Las fundaciones hospitalarias patrocinadas por la nobleza fueron habituales durante el Antiguo Régimen. Este es el caso del hospital para tiñosos promovido por Don José de la Calle, Caballero Veinticuatro, quien, en 1662, lo fundó en agradecimiento por la cura de la enfermedad que padeció. El hospital se levantó sobre el palacio nazarí en el que Boabdil fue reconocido, por segunda vez, como rey de Granada en 1485. Tras la conquista de la ciudad, el palacio fue cedido al Marqués del Cenete, cuyo linaje mantuvo la propiedad hasta su venta a Pedro de la Calle, padre del fundador. En el interior sobresale la utilización en el patio de columnas pertenecientes al antiguo palacio nazarí.
El hospital se levantó sobre un palacio perteneciente a la dinastía real nazarí enclavado en la Alcazaba Qadima y en el que Boabdil fue reconocido por segunda vez como rey de Granada en 1487. Este episodio se enmarca dentro de la guerra civil que sostuvieron los partidarios de Boabdil (Muhammad XII) contra los que apoyaban a su tío El Zagal (Muhammad Ibn Sad). Aquél, después de ser liberado por los Reyes Católicos, que lo habían hecho prisionero en la toma de Loja, se asentó en 1486 en el arrabal del Albaicín para combatir a su rival, quien contaba con la lealtad del resto de la población de la ciudad. Cuando, al año siguiente, El Zagal se vio obligado a abandonar Granada para acudir a Vélez Málaga, que estaba sitiada por los castellanos, Boabdil aprovechó su ausencia para apoderarse del resto de la ciudad. Estos acontecimientos fueron narrados por Hernando de Baeza del siguiente modo:
“El qual (Boabdil) se metió en el alcaçaua en las casas que agora son del marques de cenete, y allí fueron luego todos los alfaquíes y viejos de la cibdad á le dar la obediencia en nombre del pueblo y á le besar el pié”.
En este texto ya se da noticias de la donación hecha por los Reyes Católicos, tras la conquista de la ciudad, de este palacio a Don Rodrigo de Mendoza, Marqués del Cenete, si bien anteriormente la casa fue residencia del Cardenal Cisneros, quien se hizo fuerte en ella durante la sublevación morisca de 1500. Una vez cedido, al Marqués del Cenete, su linaje mantuvo la propiedad hasta que la Duquesa del Infantado la vendió en 1630, incluido su huerto, a Pedro de la Calle, padre del futuro fundador del hospital. La construcción que ocuparía el Hospital de la Tiña sería, por tanto, la resultante de las obras y reformas efectuadas por José de la Calle en el siglo XVII sobre la antigua construcción nazarí y previamente adaptada para su residencia por el Marqués del Cenete.
La construcción del antiguo hospital ocupa un amplísima superficie en el centro de una manzana que, según Antonio Orihuela, originariamente ocuparía en su totalidad, con sus huertas y jardines, el palacio nazarí. El primer investigador que estudió los restos nazaríes del hospital fue Gómez Moreno que, además de identificar cuatro columnas del patio, reconoció como permanencia de la primera construcción palaciega la sala ubicada en el primer piso de la crujía meridional, que incorporaba un mirador hacia la Alhambra, y de la que a finales del siglo XIX aún subsistía el arco de entrada y sus alicatados, lo que le permitió datar al palacio nazarí en el primer tercio del siglo XV:
“Consisten en una sala, cuya decoración ha desaparecido enteramente, así como su pórtico, al cual pertenecerían cuatro de las columnas; enfrente de la puerta hay un arco, que conserva las tacas de su intrados con arquitos de yeso y azulejos, el cual da paso á un mirador de 3,24 metros por 2,73, en el que subsisten las albanegas del arco, cubiertas de adornos de mediano gusto, y gran parte de los interesantísimos alicatados de piezas de azulejo: su traza es sencilla, con signos grandes y cintas blancas rodeándolos, y en lugar de las almenillas con que de ordinario rematan, hay caprichoso adorno de encintados; los matices son muy vivos, pero en blanco y negro ya se notan imperfecciones”.
En la actualidad no se conserva nada de las tacas, el arco de yeso y los interesantes alicatados que decoraban las paredes descritos por Gómez Moreno.
En la fachada exterior, la heráldica de los Calle preside una sencilla portada clasicista adintelada, hecha en cantería. La portada, que se remata por una ligera cornisa sobre la que se sitúa el escudo, da paso a un largo zaguán -posible pervivencia de un antiguo adarve hispanomusulmán- y a un compás, ambos con suelo de empedrado granadino. Al final de este eje se alza la fachada del hospital.
La portada de ingreso consiste en un arco rebajado enmarcado por pilastras dóricas y sobre ella una hornacina con decoración floral, dentro de la cual se ha conservado una imagen de la Virgen del Pilar, protegiéndose el conjunto por un tejadillo. El resto de la fábrica arquitectónica consiste en muros de carga formados por pilastras de ladrillo y relleno de mampostería. Un alero de canecillo dobles remata la fachada.
A través de la portada se accede al amplio zaguán, que se cubre con sencillo alfarje sin decoración, excepto grandes asnados de acanto sobre los que apena las jácenas. Desde el zaguán se accede a la derecha a la capilla del hospital y de frente a un largo vestíbulo, que precede al patio del hospital. En la entrada de la capilla se coloca una inscripción en la que se lee:
“Esta iglesia y Hospital de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza mandó fundar en señor D: José de la Calle y Heredia, veinticuatro desta Ciudad de Granada y su Procurador en las Cortes de Madrid, habiendo sido antes Capitán de Caballos Corazas en el ejército de Cataluña, donde peleando con el Francés, fue hecho prisionero y, habiéndose herido el brazo derecho quedó baldado. Y su Mag. el Sr. Felipe IV se dio por servido y le hizo muchas mercedes, como consta de la relación de sus servicios. Ponense así esta noticias para que todos los puedan saber y rueguen a Dios Ntro. Sr. por este Caballero, y en especial, los moradores de esta Ciudad de Granada, por lo mucho que solicitó la salud y consuelo de sus vecinos”.
La capilla tiene un coro elevado a los pies de la nave y se cubre con alfarje compuesto de largas vigas sostenidas por zapatas. En ella destacan la decoración de sus retablos barrocos, alguno con efectos de trampantojo. Una puerta comunica con una sencilla sacristía.
Tras el vestíbulo se accede al patio, de amplias dimensiones (17,45 por 14,75 m.) y orientado en sentido norte-sur. Éste es ligeramente rectangular, casi cuadrangular, y está peristilado en cada frente con columnas de mármol que sostienen zapatas manieristas. El conjunto de las doce columnas proceden de elementos de acarreo tanto de origen musulmán como cristiano, mezclándose basas, fustes y capiteles nazaríes, tardogóticos y protorrenacentistas.
Destacan las columnas del pórtico septentrional, en el que las dos centrales presentan interesantes capiteles nazaríes sin collarino, característica arcaizante, mientras que las de las esquinas poseen capiteles platerescos, con grutescos romanos y escudos lisos que, para Antonio Orihuela, pueden pertenecer a las reformas emprendidas en los comienzos del siglo XVI por el Marqués del Cenete. Debido al tamaño desigual de las columnas de diferentes épocas, las columnas nazaríes se calzan con pedestales que suplen la diferencia de altura existente entre unas y otras.
En el centro de los pórticos occidental y oriental se colocaron cuatro fustes anillados que se conservan del palacio nazarí, con sus correspondientes basas y capiteles. Por último, en el pórtico meridional se utilizaron tres capiteles que reproducen el tipo cúbico nazarí, pero sin talla, y en el extremo oriental uno tardogótico de hojas de acanto poco resaltado, de tradición levantina.
También en el piso bajo del patio destaca la presencia de una alberca rectangular, cuya longitud coincide con la del espacio existente entre las dos columnas centrales del pórtico norte a las que se anexa. Asimismo, en la esquina suroccidental, se localiza un brocal perteneciente a un aljibe construido bajo el suelo del patio.
Este pórtico del piso bajo, así como la galería superior que sustenta, debe pertenecer a la intervención que hubo de emprenderse en el edificio tras su adquisición por Pedro de la Calle en 1630. Pero en cambio, y siguiendo la opinión de Antonio Orihuela, la mayor parte de los muros de las cuatro crujías que rodean al patio deben corresponder al primitivo palacio real nazarí.
A la galería del primer piso se accede por una escalera de doble tramo situada en la esquina noroccidental, que queda enfrentada a la entrada desde el zaguán, situada en la esquina nororiental. La escalera tiene parteluz con columna toscana de piedra y baranda de madera.
La galería superior, abierta en sus cuatro frentes, presenta balaustrada de madera, pies derechos redondeados a modo de columnas jónicas y zapatas manieristas que repiten el diseño de las del pórtico inferior, aunque de menor escuadría. El alero que la remata es de canecillos de perfil ligeramente lobulado.
Para Antonio Orihuela, el palacio originariamente tendría, conforme a la tipología habitual de la arquitectura residencial nazarí, los frentes menores, o al menos uno de ellos, porticados, mientras que únicamente dispondría de planta alta en las crujías oriental y occidental, ya que en los pórticos meridional y septentrional las salas serían de doble altura.
En el primer piso de la crujía meridional sobresale la presencia del mirador nazarí, con hermosas vistas hacia la Alhambra. No obstante, su disposición originaria ha desaparecido al adosársele, como señala Antonio Orihuela, hacia poniente un cuerpo de edificación apilastrada de su misma profundidad (2,73 m., la dada por Gómez Moreno en el texto recogido más arriba) y, más modernamente, otro aún más saliente hacia levante. El resultado ha sido que ,lógicamente, el mirador ha perdido todo su carácter. En una fotografía panorámica del Albaicín realizada en 1851 todavía puede observarse la conservación de parte de su integridad volumétrica.
Cuando José de la Calle transformó el uso residencial de la edificación por otro asistencial hubo de construirse dos nuevos y extensos espacios: la capilla y la sala de enfermos. Para ello, se adosó una nueva crujía a la occidental, en la que se dispuso en planta baja un amplio vestíbulo y la capilla de doble altura y, sobre ellos, la sala de enfermos, que se cubre con una gran armadura.
En una etapa posterior debió levantarse el segundo piso situado sobre los cuatro frentes de la galería superior, el cual aparece retranqueado y se conforma con ventanas que se abren al patio entre pilastras de ladrillo. También se construiría el cuerpo de edificación occidental anexo al mirador nazarí, el cual se extendió por detrás de la capilla. Recientemente, en la década de los setenta, se adosó otro cuerpo de mayor anchura y doble piso en el extremo oriental del mirador.
En la actualidad, y a pesar de las segregaciones y nuevas edificaciones construidas sobre la antigua parcela del hospital, la propiedad conserva en su nivel más bajo, hacia el valle del Darro, un huerto para uso de las hermanas mercedarias.
El antiguo Hospital de la Tiña pasó a funcionar como orfanato para niñas, regentado por las Madres Mercedarias, cuando disminuyó considerablemente el número de afectados por la enfermedad. Ya a finales del siglo XIX, Gómez Moreno nos da noticias de este nuevo uso. En 1939, el orfanato fue ampliado por el Ayuntamiento de Granada y, en la década de los ochenta, se construyó un nuevo edificio en la parcela anexa hacia la calle Santa Isabel la Real, dejándose en buena medida de utilizar el antiguo hospital. Desde entonces la institución religiosa asiste el cuidado y educación tanto de niños como de niñas.
En los últimos años, las Mercedarias han llevado a cabo obras de rehabilitación del antiguo inmueble con objeto de alojar principalmente en él a las hermanas de la orden en habitaciones dispuestas fundamentalmente en la crujía este, aunque también en la norte y sur, donde además se disponen dependencias destinadas al servicio domésticas de la comunidad. El piso superior de la crujía occidental se mantiene vinculado al centro asistencial, con espacios destinados a la biblioteca, a actividades de juegos -antigua sala de enfermos- y a tutorías.
El proyecto ha sido dirigido por el arquitecto Francisco Álvarez Puerto, quien ha podido recuperar algunos de los elementos y estructuras originales que habían sido transformados en diversas reformas emprendidas en el pasado. La más significativa ha sido la intervención restauradora del frente de edificación hacia el huerto y la colina de la Alhambra -el de mayor impacto visual de la construcción- donde, no sólo se han recuperado los vanos originales cerrados y su estructura de pies derechos y zapatas, sino que, incluso, se ha eliminado el cuerpo de construcción oriental de dos pisos que alteraban profundamente este frente constructivo. No obstante, el proyecto no ha planteado la posibilidad de recuperar el antiguo mirador.
También sobresale la restauración de la disposición originaria del patio del hospital, abriendo de nuevo la galería del frente sur -cerrada por una antigua reforma- y recuperando la composición primitiva del segundo piso.
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Autores del texto: Ángel Isac Martínez de Carvajal, José Policarpo Cruz Cabrera y Ricardo Anguita Cantero (Profesores del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada)
Información práctica
Hospital de la Tiña o de la Virgen del Pilar
C/ de la Tiña, 28
18010, Granada