Interior del aljibe de la Victoria

Denominado por algunos como aljibe del Piki desde que en 1987 se remodeló la plaza de la Victoria bajo la que se sitúa, colocándose en ella un busto en honor al cantaor flamenco Antonio Cuevas «El Piki», fallecido en Madrid (1980) en extrañas circunstancias. A su vez, arrastra también el nombre de la Victoria desde que en 1527 se cubrió una alberca situada en la huerta del convento de la Victoria. Es precisamente este acontecimiento el que hace que no pueda considerarse como un aljibe, pues en realidad fue el estanque de decantación de las aguas que afluían por la acequia de Axares o de San Juan desde el río Darro.

Conceptualmente, pudiera parecer un aljibe, aún admitiendo que no dispusiera de brocal para la extracción de agua, pero los elementos instalados para la distribución de agua, lo descatalogan totalmente para considerarlo como aljibe público. Además, en las relaciones de éstos que poseemos del siglo XIX nunca apareció este de la Victoria. Su uso está cedido por el Ayuntamiento de Granada a la Asociación Músico-Cultural María Santísima de la Estrella.

El llamado aljibe del Piki, es denominado por algunos de esta forma desde que en 1987 se remodeló la plaza de la Victoria bajo la que se sitúa, colocándose en ella un busto en honor al cantaor flamenco Antonio Cuevas «El Piki»1, fallecido en Madrid (1980) en extrañas circunstancias. A su vez, arrastra también el nombre de la Victoria desde que se cubrió una alberca situada en la huerta del convento de la Victoria. Es precisamente este acontecimiento el que hace que no pueda considerarse como un aljibe sino, como se ha dicho, un estanque de decantación de las aguas que afluían por la acequia de Axares. Conceptualmente, pudiera parecer un aljibe, aún admitiendo que no dispusiera de brocal para la extracción de agua, pero los elementos instalados para la distribución de agua, lo descatalogan totalmente para considerarlo como aljibe público. Además, en las relaciones de éstos que poseemos del siglo XIX, nunca apareció este de la Victoria.

Junto a la muralla que cerraba el barrio de Axares, por sus lados Este y Sur, estuvo situado el huerto de «Horra Butayna», nombre de su dueña (Seco de Lucena Paredes, 1975: p. 136), perteneciente a la realeza nazarí, que por acuerdo suscrito en las Capitulaciones pasó a los Reyes Católicos y años después a los Mínimos Franciscanos, quienes fundaron su convento en 1509.

Esta alberca, junto a otras –como fueron la del Manflor para las aguas de la acequia de Aynadamar o la del llamado Aljibillo para las de Romayla–, parecen que fueron construidas por orden del Emperador Carlos I, según se desprende de una Real Cédula expedida en Valladolid en 1527 dirigida a los frailes de la Victoria, además de que no se han encontrado referencias que los sitúen, como el resto de aljibes del Albaicín, en época musulmana. En ella el Emperador les ordenaba que no impidieran hacer una alberca en su huerta, con objeto de mejorar el sistema de las aguas que llegaban a la ciudad, y a los encargados de elegir el terreno, que hicieran el menor daño posible en los terrenos de la huerta.

Este era el contenido de la Real Cédula:

EL REY.

Prior, frailes del Convento de la Victoria de la cibdad de Granada. YO he mandado que se haga ciertas aluercas en algunas acequias para mejor guiamiento de las aguas desa cibdad e para más perpetuidad de los hedificios della e porque lo que más conviene que se haga y es más necesario dizque se ha de hacer en la huerta del dicho monesterio como con nosotros se ha platicado otras vezes que en ello se ha mandado entender pues que conviene y el dicho hedificio es tan provechoso a esa cibdad e para el bien de la República della, yo vos encargo e mando que consintays y deis lugar que se haga la dicha alverca en la guerta desa casa donde paresciere a los que en ello han de entender a los quales he mandado que miren muncho que se haga con el menos perjuizio desa casa que ser pueda casi (que así) lo haran e vosotros por mi servicio que lo ayais por bien. hecha en la villa de Valladolid a veinte y nueve dias del mes de março. año de mill y quinientos e viente y siete años. Yo el Rey. por mandado de su Mag. frco de los Cobos.

(Copiador de Reales Provisiones. Libro 7090, fº 354r, también en 389vº y 479r).

En otra fuente escrita, en las Ordenanzas de las aguas de 1538, editadas en 1552, el Título 98 dice en su punto 1º: «Otrosí, mandamos que el acequiero que tuviere cargo de la acequia de Axares dentro de la Ciudad, desde la alberca hasta el repartimiento del agua que va limpia a la Ciudad y la que va a la acequia de Darrillo el Turbio, tenga cargo de la alberca que está junto a los adarves…» y en el punto 2º: «Asimismo tenga cargo el dicho acequiero de esta acequia, desde la alberca hasta dicho repartimiento…»

El estanque debió cubrirse en el mismo siglo XVI, porque así aparece este lugar en la Plataforma de Vico (1613) y no hemos encontrado datos que lo contradigan. Lo que no figura en esta representación gráfica es la portezuela que debieron dejar practicable para la periódica limpieza del depósito. Tampoco se aprecia en la panorámica de Guesdon (ca. 1850), ni en las fotografías posteriores, cercanas a esta fecha.

De ahí que desde el momento en que se cubriera el depósito, este espacio se conociera como plaza de la Victoria.

En 1902 se reconstruyó el depósito para aumentar sustancialmente su capacidad, que quedó establecida en 550 m3, mucho mayor que la primitiva. El objetivo de esta reforma era abastecer de agua por tuberías metálicas ―que, no sin esfuerzo, pretendían sustituir las diferentes Corporaciones, desde la terrible epidemia colérica de 1885― las casas que se iban edificando en la Gran Vía y a aquellos ciudadanos que las prefirieran –por considerar sus aguas más puras– a las impotables y sucias que circulaban por los viejos atanores de barro, alcanzando, así, lugares tan alejados como la Puerta Real o la Carrera de la Virgen. Para disfrutar de esta nueva canalización, el Ayuntamiento cobraba una tarifa que oscilaba entre los 12 y los 18 reales.

En el Archivo Histórico Municipal, Legajo 2183, año 1905, hay una estadística formada por el arquitecto Jordana y el Inspector Mesa, de unas concesiones hechas del depósito de la Victoria.

Para reconstruir el depósito de la Victoria hubo que cortar el agua de la acequia de San Juan y para no dejar sin agua a la ciudad, se hizo una pequeña desviación desde el molino de Axares (Reyes Mesa, 2000: p. 67) situado en la cuesta del Chapiz, frente a la calle de San Juan de los Reyes, por donde entraba la acequia a la ciudad, hasta conectarla nuevamente y más abajo de donde se hacía la obra a la general, que seguía su recorrido por las casas de los números pares de esta calle, por debajo del nivel de ésta.

Las casas derribadas para abrir hueco al trazado de la Gran Vía y que tenían propiedad de aguas, las incautó el Ayuntamiento, sin ser suyas, con objeto de que estos caudales incrementaran el contenido del depósito de la Victoria. Y que estas aguas no le pertenecían, lo tenía él mismo declarado en un expediente promovido por varios vecinos de las Siete Calles, del que resultaba que las que dijo el Municipio corresponderle por diferentes conceptos y especialmente por las pertenecientes a las casas expropiadas por la apertura de la Gran Vía, eran las de las fuentes y pilares públicos, todas las cuales pensaba reunir en el depósito de la Victoria.

Pero esto no sucedió así, porque el agua «incautada» continuó alimentando pilares y fuentes públicas ―muy escasas en la zona devastada― y, en realidad, siguió corriendo por las acequias de donde procedían. Por todo ello, el Ayuntamiento cometió un fraude, máxime al ordenar que el depósito siempre estuviera lleno con aguas que no le pertenecían, con objeto, como hemos dicho, de venderlas, a través de tuberías de hierro, a quien estuviera dispuesto a pagarlas. En realidad, el Ayuntamiento disponía de muy poca agua en propiedad.

En la actualidad, este depósito de aguas, de planta rectangular, se compone de tres naves coronadas por bóvedas rebajadas, que están separadas por dos hileras de arquerías, contando cada una de ellas, con cuatro arcos también rebajados. Presumiblemente, el suelo del depósito se halla a una profundidad algo mayor a un metro, porque conocemos que su volumen de agua era de 550.000 litros2.

Las medidas desde la superficie del suelo actual son, de 1,87 m hasta el arranque de los arcos, 2,32 m hasta la clave de éstos y de 2,87 m a la altura máxima de las bóvedas. Por lo que, en su origen debieron ser de 3,00, 3,45 y 4,00 m, respectivamente. La escalera de bajada al estanque, está situada en el ángulo sureste.

El depósito se halla en buen estado de conservación y la capa de cal que envuelve todos los paramentos, ha impedido ver la huella que dejaba el agua en su máximo nivel de llenado que, normalmente se situaba, pocos centímetros por debajo de los arranques de los arcos, con objeto de favorecer la aireación del agua.

Despojado de su función original, hoy el inmueble, propiedad del Ayuntamiento de Granada, tiene su uso cedido a la Asociación Músico-Cultural María Santísima de la Estrella, que lo utiliza como local de reuniones, como se muestra en la fotografía.

Cesáreo Jiménez Romero