El embovedado sobre el río Darro, que oculta el paso de este río por el centro de la ciudad de Granada, constituye un elemento de considerable valor ingenieril e histórico. Parte de Plaza Nueva, en el mismo límite del Albaicín con la ciudad moderna, y termina en la desembocadura del Darro en el Genil, junto al puente zirí levantado sobre este río.

Su historia se remonta a los primeros años del siglo XVI, cuando los Reyes Católicos ordenaron el ensanche del puente islámico del Baño de la Corona con una bóveda de ladrillo. Esta práctica se prolongó a lo largo de aquella centuria, extendiendo el embovedado aguas arriba, lo que supuso a la postre la conversión de Plaza Nueva en un emblemático espacio urbano, en el seno de una antigua medina colmatada de inmuebles. Plaza Nueva, solo superada por la importancia ceremonial de la plaza Bibarrambla, fue ennoblecida a partir de 1530 mediante la construcción de una de las dos Reales Chancillerías hispanas. La zona del río, junto al puente de la Paja, en Puerta Real, centro fundamental de la Granada burguesa, quedaría cubierta a finales del siglo XVIII.

A principios del siglo XIX, por iniciativa del conde de Montijo, surgen los primeros proyectos de embovedado integral del Darro en su transcurso urbano. Tales iniciativas no se verán realizadas hasta décadas más tarde, entre 1854 y 1884, cuando se llevó a cabo el embovedado, en varias fases, entre Plaza Nueva y el puente de Castañeda. El último tramo del río en cubrirse mediante el embovedado, corresponde a la zona de la Acera del Darro, desde el puente de Castañeda a la desembocadura en el Genil, realizado entre 1936 y 1938.

La importancia histórica del embovedado del Darro dimana de su condición urbanizadora, en cuanto a la modernización y mejora de la salubridad que impuso al centro mercantil y burocrático de una ciudad que, en lo sustancial, seguía aferrada a un trazado viario heredero de la época musulmana. Esta modernización era sustancial para la creación de una ciudad burguesa pero, por contra, supuso la casi total desaparición de la visión romántica, que los viajeros franceses e ingleses difundieron mediante sus escritos y estampas, de una ciudad bajomedieval partida en dos mitades por el Darro y surcada por numerosos puentes. Solo la carrera del Darro conserva esta imagen, la más difundida a lo largo del tiempo, gracias a la presencia de la Alhambra dominando la vertiente izquierda del río y a otros elementos tan determinantes como las iglesias mudéjares de San Pedro y Santa Ana y los restos de la Puerta de los Tableros (Bab al-Difaf).

Al papel histórico moderno como creador de espacios públicos y viarios que posee el embovedado, hay que sumarle el valor singular que le otorga la conservación, bajo sus bóvedas, de algunos vestigios de épocas muy anteriores. Nos referimos, en concreto, a los restos de dos de los numerosos puentes de origen islámico que unían las dos vertientes de la zona central de la medina de Granada (Madinat Garnata), el antiguo puente de los Pescaderos y el puente del Baño de la Corona, que debieron ser obras del siglo XI, realizadas bajo la dinastía taifa zirí.

El Diario Ideal de Granada recorre el embovedado del río Darro
Un equipo de bomberos junto a tres periodistas del diario Ideal recorren el interior del embovedado del río Darro desde Plaza Nueva hasta su desembocadura en el río Genil.