Desde su cierre al culto en 1842, la iglesia ha perdido gran parte de su riqueza artística mueble, persistiendo, no obstante, su valor histórico, ya que había sido una de las parroquias más populares del Albaicín; arquitectónico, apreciable en el tipo de cubierta de los dos tramos de su nave única, que se corresponde con dos tipos de techumbres mudéjares, o en las portadas renacentistas; y urbanístico, al formar parte de una de las áreas más monumentales de todo el Albaicín. El aljibe del siglo XIII que forma cuerpo con ella, perteneciente a la anterior mezquita, completa sus valores culturales.
La conocida iglesia de San Miguel Bajo se ubica en la esquina entre la plaza homónima y la calle de Santa Isabel la Real, con portadas hacia una y otra. Recibe esta peculiar denominación para diferenciarla de la ermita de San Miguel, en el punto más elevado de la cerca de Don Gonzalo o del Albayzín, conocida también como San Miguel Alto. Constituye el templo de San Miguel Bajo una de las estampas más características del Albayzín, por sus muros encalados y el fuerte impacto urbano sobre la plaza, que domina, aún cuando tras la pasada Guerra Civil se reconstruyó en el lateral opuesto la Cruz barroca del Cristo de las Azucenas, antes en la placeta homónima, como monumento pietista que a partir de entonces pasó a compartir el protagonismo de este ámbito.
Esta iglesia es la antigua iglesia parroquial de San Miguel, erigida el año 1501, en el contexto de la creación de 23 iglesias parroquiales granadinas para demarcar convenientemente la división eclesiástica de la ciudad tras la conversión forzosa de los musulmanes en moriscos, a instancias del cardenal Cisneros. En este caso, como en la mayor parte de las iglesias erigidas entonces, se aprovechó una antigua mezquita, como instrumento de aculturación y dominio. Del pasado islámico de este solar se conserva el aljibe adosado a la fachada oeste de la iglesia, que da a la plaza, y que constituye un bello ejemplar nazarí, del siglo XIII, con portada de doble arco y fustes romanos de acarreo. Este aljibe es también indicio de la importancia que el ámbito de San Miguel Bajo tuvo como centro de una zona de carácter áulico, en el centro de la Alcazaba Qadima del Albayzín: en sus inmediaciones se levantó el alcázar zirí del rey Badis, del siglo XI, cuyos cimientos sirvieron de base para la edificación del palacio nazarí de la Daralhorra, conservado a espaldas de Santa Isabel la Real. Otros casas reales nazaríes cercanas a la parroquial de San Miguel fueron la desaparecida Casa de las Monjas y los escasos restos islámicos conservados del Hospital de la Tiña, antiguo palacio del marqués del Zenete o Dar Abu-Abdila.
Aquella mezquita, primitiva iglesia de San Miguel, fue demolida para la construcción del nuevo templo, levantado en dos fases entre 1528 y 1557. Fue su feligresía de población morisca en su mayor parte, hasta la expulsión de esta etnia del Reino de Granada en 1571, pero también contó con una clase aristocrática de cristianos viejos, herederos del carácter palatino de esta zona del Albayzín en la época nazarí. Fue de hecho la parroquia de este barrio más populosa durante los siglos XVI y XVII, pero en 1842 sería suprimida como parroquia, ante la decadencia y despoblamiento de su collación. Su supresión institucional favoreció determinó el expolio de varias de sus obras de arte, llevadas a otras parroquiales, al Seminario Diocesano y al Palacio Arzobispal. En tiempos recientes ha sido reabierta al culto, como sede canónica de una popular cofradía de Penitencia del Albayzín, la de “La Aurora”.
La iglesia de San Miguel se dispone sobre una amplia superficie aterrazada con gradas de acceso al sur y oeste. Es de una sola nave, con capilla mayor en la cabecera y laterales entre contrafuertes, con unas dimensiones aproximadas de 39 metros de largo por 19 de ancho. Esta sencilla planta se complica visualmente por la división de la nave en varios tramos desiguales en anchura y amplitud y distintos sistemas de cubiertas, que constituyen una suma de las opciones mudéjares empleadas y un reflejo claro de las dos fases en que se realizó su construcción, sin perder por ello un efecto de integración adecuado a las necesidades cultuales. Las descripciones más amplias de este templo parroquial se deben a Gómez-Moreno (1892) y Gallego Burín (1946), completadas con aportaciones contemporáneas acerca de sus significaciones histórico-artísticas (Henares Cuéllar y López Guzmán, 1989; Gómez-Moreno Calera, 1995).
La primera fase de la iglesia corresponde a la mitad del templo desde la cabecera, y fue realizada entre los años 1528 y 1539, a cargo del albañil Antonio Fernández y el carpintero Gil Martín, con un programa de carácter gótico-mudéjar trazado, según Gómez-Moreno Calera (1985), por el maestro Rodrigo Hernández, quien trazaría también las parroquiales de San Cecilio, San Matías, San Andrés, San José, San Nicolás, San Gregorio, San Luis y la desaparecida de Santa Isabel de los Abades. Este plan se caracteriza fundamentalmente por el uso de cubiertas de madera sobre tres arcos diafragma ojivales sobre medias columnas para la separación de la capilla mayor y los dos primeros tramos de la nave, como sistema constructivo de origen levantino que por su funcionalidad y poco coste es asimilado en Granada en las iglesias de las décadas de 1520 a 1530, tras una primera fase caracterizada por el empleo de bóvedas de crucería.
La capilla mayor es un volumen cuadrado y más alto que el resto de la iglesia, cuyo presbiterio se alza sobre escalinata flanqueada por labor de azulejería sevillana y a cuyos lados se abren dos espacios mediante arcos ojivales, que sirvieron, a izquierda y derecha, como sacristía y coro, respectivamente. la cubierta de la capilla mayor es una magnífica armadura de limas moamares ochavada sobre pechinas en forma de abanico, almizate apeinazado con lazo de ocho y tablazón decorada con pinturas de tipo vegetal. A continuación, los dos primeros tramos de la nave están cubierto por alfarjes inclinados a dos aguas, con las jácenas sobre canes de tracería gótica y la tablazón con labor de menado que alterna chillas con estrellas de seis puntas y alfardones hexagonales alargados. Estos tramos son desiguales, ya que el primero es más ancho, y voltea entre los estribos de los arcos diafragma dos vanos ojivales de ingreso a las capillas laterales que, al igual que éstas, son de mayor tamaño que los correspondientes al segundo tramo, lo que crea la impresión de un falso crucero. Además, sobre el pavimento de la capilla del lado del Evangelio del segundo tramo se trasdosa la cubierta del aljibe árabe preexistente.
El resto del templo, hasta los pies, se realizó en una segunda fase constructiva, entre 1551 y 1557, por el albañil Alonso de Villanueva y el carpintero Gabriel Martínez. Aquí se guardó correspondencia, en cuanto al trazado de los muros, estribos y arcos de ojivales de ingreso a las capillas laterales, con el tramo precedente, si bien, en lugar de levantarse arcos diafragma para sostener la cubierta, se optó por una techumbre corrida, sistema que caracteriza ya a la plena configuración del mudéjar renacentista granadino a partir de la década de 1540, y que obedece al prestigio de las armaduras de tradición nazarí en la arquitectura religiosa y civil de la época como elemento técnico ya totalmente aculturado. Se trata de una armadura rectangular de limas moamares, con el harneruelo apeinazado con lazo de ocho y gran piña de mocárabes dorada. Los tirantes, pareados, también presentan decoración de lazo, y tanto éstos como los cuadrales de la armadura apean sobre canes de acanto de traza renacentista. Este tramo continuo ostenta restos de decoración pictórica mural, en tono azulado, con temas vegetales y cenefas de tipo arquitectónico. Presenta tres arcos ojivales, de ingreso a otras tantas capillas, a la derecha y dos vanos a la izquierda, pero una sola capilla lateral, dado que en este lado se ubican la puerta lateral y, en el ángulo, el espacio de ingreso a la torre. También la segunda capilla del lado de la Epístola, del Cristo de la Redención, y la tercera del Evangelio, del Cristo del Olvido, presentan decoración mural, debida la de la última al pintor dieciochesco Pedro de Medina.
A pesar del expolio y traslado de obras a otros lugares, presenta el templo algunas obras de arte de interés. Así, el propio retablo mayor, propio del barroco tardío, realizado a mediados del siglo XVIII por Blas Moreno, en sustitución de un retablo quinientista realizado por Tomás de Morales, discípulo de Siloe, y el pintor Juan de Palenque en 1559 y del que quedan dos bajorrelieves en los espacios laterales de la capilla mayor. Asimismo, la imagen titular, escultura de mediados del siglo XVIII realizada por Torcuato Ruiz del Peral; y, en fin, por su valor devocional, los titulares de la cofradía penitencial ubicada en el templo: el Cristo del Perdón, réplica moderna exacta del Cristo de la Columna de Diego de Siloe conservado en la parroquial de San José y antaño en ésta de San Miguel, y la Dolorosa barroca de devanadera de la Aurora. En esta iglesia fueron enterrados notables artistas del barroco granadino: los pintores Pedro Atanasio Bocanegra y Juan de Sevilla, y los escultores Diego de Mora y Agustín de Vera y Moreno.
El exterior del templo, en mampostería y ladrillo, revocado completamente en blanco, salvo los modillones rojos de los aleros, destaca singularmente sobre el trazado urbano de la plaza, a la vez que, en su juego de volúmenes, expone la riqueza compositiva de los espacios mudéjares interiores. La elevada torre es rectangular, muy austera con doble vano en el campanario en los lados mayores, y es un modelo intermedio entre las primeras torres mudéjares granadinas, a imitación de los alminares preexistentes, como las de Santa Isabel la Real y San Nicolás, y las torres decoradas con azulejería de mediados de la siglo XVI.
Destacan exteriormente en fin, por su calidad, las dos portadas del templo, construidas según un rígido clasicismo que hace suponer la intervención de Diego de Siloe como tracista de ambas (Gómez-Moreno Martínez, 1963), aunque fueron realizadas por el cantero Pedro de Asteazu hacia 1555. La portada lateral contrasta con la del cercano aljibe, en la misma fachada de la iglesia, y es adintelada, con pilastras corintias, rematada por dos aletones y medallón central sobre el entablamento. Más clasicista es la principal, a los pies del templo, que sigue las trazas y condiciones de la de la parroquial de San Ildefonso. Es también de orden corintio, con medias columnas que enmarcan un vano semicircular, y está coronada por un ático u hornacina de medio punto con la imagen en piedra del titular, obra de la misma época, realizada por Toribio de Liébana. Ambas portadas son reflejo de la readecuación de las iglesias góticas mudéjares según los nuevos diseños clasicistas, que se imponen exteriormente en tiempos del arzobispo don Pedro Guerrero como criterio de vinculación jerárquica con respecto a las normas estilísticas de la iglesia oficial, a la vez que como operación selectiva dentro del tejido urbano relacionada con los grandes programas imperiales del siglo XVI granadino.
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Autores del texto: Ángel Isac Martínez de Carvajal, José Policarpo Cruz Cabrera y Ricardo Anguita Cantero (Profesores del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada)
Información práctica
Plaza de San Miguel Bajo
18010, Granada

