El mayor de los baños andalusíes de Granada, situado en el núcleo vital del arrabal del Albayzín formado por la llegada masiva de musulmanes desplazados por las conquistas castellanas en Andalucía. Aunque hoy está repartido en varias casas y ha perdido zonas importantes, como el vestuario y la bóveda de la sala principal o templada, permanece casi intacta su estructura originaria, similar a la del Bañuelo granadino: sucesión en un eje de las salas de agua fría (frigidarium), templada (tepydarium) y caliente (caldarium), con la caldera, hornos y dos compartimentos para el baño de inmersión al fondo. En el Museo de Arte Hispanomusulmán de Granada se conservan cuatro capiteles califales procedentes de este edificio.

Los importantes restos monumentales de los Baños del Albayzín forman hoy parte de varios inmuebles de propiedad privada, que corresponden a los números 1, 3, 5 y 7 de la calle del Agua, así como al nº 8 del callejón de la Almona. En su conjunto, eran los mayores baños de la Granada islámica, pues serían construidos a principios del siglo XIII para el servicio del primitivo arrabal zirí del Ensanche (Rabad al-Ziyada), en el entorno de Plaza Larga, y junto a los muros septentrionales de la Alcazaba Qadima, que a partir de aquella centuria dio lugar al amplio arrabal de los Halconeros (Rabad al-Bayyazin) poblado por los contingentes humanos desplazados ante las conquistas castellanas por el Alto Guadalquivir. Por su ubicación, en el eje vertebral del Albayzín islámico, jugaban un importante papel en la vida urbana de este arrabal.  Estaban situados al final de la calle del Agua, que recibía este nombre por ser lugar de paso de la acequia de Aynadamar o de la Fuente de las Lágrimas (Ayn al-Dama) para el abasto hidráulico de todo el arrabal y de la Alcazaba Qadima.

Su carácter de centralidad urbana se complementaba con la cercana presencia de la mezquita mayor del Albayzín, hoy parroquial del Salvador. Esta presencia en el centro del Albayzín de los baños más importantes y de la mezquita mayor no debe extrañar, dado que en la cultura islámica la civilización del agua tiene un valor fundamental, como higiene corporal y práctica socializadora en torno al baño, y como higiene del espíritu en las abluciones rituales.

Este alto valor del baño en la cultura musulmana está atestiguado en la Granada islámica por la mención documental de hasta 21 baños públicos (excepción hecha del Baño Real de la Alhambra y de los conservados a nivel arqueológico en otros palacios nazaríes). De todos ellos, sólo han llegado hasta nuestros días en muy buen estado y enajenados de manos particulares el Bañuelo, en la Carrera del Darro y el de la calle Real de la Alhambra; asimismo, aunque integrados en inmuebles privados y con pérdidas patrimoniales, los de la calle del Agua y los de la Casa de las Tumbas, en el Albaicín; y con restos más exiguos, los baños del colegio de las Mercedarias y de la calle Moral de Santo Domingo, ambos en el Realejo, así como los excavados en 1991 en el Mercado de San Agustín.

Una buena descripción de los Baños del Albayzín, con planimetría incluida, ha sido realizada por Jerez Mir (1996). El baño del Albaicín, aún siendo de mayor tamaño, responde en líneas generales a un plan longitudinal bastante similar al desarrollado en el Bañuelo, que ha podido servir de modelo para éste y otros de la Granada islámica. El acceso a la casa nº 1 de la calle del Agua, por un pasillo en rampa descendente hacia el interior, sirve de acceso actual de los baños, habiéndose perdido en épocas pasadas el vestíbulo, apodyterium o al-bayt al-maslaj que servía para desnudarse y que, como en el Bañuelo, también podría haber estado asociado a un patio; todo ello orientado hacia la actual cuesta de la Alhacaba. Sí se conserva la estructura perimetral de la sala de refresco, frigidarium o al-bayt al-barid, la cual, como sucede igualmente en el Bañuelo, sería una sala alargada, cubierta con bóveda de cañón provista de lumbreras y  con alcobas en los lados extremos señaladas mediante arcos y columnas en parteluz. Esta sala hoy está muy transformada, e incorporada a la vivienda.

Desde la sala de refresco se pasa a la sala templada, sala principal o al-bayt al-wastani, que equivale al tepydarium romano, y cuya bóveda central se halla hundida. Su forma recuerda a la del Bañuelo, si bien en este caso en lugar de tres galerías perimetrales se dispone como un espacio central con dos galerías de tres arcos en los lados extremos. De esta sala se conservan los muros divisorios, el arranque de la bóveda central y los arcos y bóveda de la galería de la izquierda. Tras la sala templada, se pasa a la estancia de agua caliente, caldarium o al-bayt al-sajun, cuyo acceso actualmente se practica a través de una de las casas del patio de vecinos del inmueble nº 8 del callejón de la Almona. Esta sala, simétrica respecto al frigidarium, es la mejor conservada, pues subsiste la bóveda esquifada central, con lucernarios estrellados y poligonales cenitales, así como las alcobas de los lados extremos, con arcos de herradura apuntados. En esta sala existió un capitel de época emiral. Al fondo de esta sala se conservan otras estancias, aunque semienterradas hasta el arranque de los arcos, siendo esta parte actualmente un corral: se trata de dos pequeños cuartillos que tuvieron arcos apuntados de acceso, para las pilas y, en el centro, el habitáculo del horno, a través de un arco escarzano. Comunicaría originalmente la zona del horno con otras dependencias anejas, rodeando por la derecha el caldarium y parte del tepydarium, y que hoy forman parte de las casas nº 5 y 7 de la calle del Agua: se trata de una estancia alargada cubierta con bóveda de cañón, quizás usada como leñera, un pequeño habitáculo cuadrado provisto de baño y la puerta de salida, según lo describió Gómez-Moreno (1892).

Estos baños, pertenecientes a la Corona tras la conquista, fueron enajenados y vendidos como dos casas de baños a particulares en 1567. Todavía a finales del siglo XVIII se conservaba en su puerta una interesante inscripción laudatoria, copiada por Echeverría y difundida más tarde por Almagro Cárdenas (1886), que venía a significar el carácter divino del agua, dado que Dios ayuda contra el mal, es creador de las aguas y parte de ellas fueron destinadas al cielo para que se bañasen los ángeles y “parte de ellas sobre la tierra para el uso de los hombres. El baño en ellas es saludable y causa delicia. Dios quiere la limpieza. No hay aseo sino en él”.

En 1935 el Museo de Arte Hispanomusulmán (hoy Museo de la Alhambra) adquirió cuatro capiteles procedentes de estos baños, quizá arrancados entonces ex profeso. Estos capiteles fueron estudiados por Manuel Ocaña (1936-1939), para quien se trataba de material de acarreo (Gómez-Moreno habla también de la existencia en el edificio de algún capitel visigodo y otros romanos) que, por sus inscripciones, podría haber pertenecido a alguno de los edificios califales levantados por Al-Hakam II en Madinat al-Zahra. Para Orihuela Uzal (1995), la cronología de este edificio corresponde a los primeros años del siglo XIII. Sería, por tanto, obra de los últimos tiempos almohades o del comienzo del periodo nazarí.

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Autores del texto: Ángel Isac Martínez de Carvajal, José Policarpo Cruz Cabrera y Ricardo Anguita Cantero (Profesores del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada