las ricas ediciones de ‘L’ Espagne’ de Charles Davillier, con ilustraciones de Gustave Doré, hasta los carteles del Ministerio de Información y Turismo, con espectaculares fotografías de distintos autores, un siglo después, o la película de José Val del Omar ‘Granada 1974’, sobre una Alhambra visitada por un número nunca visto de turistas internacionales», ha subrayado Quesada Dorador.

Habrá, además, entre otras piezas, maquetas y modelos arquitectónicos de Rafael Contreras y José María García de Paredes; fotografías de Charles Mauzaisse, Jean Laurent, Rafael Garzón, José Ortiz Echagüe, Otto Wunderlich, Manuel Torres Molina, Juan Miguel Pando y Francesc Català-Roca; libros de Washington Irving, José Zorrilla, Ángel Ganivet y Emilio García Gómez; ilustraciones y diseños de Joseph Pennell, Santiago Rusiñol, Miguel Rodríguez-Acosta, Jaume y Jordi Blassi y Julio Juste; pinturas de Rusiñol y Joaquín Sorolla; partituras de Ruperto Chapí, Isaac Albéniz, Francisco Tárrega, Claude Debussy y Manuel de Falla; o estampas de Hermenegildo Lanz y Eusebio Sempere.

En la segunda sala se mostrará el esplendor de un naturalismo pictórico centrado en la Alhambra y en el Generalife, cada vez más alejado de la herencia romántica que aún define a Mariano Fortuny y, después de él, ya solo a Antonio Muñoz Degrain. A una nueva maqueta arquitectónica de Rafael Contreras, le seguirán pinturas de Mariano Fortuny, Antonio Muñoz Degrain, Anders Zorn, Santiago Rusiñol, Aureliano de Beruete, Darío de Regoyos, José María López Mezquita, José María Rodríguez-Acosta, Joaquín Sorolla y Fernando de Amárica.

«Prácticamente todas estas obras son piezas capitales de estos pintores como paisajistas. Es el caso de ‘El Patio de la Alberca’ (1870-1872) de Fortuny, prestada por una colección particular británica, o ‘Alhambra, Salón de Embajadores, Granada’ (1909), de Sorolla, ubicada en el J. Paul Getty Museum de Los Ángeles», ha señalado el comisario de la exposición.

La crisis del naturalismo o el realismo en las propias obras, diluyéndose en lo que en la evolución artística general terminará siendo vanguardia y, finalmente, abstracción, centra la tercera sala de la Capilla del Palacio de Carlos V. En ella, hay pinturas de Eugenio Gómez Mir, Maurice Denis, Théo van Rysselberghe e Ismael de la Serna, además de las películas ‘Vibración de Granada’ (1935), realizada por José Val del Omar, y ‘El Dorado’ (1921), de Marcel L’Herbier. Según el comisario de la exposición, “las dos obras de Denis son piezas destacadas por su novedad y carácter inédito, como también lo es la de Van Rysselberghe o las de Ismael de la Serna, que se cuentan entre las primeras visiones netamente vanguardistas de la Alhambra”.

En la cuarta sala se refleja esa modernidad plena, serena continuidad de las llamadas vanguardias históricas, desarrollando sus logros en una completa victoria sobre cualquier posibilidad de un arte académico tradicional. Y a través de obras de Manuel Ángeles Ortiz, José Guerrero, Manuel Rivera y Eusebio Sempere, además de ‘Aguaespejo granadino’ y ‘Granada 1968’, películas de José Val del Omar.

La exposición se cierra con una sala dedicada a la posmodernidad que se advierte en los trabajos finales de artistas tan caracterizados como Gerardo Rueda y Antoni Tàpies, y que es un hecho evidente, con distintos matices, en otros artistas como Joan Hernández Pijuan, Soledad Sevilla, Julio Juste, Frederic Amat y Guillermo Pérez Villalta. De todos ellos se mostrarán obras escogidas, además de las hojas de cuadernos dibujadas o pintadas por Frederic Amat y Guillermo Pérez Villalta como artistas viajeros en la Alhambra, enlazando con las que hicieran en su día, declinando el siglo XIX, Gustave Doré o Joseph Pennell.

«Sobre la Alhambra en el arte moderno», que se completará con un libro monográfico, en el que se reproducirán todas las obras, junto a otras que permitirán comprender mejor el fenómeno que representan, se puede visitar gratuitamente de lunes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, en marzo; y de 10:00 a 20:00 horas, en los meses de abril y mayo.

Fuente: Patronato de la Alhambra y el Generalife

Dossier de la exposición

Folleto de la exposición

Exhibition brochure

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Un artículo de José E. Cabrero para Ideal
Fotografías: Pepe Marín 

En 1873, un fotógrafo retrató el taller de Mariano Fortuny y Marsal, en Roma, sin saber que estaba iniciando un misterio que duraría 150 años. En la imagen, dos mujeres charlan tranquilamente, rodeadas de las obras del genial pintor. Hay un hermoso cuadro que destaca sobre los demás por su tamaño y por su ubicación: está colocado sobre un caballete, en primer término, recibiendo la luz del día como el protagonista de una obra de teatro. Pese al tiempo y a la distancia, no hay duda de que Fortuny estaba pintando el Patio de la Alberca, en la Alhambra. Un año más tarde de esa foto, el 21 de noviembre de 1874, Fortuny murió, sus obras se dispersaron por el mundo y nadie volvió a saber nada de ese cuadro que brillaba en el caballete de su atelier. Hasta hoy.

Hace unos meses, Francesc Quílez, director del Museo de Arte de Cataluña, localizó la obra en una colección privada. Un hallazgo que zanjó el misterio 150 años después. Y hoy, al fin, el cuadro vuelve a la Alhambra, al lugar donde Fortuny cerró los ojos con fuerza para no olvidar ningún detalle. El pintor catalán estuvo en Granada en 1870, el año en que el monumento inició su gran expansión internacional, convirtiéndose en un rincón deseado y exótico al que siempre querer volver. Fortuny fue uno de los impulsores de este romance que perdura, convirtiendo sus pinturas en una inspiración, una meta, una isla del tesoro.

Fotografía del taller de Fortuny, tomada en 1872, con el cuadro perdido en el caballete | IDEAL

Después de Fortuny vinieron Antonio Muñoz Degrain, Anders Zorn, Santiago Rusiñol, Joaquín Sorolla, Darío de Regoyos, José María Rodríguez–Acosta, José María López Mezquita, Maurice Denis, José Ortiz Echagüe, Manuel Ángeles Ortiz, José Guerrero, Manuel Rivera, Antoni Tàpies o Soledad Sevilla, entre tantos otros. Es decir, los mejores artistas de su era. Todos ellos describen un viaje en el tiempo, 150 años de fascinación por la Alhambra a través de un centenar de obras bellamente expuestas en la Capilla del Palacio de Carlos V. Así es como ‘El patio de la Alberca en la Alhambra’, de Fortuny, ha vuelto a Granada: rodeada de sus herederos.

«En 1870 llegó Fortuny a la Alhambra y luego vendrían todos los demás», dijo Rocío Díaz, directora general del Patronato de la Alhambra y Generalife, durante la inauguración de ‘Sobre la Alhambra en el arte moderno’, una muestra que recorre 150 años de fascinación artística por el monumento granadino y sus paisajes, abierta hasta el 15 de mayo (entrada gratuita). «Aquí están las particulares alhambras de grandes artistas –siguió Díaz–, obras repartidas por el mundo que ahora son un regalo para Granada y para todos los visitantes». Macarena O’Neill, viceconsejera de Cultura y Patrimonio Histórico, compartió esa misma fascinación por la muestra, «que demuestra cómo Granada también puede recuperarse con el impulso de grandes exposiciones».

Porque esta es una gran exposición. Grandísima. Una oportunidad única para bucear por un siglo y medio de visiones alhambreñas y granadinas del talento más puro y universal. Comisariada por Eduardo Quesada Dorador, con la asistencia de Carmen González Castro y museografía del estudio de Jesús Moreno, hay dibujos, libros, grabados, fotografías, manuscritos literarios y musicales, partituras, carteles, películas, maquetas de arquitectura y, principalmente, pinturas. Algunas inéditas, como la de Fortuny o ‘Canal del Generalife’, de Santiago Rusiñol, ubicada en Montevideo desde 1911.

Entrada de la Exposición | Pepe Marín

«Los paisajes de Fortuny, Rusiñol y Albéniz expandieron el prestigio y la fascinación de la Alhambra. Ellos hicieron que miles y miles vinieran a verla». Quesada podría hablar horas de cada una de las obras que hay en la exposición. «Todas guardan una gran historia», advierte. La muestra cuenta con obras procedentes de prestigiosas instituciones y colecciones privadas de España, Inglaterra, Francia, Suecia, Estados Unidos o Uruguay. Así, el discurso expositivo se desarrolla en cinco capítulos correspondientes a los cinco espacios de la Capilla del Palacio de Carlos V. «Esta exposición se podría hacer en cualquier parte del mundo, pero en ningún sitio tendría tanto sentido como aquí», apuntó Quesada.

Cinco pasos

La primera sala sintetiza la expansión moderna del prestigio de la Alhambra por los más variados medios artísticos desde la década de 1870, pasado el tiempo de los primeros viajeros románticos, hasta la década de 1980. Desde ilustraciones de Gustave Doré hasta hasta los carteles del Ministerio de Información y Turismo, con espectaculares fotografías de distintos autores, un siglo después, o la película de José Val del Omar ‘Granada 1974’.

En la segunda sala reina el esplendor del naturalismo pictórico centrado en la Alhambra y en el Generalife. Aquí conviven Mariano Fortuny, Antonio Muñoz Degrain, Anders Zorn, Santiago Rusiñol, Aureliano de Beruete, Darío de Regoyos, José María López Mezquita, José María Rodríguez–Acosta y Fernando de Amárica. «Y Sorolla, por supuesto –explica el comisario–. Él fue el que más veces pintó la Alhambra, cuarenta y siete –frente a él tiene la obra ‘Jardín de Lindaraja’, donde, tras unos segundos observando, continúa–. Parece que se mueven las hojas, se nota el viento, se huele el ciprés».

La tercera sala nos traslada a la vanguardia a la abstracción, con pinturas de Eugenio Gómez Mir, Maurice Denis, Théo van Rysselberghe e Ismael de la Serna, además de las películas ‘Vibración de Granada’ (1935), realizada por José Val del Omar, y ‘El Dorado’ (1921), de Marcel L’Herbier. Bajando por las imponentes escaleras de la capilla –la visita a la exposición merecería la pena aunque no hubiera cuadros– llegamos a la plena modernidad, con una serie de obras de Manuel Ángeles Ortiz, José Guerrero, Manuel Rivera y Eusebio Sempere, además de ‘Aguaespejo granadino’ y ‘Granada 1968’, películas de José Val del Omar.

Una de las obras de José Guerrero | Pepe Marín

La exposición se cierra con una sala dedicada a la posmodernidad que se advierte en los trabajos finales de artistas tan caracterizados como Gerardo Rueda y Antoni Tàpies. La última obra, concretamente, es una suerte de cómic, cuatro dibujos en tinta china sobre papel titulados ‘Visita a la Alhambra’, de Guillermo Pérez Villata.

Quesada, de regreso a la entrada de la exposición, se paró un momento junto a ‘El patio de la Alberca en la Alhambra’. «Este cuadro es como ver a Fortuny pintar en directo –resopló, admirado–. Fijaos bien: se ve desde el carboncillo del boceto hasta los detalles más paranoicos en las columnas. Es una obra inacabada con cierta fantasía. Y es maravillosa».