El Albaicín preislámico

De Iliberri a Ilbira

Sobre la parte central y más elevada del conjunto urbano que actualmente conocemos como Albaicín, se situó el antiguo asentamiento que dio origen a la ciudad de Granada. En el siglo VII a.n.e, en el área comprendida entre el actual San Nicolás y San Miguel Bajo, se estableció una población íbera que dio lugar a la próspera ciudad de Iliberri.

En el siglo II a.n.e, comienza la romanización del sur de la península ibérica, y por lo tanto de Iliberri. Este proceso culmina en al año 45 a.n.e, cuando Julio César otorga a la primitiva ciudad íbera el título de Municipium, a partir de este momento se la conoce como Florentia Iliberritana y comienza un periodo de gran auge como ciudad que durará hasta el siglo IV d.n.e. Prueba de ello, fue la celebración del primer concilio cristiano, celebrado en España y conocido como Concilio de Elvira o Concilio Iliberritano, el cual tuvo lugar en Granada alrededor del año 300.

A partir del siglo IV, con las invasiones de los pueblos germánicos, se produjo el gran declive del Imperio Romano de occidente. Iliberri, como tantas otras ciudades de la península, sufrió un proceso de recesión importante produciéndose una ruralización de la urbe y el progresivo abandono de los servicios.

Cuando finalmente los visigodos se establecen en la ciudad, esta ruralización no desaparecerá, ya que convierten lo que había sido la próspera ciudad romana, en un asentamiento eminentemente militar debido a su excelente posición estratégica defensiva.

El concilio Iliberritano celebrado en Granada a principios del siglo IV supuso junto a los de Francia y Turquía la preparación para el primer Concilio Ecuménico de la cristiandad que tuvo lugar en Nicea en el año 325.

En el siglo VIII, los Omeyas fijaron la capital en Medina Elvira. Se desconocen las causas que motivaron este traslado, pero lo cierto es que esta urbe asumió funciones militares y administrativas. Mientras tanto, el Albaicín (Iliberri) quedó reducida, básicamente, a la comunidad judía al otro lado del río y a una población, ahora mozárabe, venida a menos, que aún permanecía como un área con las connotaciones rurales en las que había quedado sumida con los visigodos y poco poblada (nada que ver si lo comparamos con su antiguo esplendor romano). Con la llegada de la dinastía Zirí, en el siglo XI, es cuando el Albaicín recobrará su apogeo y será el núcleo originario del Reino de Granada.

El Albaicín Andalusí: El periodo pre-nazarí

Madínata Garnáta, siglos XI-XIII

Es en el siglo XI cuando realmente se funda definitivamente la ciudad de Granada. Entre el año 1000 y 1003, llegaron los ziríes a la península ibérica desde el norte de África, instalándose, en principio, en Medina Elvira. Se estima que en el año 1013 se produjo el traslado de esta población al Albaicín, entonces conocido como Hisn  Garnāta.

Zawi Ben Zirí, primer rey Zirí: «…Lo mejor que podemos hacer es abandonar esta ciudad y elegir para instalarnos, cerca de ella, un lugar mejor fortificado en el que poder refugiarnos con nuestras familias y nuestros bienes…»

La fundación de la Garnata zirí

El nuevo asentamiento zirí se situó en la antigua ciudad iberorromana llamada la Alcazaba de Granada (Qasabat Garnata), emplazada en lo que hoy son los alrededores del mirador de San Nicolás. La colina del Albaicín presentaba unas conciciones óptimas para su defensa en caso de asalto gracias a su situación geográfica elevada y al dominio visual de toda la Vega.

Fue Zawi ben Zirí el responsable del nacimiento de esta ciudad, creando una nueva medina que sería conocida como la Alcazaba Qadima, centro neurálgico de la dinastía zirí y lugar donde se desarrolló un programa constructivo orientado principalmente a la defensa del lugar y a la realización de construcciones áulicas. El Albaicín se convirtió, por primera vez, en una ciudad islámica, comenzando uno de los periodos más fructíferos de su historia.

La llegada de las Almorávides

En el año 1085, el rey castellano Alfonso VI tomó Toledo, lo que provocó que el último emir cordobés Abd’Allah y los reyes de las taifas de Sevilla y Badajoz solicitaran el auxilio de los almorávides, tribus nómadas del desierto del Sáhara. Entraron en la península a través de Algeciras y derrotaron al rey cristiano en la batalla de Sagrajas (1086), cerca de Badajoz. Cuando vieron la gran debilidad de las taifas se enfrentaron a ellas y las conquistaron.

En el año 1090, los almorávides derrocan el poder zirí y se instalan en la colina del Albaicín. Este nuevo periodo, al igual que los demás reinos de taifas que se extendían por la península, se caracterizaría, especialmente, por la debilidad del reino y por las continuas revueltas y luchas internas.

Almohades en el Albaicín

El reino de Granada se caracterizó por las constantes luchas internas. A la muerte del rey Tasufin, rey almorávide, serán los almohades quienes conquisten el reino de Granada en 1157. Partiendo del norte de África, ocuparon todos los reinos musulmanes de la península tras doblegar todas las taifas. El Albaicín creció rápidamente a partir de este momento, debido a la llegada de población proveniente de los diversos territorios que iban siendo conquistados por los cristianos. Esto dio lugar a la formación de varios arrabales (barrios extramuros) alrededor de la Alcazaba Qadima (antigua Alcazaba de Granada). Los almohades permanecerán con  el control del reino hasta 1212.

El Albaicín nazarí

El Reino nazarí de Granada

La derrota en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) supuso un duro golpe para al-Ándalus, pues este fue el inicio de la definitiva hegemonía cristiana. En una península bajo el control prácticamente cristiano, el Reino nazarí de Granada se alzó como el único enclave musulmán. Los primeros pasos de este reino se trazan en Arjona, donde Muhammad ibn Nasr al-Ahmar (castellanizado «Alhamar», es decir, «el Rojo», en referencia a la coloración roja de su barba) fue proclamado sultán en 1232; será en 1238 cuando éste otorgue la capitalidad de su reino a Granada. Aquí se alzará la ciudad palatina amurallada de la Alhambra, nuevo y ultimo centro de poder político y administrativo andalusí en la península.

Ventana del Palacio de Dar al-Horra | Víctor Vaz Romero (2021)

Con la Alhambra como nuevo centro de poder, la colina de San Nicolás pasó a un segundo plano. No obstante, esta fue creciendo hasta convertirse en el arrabal más rico y populoso de la ciudad.

La relevancia y popularidad del arrabal del Albaicín (rabad al-Bayyazin) queda atestiguada en diversos detalles, como disponer sus propios baños, cierta autonomía judicial o la existencia de una mezquita mayor o aljama. La necesidad de proteger dicho espacio ante la beligerante Castilla, propició la construcción, en época de Yusuf I, de la llamada cerca de Don Gonzalo, la muralla que definitivamente cerraría el arrabal del Albaicín. Así, la singularidad urbana del Albaicín la hizo concebirse como otra ciudad amurallada en el interior de las murallas de la verdadera ciudad de Granada.

El Albaicín en los siglos XVI-XVIII

El despoblamiento del barrio del Albaicín

Tras la conquista del reino de Granada en 1492, el Albaicín se irá convirtiendo, poco a poco, en un reducto de población morisca (se llaman moriscos a los musulmanes que permanecieron en la península tras la conquista cristiana). Durante el primer siglo de reinado cristiano, con el arzobispado de don Hernando de Talavera, el primero de Granada, se produce un proceso pacífico de aculturación de los moriscos, ya que estos, según la firma de las Capitulaciones en 1492, tenían derecho a conservar su legislación y religión.

La rendición de Granada | Francisco Pradilla y Ortiz (1882)

Sin embargo, la convivencia pacífica entre moriscos y cristianos acabaría a finales del siglo XV, con el levantamiento del Albaicín el 18 de diciembre de 1499. Esto fue causado por la implantación de una política radical y prohibitiva, por parte del Cardenal Cisneros, que rompía con lo pactado en las Capitulaciones.

A partir del siglo XVI, se inicia un fuerte proceso de asimilación cristiana que dará lugar, entre otras actuaciones, a la quema de coranes en la plaza Bib-Rambla y a la implantación de las primeras parroquias como organismos para el adoctrinamiento y control de la ortodoxia religiosa. El Albaicín en el siglo XVI se convertirá en el último reducto morisco y es en este momento cuando comienzan las primeras transformaciones urbanas del barrio:

  • Se produce el ensanchamiento de algunos viales y espacios públicos.
  • La implantación de parroquias dará lugar a la aparición de iglesias donde antes había mezquitas.
  • Se asientan en el barrio las primeras órdenes religiosas, en su mayor parte de clausura, que darán lugar a la creación de nuevas edificaciones o a la adaptación de fábricas existentes para adaptarlas a las funciones conventuales.
  • Se establecen residencias señoriales en lo que se conoce hoy como la Carrera del Darro, quedando el resto del barrio desprovistas de ellas.

Tras las expulsiones decretadas por la corona de Castilla en 1570 y 1584, el barrio del Albaicín queda prácticamente despoblado.  En este momento, la corona implanta una política repobladora que fracasó contundentemente, ya que los colonos se negaban a vivir en la colina. Esta situación y los desastres naturales sufridos acentuaron un proceso de ruina urbana que abarcará toda la colina, exceptuando la zona de la margen derecha del Darro que había sido ocupada por las clases nobles cristianas.

En el siglo XVII, el Albaicín vivirá un estado de abandono y ruina permanente, una situación que se proyectará hacia la centuria siguiente. En 1752, el Catastro de Ensenada censa su población en 9.681 habitantes. Ello indica que casi dos siglos después de la expulsión aún no se había iniciado la recuperación demográfica.

No obstante, pervive en la zona una mínima población dedicada, generalmente, a la agricultura y otras actividades tradicionales como repujadores de cuero, caldereros, tintoreros, hiladores de seda, etc.

El Albaicín en el siglo XIX

El carmen granadino

En el siglo XIX, las distintas políticas desamortizadoras de los gobiernos liberales supusieron una gran amenaza para gran parte de la delicia religiosa granadina. A pesar de ello, el Albaicín no sufre granes heridas: Es verdad que hubo atentados contra el patrimonio, como atestigua la desaparición del hermoso conjunto del convento de la Victoria o la ruina del convento de San Agustín, pero en líneas generales no estuvo en el punto de mira de la fiebre «renovadora de los liberales», quienes siguen manteniendo sus iglesias en pie a pesar de la laicización y la despoblación.

También continuó el proceso de degradación iniciado dos siglos atrás, acentuado por la topografía del barrio, que impedía que este fuera lugar de tránsito, junto a la pobreza de sus habitantes, que no disponían de recursos suficientes para «reformar».

Según la viajera Lay Teninson, tras una visita al Albaicín: «Los palacios de los reyes moros hoy son las habitaciones más cochambrosas, donde vivían los ciudadanos más pobres de Granada, y niños harapientos, escuálidos pueblan ahora los amplios patios que una vez brillaban con guerreros armados. Muchas viviendas de este barrio han sido demolidas, al considerar sus propietarios que el terreno es más valioso si el terreno se convierte en jardines. Lo mejor que podemos hacer es abandonar esta ciudad y elegir para instalarnos, cerca de ella, un lugar mejor fortificado en el que poder refugiarnos con nuestras familias y nuestros bienes…»

Y es que convertir en jardines o huertos utilitarios fue la triste tónica del Albaicín del siglo XIX. Una suerte de carmen granadino pero de los pobres, poblados por gallinas, cabras y otros animales del mundo rural, conformando huertos y corrales. Este contrasta con el carmen señorial, el cual se convierte, bajo los principios del Romanticismo, en una amalgama de elementos historicistas que pretenden evocar lo andalusí. Pero esta visión es solo la de los románticos; para los habitantes de Granada, el Albaicín es un barrio tan singular como marginal.

Desde el siglo XX a la actualidad

Hacia la declaración de Patrimonio Mundial

La despoblación progresiva del Albaicín experimenta en las primeras décadas del siglo XX un cambio de tendencia demográfica. Ahora el barrio se convierte en un foco de migración, al buscar morada en él los vecinos que fueron desalojados del centro de la ciudad con motivo de la construcción de la Gran Vía. También se instalan campesinos y obreros que emigran de los pueblos para buscar trabajo en las plantaciones de remolacha o en las azucareras.

En poco tiempo, el barrio del Albaicín no solo recupera su población sino que también adquiere un nuevo perfil sociológico: se configura como el barrio obrero por excelencia de Granada. Esta situación, junto con la tradicional relación de la Iglesia con los sectores políticos más conservadores, hará de motor para la eclosión de cierto anticlericalismo, especialmente durante la II República, como atestiguan los incendios de iglesias como San Nicolás, San Luis o El Salvador, además de conventos como el de Santo Tomás de Villanueva. Hoy, la iglesia de San Luis es testigo de dichos sucesos.

Más tarde, el Albaicín mereció la atención del profesor universitario y alcalde de Granada Antonio Gallego Burín. Éste desarrolla una amplia política urbanística desde 1938 a 1951, destinada al ensanche de viales para mayor accesibilidad. Entre las acciones, podemos destacar los accesos a San Nicolás desde la cuesta del Chapiz o San Miguel Bajo, enlazándolo con la cuesta de la Alhacaba; el acondicionamiento del sector de San Bartolomé y la consolidación de miradores de San Nicolás y San Cristóbal.

El 17 de diciembre de 1994, la UNESCO declaró el barrio Patrimonio Mundial. Esto fue punto de partida para la creación, en 1998, de un patronato municipal sobre el barrio, que en 2002 empezó a funcionar como organismo autónomo del Ayuntamiento de Granada bajo el nombre de «Fundación Albaicín-Granada». Desde entonces se han llevado a cabo numerosas intervenciones generales y concretas. Estas se han desarrollado gracias a las diferentes ayudas recibidas desde Europa a través de los fondos FEDER, como son el Proyecto Piloto Urbano, el Programa Operativo Local, el Programa Iniciativa Comunitaria URBAN, el Plan de Turismo de Granada o la Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado de Granada (EDUSI).

El conjunto de fondos y actuaciones en el Albaicín supone un punto de inflexión en la recuperación patrimonial del barrio. Sin embargo, estas actuaciones deben convivir y enfrentarse a un problema de larga trayectoria histórica como es la despoblación de este espacio. Este proceso se ha visto acentuado, además, por los problemas derivados de una actividad turística no sostenible. Y es que este tipo de turismo pone en peligro la identidad histórica y social del barrio, el cual pasa por ser, en ocasiones, una suerte de parque temático, donde no hay cabida alguna para la convivencia entre vecindario, recuperación patrimonial y turismo sostenible.