Más de 350 voluntarios trabajan desde hace tres semanas en la recuperación del tramo final de la histórica Acequia de Aynadamar, por donde volverá a manar el agua a mediados de diciembre

Voluntarios trabajando a primera hora de la mañana en el tramo de acequia que hay junto al Carmen de la Patrona | Jorge Pastor

Son las nueve de la mañana en la antigua Carretera de Murcia.Hace fresquillo. Los coches van llegando poco hasta el punto de encuentro, la explanada del antiguo hotel San Gabriel. José María Martín Civantos, director de las excavaciones con las que la Universidad de Granada está recuperando la antigua acequia de Aynadamar, estima que unos treinta voluntarios acudirán hoy al tajo. Sus cálculos no fallan. «Lo primero que hacemos es dar la bienvenida a la gente, y a los nuevos les explicamos el proyecto y en qué consistirá su trabajo», comenta Martín Civantos.

Minutos después todos se dirigen en fila india hacia el tramo de 250 metros junto al Carmen de la Patrona donde ese día, el sábado pasado, se cavará hasta las dos de la tarde –con el preceptivo descanso para el bocata a eso de las once–. Media hora después, a las 9.30 horas, el tajo ya está organizado. Si no se producen contratiempos, la previsión es que los 2,8 kilómetros de conducción donde está actuando el Laboratorio de Arqueología Biocultural (Memolab) estén hábiles para mediados de diciembre.

Iago y Couto evacuando arena del cauce | Jorge pastor

«Llevamos ya tres semanas de faena y estamos avanzando al ritmo esperado», asegura Martín Civantos. No ha caído ni gota. «Esto tiene tres lecturas, una positiva y dos negativas». La positiva es que la tarea cunde. Y las dos negativas son, por una parte, que el terreno está tan seco que cuesta mucho esfuerzo compactar los taludes y, por otra, que la sequía sigue haciendo estragos en Granada y en toda España. Por eso resulta tan simbólico que el líquido elemento mane otra vez por esta infraestructura hídrica construida por los propios agricultores ziríes en el siglo XI para regar sus campos de cereales, legumbres y frutales, y que dejó de utilizarse en los años ochenta, cuando el Ayuntamiento decidió que el Albaicín se surtiera por otros conductos.

Voluntarios en plena faena | Jorge Pastor

Una decisión que supuso, en la práctica, el abandono de los tres kilómetros finales de los quince que conforman longitudinalmente la Acequia de Aynadamar desde su nacimiento en la Fuente Grande de Alfacar hasta Granada –discurre de forma paralela a la Carretera de Murcia–. Cuatro décadas en las que el cauce se ha ido rellenando con los arrastres de la erosión –en algunos puntos prácticamente había desaparecido– y con toda la basura que se ha ido arrojando de forma indiscriminada. «Estamos encontrando de todo, desde deuvedés con películas porno y una cajilla con duros de Franco hasta desechos de marihuana», comenta Martín Civantos. «Todos los días sacamos una furgoneta llena de residuos que llevamos hasta los contenedores».

Pero tres semanas de pico y pala han dado para mucho.También desde el punto de vista científico. Por lo pronto, se ha descubierto una bifurcación de la Acequia de Aynadamar en un ramal que atraviesa por debajo la Carretera de Murcia y que desemboca en Haza Grande. «Esto era desconocido, no existe documentación al respecto», refiere el profesor de la UGR. Ahora habrá que continuar investigando para conocer, por ejemplo, los derechos de riego en esa zona. También han salido los partidores que desviaban el caudal hasta las fincas –había momentos en que la corriente alcanzaba los trescientos litros por segundo–.

Fracción de cerámica árabe hallada en la acequia | Jorge Pastor

Avances

De los 2,8 kilómetros donde se está interviniendo en estos momentos, ya hay un kilómetro completamente rehabilitado. Unos avances que están siendo posibles gracias a la colaboración desinteresada de personas preocupadas por el patrimonio de Granada. La mayor parte son universitarios de grados como el de Arqueología, Historia y Ciencias Ambientales, y también de otras titulaciones como Informática o Matemáticas. A todos ellos hay que sumar la presencia de centros escolares e institutos de toda la ciudad y de colectivos varios como ecologistas, scouts o miembros de asociaciones de vecinos como la del Fargue. «También ciudadanos anónimos que, sencillamente, quieren aportar su granito de arena», dice Martín Civantos, quien recuerda que los interesados que quieran echar una mano pueden apuntarse en la web del Memolab.

Actuando en el tramo que hay junto al Carmen de la Patrona | Jorge Pastor

Así lo hizo Andrea Píriz, que está finalizando sus estudios de Arqueología en la UGR. «Para nosotros –manifiesta– esto es muy interesante porque nuestro campo de actuación no empieza y termina en los yacimientos, sino que hay mucho más». «También una buena oportunidad –dice– para estar en contacto con los niños y ayudarles a entender nuestro pasado». Chiquillos como Iago y Couto, dos fueras de serie evacuando arena con la paletilla. «Echar las mañanas aquí supone un esfuerzo –prosigue Andrea– pero tengo la completa seguridad de que todo quedará más que recompensado cuando veamos pasar nuevamente el agua».

La Acequia de Aynadamar es uno de los vestigios ‘ocultos’ del esplendor de aquella Granada árabe de luz, agua y cielo. Una Granada que emerge de las entrañas de la tierra a golpe de pico y pala.

Fuente: Jorge Pastor para el periódico Ideal
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