Entrada al Aparcamiento de Santa Isabel La Real

Más conocida entre los vecinos del barrio como Huerto del Carlos, constituye la plaza más grande de todas las que se abren en el Albaicín, con unas dimensiones extremadamente desproporcionadas respecto a la idiosincrasia del resto de plazas del barrio. Una anomalía que se explica por ser una plaza de nueva urbanización y que surge como solución urbanística para la instalación del mayor aparcamiento subterráneo del barrio, promovido por el Ayuntamiento de Granada en 2002 a través de los Fondos Europeos para dar solución a los problemas de movilidad de los vecinos en esta zona del barrio.

Acotada por las calles Santa Isabel la Real al Sur, Callejón de las monjas al Norte, Pilar Seco al Este y la tapia del convento de Santa Isabel al Oeste, la historia de esta plaza se remonta al periodo romano de la ciudad, cuando ésta se llamaba Iliberri.

Plano de Situación

En torno al año 45 a. C., en el contexto de las guerras civiles entre Pompeyo y Julio Cesar, Iliberri alcanzará el rango de municipio de derecho latino. Este estatus –al margen de su relevancia política al postularse del lado del futuro vencedor– significaba convertirse en una ciudad amiga de Roma, lo que desde el punto de vista jurídico suponía la máxima categoría para una ciudad de provincias: regirse por el derecho latino, otorgar la ciudadanía romana a sus habitantes y estar libre de cargas tributarias. A partir de entonces tomó el epíteto de prestigio con el que se le conocería: «Florentia», constituyéndose en «Municipium Florentinum Iliberritanum». Tal nombramiento supuso para Iliberri su auge como ciudad, convirtiéndose en una de las ciudades más prósperas de la provincia de la Bética romana.

La falta de información arqueológica y de fuentes escritas no nos permite saber cómo fue realmente Iliberri pero sí imaginarla, presentir su contorno. Así pues sabemos que tuvo una reducida extensión urbana, pues nunca llegaría a invadir la zona llana de la vega. Pero tal hecho no le impidió ser un importante centro de poder, albergando autoridades civiles y militares, funcionarios y grandes propietarios y terratenientes. También el hecho de emitir moneda o el de ser elegida, hacia el año 300, por la iglesia hispana sede del denominado Concilio de Iliberis –el primero de la Iglesia hispana–, corroboran su importancia.

Bajo el poder de Roma, Iliberri se adaptará al urbanismo que traen los nuevos conquistadores, ofreciendo una imagen completamente institucional, dotada de todos los atributos de una ciudad romana. Muy cerca de esta plaza se establecería el foro de la ciudad, la plaza de la ciudad donde se desarrollaba la actividad cívica, política y religiosa de la ciudad, en torno al cual se disponían los principales edificios públicos que favorecían el desarrollo de tales funciones: una basílica, termas, un archivo o tabularium, templos dedicados a una divinidad, tiendas, talleres o tabernae.

Tanto es así que en una casa muy cercana (en la calle Gumiel de San José esquina con calle Santa Isabel la Real) se ha encontrado un criptoportico formado por varias galerías abovedadas subterráneas, cuya función era estructural para soportar construcciones localizadas en la superficie, tales como una plaza o edificios de grandes dimensiones, compensando la pendiente o desnivel del terreno, como es el caso de esta zona de la colina del Albaicín.

Interior del Criptopórtico de la calle Gumiel de San José | Fotografía Miguel Castillo

Tras el ostracismo en el que quedó sumida la ciudad desde la caída del imperio romano hasta el final de la etapa visigoda, la antigua Iliberri volverá a florecer a partir del siglo XI, convirtiéndose en la capital del Reino Ziri. Estos terrenos de la actual plaza de Santa Isabel la Real formarían parte del Alcázar del rey Badis, seguramente con una función hortofrutícola. Un uso que, por las fuentes escritas andalusíes, sí sabemos que tuvo con los nazaríes: huertas pertenecientes a la corona, con el antiguo alcázar zirí ya arruinado por haber trasladado los nazaríes su corte desde el Albaicín a la colina frontera para construir la Alhambra.

Durante los últimos años del reino nazarí estos terrenos pertenecieron a la reina Aixa, esposa de Muley Hacen y madre de Boabdil. Ella las recibiría de su padre, el sultán Muhammad IX el zurdo, que al no tener descendencia masculina y ser ella una mujer temperamental, inteligente, valiente y dominante, le permitiría todo tipo de privilegios.

El zurdo nombró sucesor al militar al frente del ejercito nazarí y casado con su hija Aixa, el futuro Muhammad X, que se mantuvo poco tiempo en el poder debido a la guerra por el trono de Granada con Sidi Sad (conocido por los cristianos como Ziriza), padre de Muley Hacén y El Zagal. Muhammad X y su mujer Aixa serán apresados por Muley Hacén y su hermano El Zagal. Tras ser decapitado por ellos, Muley Hacen se casará con su viuda Aixa.

Aixa hará construir sobre estas huertas, a mediados del siglo XV (seguramente antes de su matrimonio con Muley Hacen) un palacio sobre los cimientos del antiguo alcazar zirí. Este palacio fue conocido como Dar al-Horra, denominación que viene a significar el tratamiento honorifico que recibían las princesas musulmanas: hurra (honesta), traduciéndose como Casa de la Sultana o de la Señora o de la Honesta.

Parece ser que ya residiría en esta casa, cuando, según crónicas cristianas, se produjo el adulterio del sultán con la cristiana doña Isabel de Solís (Zoraya), debiendo separar el monarca a ambas mujeres y habilitar una vivienda próxima para su amante. Estos pormenores de talante novelesco han servido para datar los inicios constructivos del inmueble y atestiguar la vitalidad institucional y regia del Albaicín en el contexto de las guerras civiles del siglo XV.

Con la conquista de la ciudad, incautados todos los bienes de la corona nazarí, los Reyes Católicos regalarán este palacio y todas sus jardines y huertas a su secretario Hernando de Zafra. Pero ante los inconvenientes de fundar el Monasterio de Santa Isabel al Real en la zona de la Alhambra, la reina Isabel decidió fundarlo aquí, por lo que rápidamente le permutó estos terrenos por otros en la Carrera del Darro. Fundado este cenobio en 1501, el palacio y todas sus huertas formaron parte del monasterio hecho por el cual se ha conservado hasta hoy el palacio de Dar al-Horra.

Toda esta zona de huerta correspondiente a la actual plaza, que por entonces tenía unos 5000 m2 fue trabajada desde la fundación del monasterio por las mismas monjas. Después de unos años, a partir del último cuarto del siglo XVI, seria individualizada de la clausura y dada en arrendamiento para su explotación agraria hasta su expropiación por la desamortización de los bienes de la iglesia llevada a cabo por Mendizabal en el primer tercio del siglo XIX (1836-1837).

Gracias al Archivo del Monasterio de Santa Isabel la Real, la primera referencia de arrendamiento de la huerta consta de 1574, al hortelano Hernando Arabul. La forma de pago a las monjas fue durante mucho tiempo con los productos agrícolas obtenidos de la propia huerta. Más adelante se completaría con dinero. El último arrendatario que consta en el archivo del monasterio será un tal Juan Sánchez que la tuvo de 1834 a 1837.

Tras los frustrados intentos de las monjas para evitar la expropiación de la huerta, el Estado la sacó a subasta pública, quedando como propietario, el 18 de febrero de 1844, Lorenzo Serrano. Éste haría de intermediario para que la huerta finalmente quedara en manos de Francisco Andreu Dampierre, como único propietario y poseedor.

El 20 de octubre de 1943 el registro de la propiedad nos informa que el último particular de la huerta fue Ana Jiménez de la Serna Méndez, casada con Luis de Ybarra Céspedes, Marqueses de Ybarra, que pasará a ella como herencia y será con ellos cuando la huerta pase a conocerse como Huerto del Carlos.

Los marqueses, que tenían su residencia habitual en Sevilla tuvieron como encargados y caseros de la huerta a la familia conformada por Manuel Serrano y Dolores López, que tenían 4 hijos, y varios nietos. Uno de ellos era el susodicho Carlos.

Según el propio testimonio «del Carlos» (de apellidos Serrano López, suponemos que por no conocerse el padre o no reconocerlo, quizás), nacido el 18 de octubre de 1953, la huerta antes fue conocida como la Huerta de Lola (su abuela), por lo que entendemos que esta familia seguramente serian sus caseros antes incluso de pasar a manos de los Marqueses.

En 1949 la huerta será vendida por los marqueses al Ayuntamiento de Granada siendo alcalde Antonio Gallego Burín para fines sociales y espacios verdes del barrio. Pero la huerta siguió siendo habitada por la familia de Dolores hasta su muerte en los años 60 que será cuando el Ayuntamiento ya sin caseros la deje sin mantenimiento.

Sera entonces cuando se le comience a llamar Huerto del Carlos. En la huerta siempre hubo una alberca (situada en el ángulo de las calles Callejón de las monjas y Pilar Seco) que se llenaba a través de la acequia de Aynadamar para garantizar el cultivo de verduras y, sobre todo, de árboles frutales en estos últimos años de vida de la huerta. Parece ser que los caseros, con el calor del verano, decidieron abrir la alberca como baño público. Tras la muerte de su abuela, Carlos dispuso de las llaves del portón durante un tiempo, yendo con los amigos y adolescentes del barrio para disfrutar de la alberca. Y así, comenzó a decirse entre la chiquillería: «vamos al huerto del Carlos», naciendo el nombre por el que actualmente se le conoce, ya que, desde entonces, todos los niños del barrio continuaron yendo a jugar al huerto abandonado saltando sus tapias hasta que éste fue urbanizado.

No será hasta la declaración del Albaicín como Patrimonio Mundial en 1994 y la llegada de los primeros Fondos europeos en 1998 para rehabilitar el Albaicín, cuando la antigua huerta sea urbanizada como plaza para dar solución a la construcción, completamente necesaria, del mayor aparcamiento subterráneo del barrio (2002), denominado de Santa Isabel La Real.

Durante estos años se llevaron a cabo las excavaciones arqueológicas de la huerta, descubriéndose en el lateral pegando a la tapia del monasterio los restos, completamente machacados y expoliados, de lo que pudieron ser los baños del Palacio de Dar al-Horra. Al ser poco significativos se decidieron tapar para favorecer su conservarlos y disponer sobre ellos la zona de juegos y columpios que ahora vemos.

En la zona central del huerto empezaron a aparecer una seria de restos de época andalusí relativos a cimientos de alguna casa y de algún trazado viario de difícil interpretación. Ante el peligro de dar al traste con el proyecto de aparcamiento si se seguía excavando y para no destruir lo encontrado, se acordó con la Junta de Andalucía taparlos y realizar una única planta de las dos que en principio estaban proyectadas hacer y sobre elevar la cota de la plaza para, de esa forma, salvar el proyecto de aparcamiento. De esta forma la plaza también constituye un gran mirador del barrio hacia la Sierra y la Alhambra.

En el extremo de la antigua huerta, entre las calles Pilar Seco y Santa Isabel la Real, también aparecieron restos de muralla de la ciudad, que han estado puestos en valor y protegidos por un cristal hasta octubre de 2013. Ese año, tras los continuos actos vandálicos sobre el cristal, el Ayuntamiento, con la autorización de la Junta de Andalucía, tomó la decisión de enterrarlos para conservarlos hasta ver qué otra solución se adopta en el futuro, el cual comienza a dilatarse.

En 2021 se llevó a cabo por parte del Área de Urbanismo la redacción de un anteproyecto, para cuya elaboración se tuvo en cuenta las reclamaciones de la Asociación de Vecinos del barrio, para reformar y reordenar la plaza. Este anteproyecto, que está en consulta, para su aprobación, en la Delegación de Cultura y Patrimonio de la Junta de Andalucía, contempla la reparación de las humedades del parking provocadas por las zonas ajardinadas que tiene la plaza; la retirada y reparación de algunos de estas jardineras; la replantación de arboles en los extremos de la plaza; la realización de rampas de accesibilidad para salvar la estructura aterrazada de la plaza; la ampliación y mejora de la zona polideportiva de la plaza, y la ampliación de los accesos de escaleras que tiene la plaza desde la calle Santa Isabel la Real para favorecer su visibilidad por el turista desde dicha calle. En cuanto cuente con la autorización de la Delegación de Cultura y Patrimonio, se proceder a la licitación para la redacción y posterior ejecución del proyecto de obras, por lo que no creemos que la remodelación se lleve a cabo hasta finales de año.

Referencias bibliográficas:

  • MOLINERO ESPADAS, Antonio C. «La Huerta del Monasterio de Santa Isabel La Real». En: Forma Vivendi. Cuadernos de Historia de las Hermanas pobres de Santa Clara, núm.6 (2008). Granada: Clarisas Franciscanas de Santa Isabel la Real de Granada, pp. 52-85.
  • LÓPEZ LÓPEZ, Manuel. Excavaciones arqueológicas en el Albaicín II: Plaza de Santa Isabel la Real. Granada: Fundación Patrimonio Albaicín-Granada (actual Agencia Albaicin-Granada), 2002.