Elisabetta, Andoni y el pequeño Bernardo viven en el impresionante edificio de la Carrera del Darro tras la marcha de las monjas hace cuatro años y lo preservan para el disfrute de los granadinos
Bernardo, de dos años, vive en la casa más grande de Granada. Una casa que tiene de todo. Un patio enorme con palmeras y una fuente, una terraza con unas espectaculares vistas a la Alhambra, largos pasillos donde circular con su flamante motocicleta de juguete… Por tener, la casa de Bernardo tiene hasta un precioso templo del siglo XVII con obras de Pedro de Mena, José Risueño, Torcuato Ruiz del Peral y Pedro Atanasio Bocanegra. Bernardo vive en el mismísimo Monasterio de San Bernardo, en la Carrera del Darro, la que dicen que es la calle más bella del mundo –y la más transitada de Granada–. «No se podía llamar de otra manera, Bernardo», bromea su madre Elisabetta Mazzacani. Ella y su esposo Andoni Martínez son los nuevos ‘abades’ de un monasterio que, tras la marcha de las cuatro últimas monjas que lo moraron hasta 2019, estaba nominado para convertirse en un hotel de cinco estrellas.
Pero no. La Congregación Cisterciense de San Bernardo echó marcha atrás, reconsideró su decisión de vender –la transacción estaba muy avanzada– y llegó a un acuerdo con Arsconditus por el que cedían a esta asociación, en régimen de comodato, el mantenimiento y la revitalización del Monasterio. Y en este momento es cuando entran en juego Elisabetta y Andoni. Los dos eran matrimonio y los dos forman parte de Arsconditus. Nunca olvidarán aquel 31 de octubre de 2019 en que, cargados de maletas e ilusiones para emprender su nueva vida, abrieron el portalón del Monasterio en el callejón de la Gloria. «Sentimos la nada, el vacío, la enormidad… no había ni una silla, ni los rieles de las cortinas, ni los casquillos de las bombillas», recuerda Andoni, un leonés nacido en 1986.
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