El agua de lluvia dio una tregua de tres o cuatro horas al agua mansa, estancada, para que una treintena de granadinos pudiesen dar un paseo por ella, pudiesen tener el privilegio de recorrer el barrio de los halconeros de la mano y la voz de Rafael Villanueva que en vez de guía, en vez de profesor, es contador de historias al hilo de otra historia, la de los aljibes olvidados, escondidos en los circuitos turísticos y que ahora reivindican su papel en la historia de una Granada que creció gracias a Aynadamar -fuente de las lágrimas- que desde otra Fuente Grande en Alfacar, se derrama y se convierte en una red de «venas, arterias y capilares por donde corre la sangre que da vida al Albaicín».
Aynadamar, la acequia reina que se decanta hasta su rey, el Aljibe Viejo, el que fue capaz de atesorar trescientos mil litros del agua y que hoy, mostrando su altivez en los sótanos del Aljibe del Rey, es punto de partida de una senda hacia parte de la historia de Granada y que empieza donde empiezan los mitos, en jardines de las mil y una noches, en rumores del agua del mil y un aljibes que son hasta cuarenta en el barrio de las cuestas sin que nadie lo sepa como el propio jardín del aljibe del Rey, donde Rafa le cuenta al respetable que las losas de mármol de parte del jardín son los antiguos mostradores de la pescadería de San Agustín; y así varias historias más jalonadas por un camino incierto de casi las tres horas donde el día nublado y la Alhambra de fondo se alían con el programa, que no describe lo que se ve y se siente porque al atravesar el arco de las pesas el grupo se empapa de la vida de barrio en el centro neurálgico de un Albaicín vivo en Plaza Larga; igual que hace nueve siglos, donde el mercado bullía con las mismas voces que oyen los buscadores de aljibes; que siguen de la mano de Rafa hasta el de Bibal Bonut; no muy lejos y siempre recordando que hay cinco ramales y este es uno de ellos, el de San Juan de los Reyes; que lleva después al aljibe de las Tomasas, en obras, cómo no, al de Trillo una llave les abre a los visitantes las puertas del aljibe, de la oscuridad, de su poza y de la historia.
De ahí al de Los Negros, «se cree que en esta zona hubo asentamientos de personas de color», dice Rafa y el colofón del baño árabe más antiguo de nuestra geografía, el bañuelo, del siglo XI, dejando así constancia de la doble vertiente del entramado de acequias y aljibes con su componente social, religioso y el industrial que se decanta hacia los regadíos, tanto de la vega como de los numerosos huertos que tenían los Cármenes del barrio de San Pedro.
Una acertada idea la de la Fundación AguaGranada de recuperar de esta forma uno de los recorridos de ‘Los Senderos del Agua’, un programa que incluye también los pilares de Granada, los del Realejo y las fuentes monumentales. Tanto es así el éxito de la ruta, que acaba normalmente con otra de bares de tapas, que las reservas -hasta cuarenta plazas por grupo- están completas hasta el mes de marzo, lo que podría hacer pensar ampliar las oferta y no dejarla sólo en los primeros y últimos sábados de cada mes. Aquellos que tengan el privilegio de encontrarse entre los elegidos pueden estar seguros de que van a disfrutar de parte de la historia de Granada con el agua como excusa. FUENTE: IDEAL

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