Con motivo del Día Internacional de los Monumentos y Sitios, la Agencia Albaicín y el Área de Cultura del Ayuntamiento de Granada organizan la exposición temporal «El paraíso Perdido», del artista Javier Alcantud. Esta muestra, además, se enmarca dentro de la programación de actividades organizadas para conmemorar el 40 y 30 Aniversario de la Alhambra, el Generalife y el Albaicín, respectivamente.
El paraíso como espacio de felicidad es uno de los mitos de la humanidad. Reaparece bajo múltiples formas desde la Antigüedad, atraviesa la Edad Media y el Renacimiento, resurge durante el Romanticismo, hasta la actualidad.
Todas las culturas han soñado con el jardín. Lo demuestran los testimonios literarios sumerios y babilonios, que influyeron en los hebreos, griegos y latinos, así como en los árabes. La naturaleza, la madre universal, metáfora de la vida y fuente de toda verdad, se convirtió en ideal y arquetipo. La nostalgia por su pérdida es una de nuestras más antiguas experiencias.
Las palabras “jardín” y “paraíso” significan en sus orígenes (proceden del franco y del persa respectivamente) ‘cercado’. Se trata pues de un espacio feliz dispuesto por el ser humano, cerrado, opuesto a la naturaleza salvaje. De ahí la construcción de jardines y huertos en palacios y casas señoriales, también en conventos y monasterios. Sobre todo influyó esta concepción de “felicidad“ asociada al jardín en la literatura y en la pintura, en sus referencias a aquellas épocas en que existió un paraíso sobre la tierra: el Edén para la cultura judeocristiana, para la grecorromana simbolizado en el mito de la Edad de Oro o la Arcadia. Según los poetas, la humanidad, marcada por la pérdida de esa felicidad, fue envileciéndose hasta llegar a la Edad de Hierro, donde reinaba la mentira, la traición y la violencia.
No vivimos hoy una era paradisíaca, más bien de hierro, es por ello necesario soñar con el jardín. Esa es la propuesta del artista Javier G. Alcantud. Es la suya una mirada romántica y decadente de los cármenes y jardines granadinos, agónicos testigos de un pasado mejor, paraíso desaparecido. Pocos pintores han plasmado como hace Alcantud su llanto silencioso, su belleza destruida, crepuscular.
Único, elegante, enigmático, siempre en busca de la excelencia –su meta–, el artista no solo nos invita a contemplar la obra de arte, sino a reflexionar. Esta se convierte así en denuncia de nuestra ignorancia, el mayor pecado que podemos cometer. La exposición “El paraíso perdido”, entre la realidad y el sueño, puede ser concebida también como poemario, la obra de toda una vida consagrada al arte. Es un espejo que nos muestra nuestro verdadero rostro: a veces el de exterminadores, a veces el de aquellos que olvidan ser los últimos de un mundo en descomposición.
Pero también contiene «El paraíso perdido» un mensaje de esperanza, como el latido de un corazón, porque lo bello y lo bueno subsiste en el recuerdo, en la comprensión de que pasaremos, como el tiempo, y el jardín paradisíaco, sin embargo, debe permanecer. Fuimos y podemos aún ser dignos, lluvia fértil que reviva nuestro patrimonio y nuestro maltratado paisaje.


