Construcción palacial correspondiente a la arquitectura tardía nazarí, que subraya la vitalidad institucional del Albaicín en el contexto de las guerras civiles del siglo XV. Levantado sobre restos de cimentación del palacio zirí del rey Badis y cercano a otras casas regias, como el palacio del marqués del Cenete, fue habitado por la reina Fátima, madre de Boabdil, quedando integrado tras la conquista en el monasterio de Santa Isabel la Real. Responde al tipo de casa inspirada en las de la Alhambra, con patio de doble pórtico, sala central y alhanías (alcobas) laterales, y torre mirador en un extremo. Destaca su rica decoración de armaduras, aleros y yeserías, siendo modelo áulico de inspiración para las casas moriscas del Albaicín.
El palacio de Daralhorra, ubicado en el entorno del callejón de las Monjas y del callejón del Ladrón del Agua, a espaldas del convento de Santa Isabel la Real, es una antigua mansión perteneciente a la familia real granadina, levantada en las segunda mitad del siglo XV, en la etapa tardía o postrera del arte nazarí. Tras la conquista castellana formó parte del conjunto conventual de clarisas mencionado, fundado por doña Isabel la Católica en 1501. Su denominación, de Dar al-Hurra, viene a significar el tratamiento honorífico que recibían las princesas musulmanas, por lo que ha sido traducido como Casa de la Sultana, de la Señora o de la Honesta. Este último calificativo dio pie a una infundada tradición, difundida por Afán de Ribera en el siglo XIX y copiada por Almagro Cárdenas (1886), relativa a su construcción en la época de Yusuf I (1333-1354) para su favorita, Kamar, dándole el nombre de Palacio de la Honesta al disiparse las dudas del sultán sobre ella.
De hecho, el palacio de Daralhorra está entremezclada de episodios históricos y tradiciones. Así, se mantiene que en su solar estuvo situado el alcázar zirí levantado en el siglo XI por el rey Badis Ibn Habus (1038-1073), suntuosa residencia palatina conocida como la Casa del Gallo, por la figura del “gallo del viento” que existió en una de sus torres, un jinete moro con lanza y adarga. A este alcázar, quizás, podrían pertenecer los restos de cimentación de tapial de argamasa existentes en el muro septentrional de Daralhorra, en el callejón de las Monjas. Sea como fuere, lo que está fuera de toda duda es el carácter áulico que tuvo la zona central del actual Albayzín, en los alrededores de la plaza de San Miguel Bajo, donde también existieron otros palacios nazaríes, como la desaparecida Casa de las Monjas, demolida en 1877, y los restos existentes de Dar Abu-Abdila, palacio del marqués del Cenete u Hospital de la Tiña, donde fue proclamado Boabdil rey de Granada en 1487.
El palacio fue construido mediado el siglo XV sobre una huerta perteneciente a la princesa Fátima, futura esposa de Muley Hacén y madre de Boabdil. Ya residía en esta casa, cuando, según crónicas cristianas, se produjo el adulterio del sultán con la cristiana doña Isabel de Solís (Zoraya), debiendo separar el monarca a ambas mujeres y habilitar una vivienda próxima para su amante, quizás dentro del mismo ámbito del convento de Santa Isabel la Real. Estos pormenores de talante novelesco han servido para datar los inicios constructivos del inmueble y atestiguar la vitalidad institucional y regia del Albayzín en el contexto de las guerras civiles del siglo XV.
Se ha conservado este palacio hasta nuestros días, aunque con cambios y reformas lógicos en su larga trayectoria, merced a su integración en el conjunto conventual de Santa Isabel la real. No es éste el único caso en Granada de asociación de estructuras islámicas y religiosas, como puede apreciarse a tenor de la subsistencia de la casa nazarí de Zafra, integrada históricamente en el convento de dominicas homónimo, y del Cuarto Real de Santo Domingo, con respecto al monasterio de la Orden de Predicadores. De hecho, Daralhorra se mantuvo en el sector septentrional del convento de clarisas, con pocas modificaciones, y con él fue declarado monumento histórico-artístico en 1922, siendo adquirido por el Estado en el año 1930. En los años siguientes, fue restaurado ampliamente por Leopoldo Torres Balbás, quien restituyó el aspecto islámico perdido en parte en épocas históricas. Nuevas restauraciones, en 1942 y en la década de los sesenta, serían emprendidas por Francisco Prieto Moreno, siendo la última la realizada en 1984 por el arquitecto Eduardo Jiménez Artacho. Un estudio integral de la vivienda ha sido realizado por Orihuela Uzal (1996), al que seguimos.
Daralhorra pertenece en líneas generales a una tipología doméstica muy extendida en la arquitectura hispanomusulmana: la casa de patio rectangular con doble pórtico en los lados menores, de acceso a las salas principales con alhanías o alcobas laterales. Este esquema, que se encuentra asimismo en los palacios nazaríes de la Alhambra, se complementa o complica con la existencia de una sala alta en el lado norte, donde también se abren dos miradores orientados hacia las murallas de la Alhacaba y la Xarea del Albayzín, por lo que, en opinión de Martín Martín y Torices Abarca (1998), se combinan en el edificio los modelos palaciales urbanos con las almunias, si bien quizás la inspiración de esta particularidad deba buscarse en las torres miradores del propio recinto de la Alhambra.
Ocupa la casa una parcela de tamaño medio, de unos 357 metros cuadrados, por lo que la condición de palacio que ostenta sólo resulta apropiada por haber sido de regia propiedad. Consta de un patio rectangular orientado en dirección norte-sur, con crujías en los cuatro lados y pórticos de tres arcos en los lados menores, que dan paso a las salas principales, de doble altura, mientras que en los lados mayores se desarrollan dos pisos de habitaciones secundarias; y, como se ha dicho, existe en el lado septentrional una segunda estancia sobre la sala principal, provistas ambas de miradores. El acceso al palacio actualmente tiene lugar a través de un jardín creado en la época de Torres Balbás, que dejó exento el edificio al derribar varios inmuebles, salvo uno de ellos cubierto con armadura de madera del siglo XVI, desaparecida en las reformas de 1941 para remodelar la vivienda del guardia. Franqueado dicho jardín, se entra actualmente al patio por un vano abierto en el ángulo suroeste, de época mudéjar, aunque se conserva la impronta del vano original de acceso, en la fachada de poniente, con un zaguán que desembocaba en el ángulo noroeste.
El pórtico norte del patio se apoya en dos columnas de mármol blanco, con capiteles cúbicos nazaríes. Los arcos de medio punto peraltados que sustentan no son los originales, restituidos por Torres Balbás, pero sí el alfarje de madera interior, con labores decorativas y restos de pintura. El pórtico da paso, mediante un vano de medio punto peraltado, con tres ventanillas superiores, a la sala norte, que debió ser la principal de la sala, que conserva el alfarje de cubierta y el arco de la alhanía o alcoba oriental, ricamente decorado. Asimismo, se abre frente al vano de acceso un mirador de 2,63 x 1,24 metros, con una ventana geminada en su frente, sobre la que se disponen cuatro arquillos, y una sencilla en cada lado, siendo sólo original del mirador la armadura ataujerada que lo cubre.
Sobre el pórtico y sala septentrionales se disponen, según la misma estructura, una galería superior y otra sala, de menor altura, pero también provista de mirador en su parte central, continuación del inferior. Esta segunda planta sólo se extiende por el lado norte de la casa y se accede a ella por la escalera del ángulo nordeste, que presenta dos nichos con arcos gallonados antiguos. En esta segunda planta sí abundan los motivos originales. Así, los tres arcos de la galería superior, sustentados en pilastras, con profusa decoración de ataurique en sus albanegas; el propio vano de acceso a la sala, con alfiz y albanegas decoradas; las alhanías o alcobas laterales de aquélla, y la armadura de par y nudillo, de lima y bordón, con tres pares de tirantes, que la cubre, decorada con motivos vegetales en varias tintes y considerada por Gómez-Moreno (1892) la más notable en su género conservada en Granada. La entrada al mirador tenía un arco, desaparecido a finales del siglo XIX, y se dispone con ventana geminada central sobre la que se colocan tres pequeños huecos y una sola en cada lateral, siendo original sólo la del lado de levante.
Junto al acceso a la segunda planta se sitúa un espacio rectangular que conduce a la torre ubicada en este extremo de la vivienda. Por su emplazamiento se piensa en su construcción posteriormente al trazado inicial del edificio, conservando sólo de la época islámica un arquito en el penúltimo tramo de peldaños.
El pórtico del lado meridional, como el frontero, también se sustenta sobre dos columnas, aunque sus capiteles son diferentes a los del pórtico septentrional. Sus arcos, como los del lado opuesto, también son fruto de las restauraciones de Torres Balbás, que eliminó las entreplantas causantes de su desaparición y restituyó las salas a su doble altura original con respecto alas crujías laterales. La sala meridional fue muy transformada a principios del siglo XVI, al perder sus alhanías laterales y ganar anchura y longitud, para pasara a ser la primera capilla de que dispuso el convento de Santa Isabel al Real en la época de su construcción. En su extremo de levante presenta un volumen cuadrado a mayor altura, cubierto con armadura apeinazada octogonal, que haría las veces de presbiterio de la capilla, separado de ésta mediante un arco ojival.
Las crujías laterales a poniente y levante estarían ocupadas por las estancias auxiliares y de menor importancia. De ellas, la oriental se ajusta al esquema habitual de la arquitectura doméstica nazarí, con puerta central y alhacenas a ambos lados. En cambio, la crujía occidental tiene una planta más irregular, por la utilización de muros preexistentes y estar abierta hacia el zaguán primitivo y la entrada actual. Poseen buenos alfarjes, con pinturas en la tablazón, alternando motivos vegetales y geométricos. Dos escaleras, en los ángulos nordeste y suroeste, conducen a las habitaciones superiores de estas crujías, a la misma elevación que la línea de cubierta de los pórticos norte y sur y de sus aleros, de gran calidad y conservados en buena medida, lo mismo que los aleros exteriores del lado septentrional. Las armaduras superiores de estas crujías laterales fueron renovados por Torres Balbás, habiéndose perdido las originales.
En el eje del patio, en fin, desplazada hacia el pótico meridional, se ubica una alberca rectangular, unida a una fuente hexagonal de cerámica. Tiene las mismas dimensiones y forma que la alberca original, pero ésta estaba ubicada en posición anómala, en el cuadrante suroeste del patio, para el aprovechamiento de un aljibe preexistente y aún conservado. Fue recolocada en las reformas de 1941, siguiendo el modelo de la alberca existente en la casa nazarí de Zafra, sin respeto alguno a la ubicación original. Tampoco ha sido muy afortunada la última intervención sobre la casa en materia de solerías, con baldosines cerámicos de textura moderna en algunas zonas, discordante con respecto a otras solerías del edificio.
En suma, el palacio de Daralhorra es un interesante prototipo de vivienda palaciega del periodo tardío nazarí, con importantes restos de rica decoración en armaduras, aleros y yeserías, siendo modelo áulico de inspiración para las casas moriscas del Albayzín. A la vez, se trata de un buen ejercicio de restauración moderno y respetuoso con la tipología arquitectónica original, debido en su mayor parte a la obra del eminente arquitecto y conservador don Leopoldo Torres Balbás.
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Autores del texto: Ángel Isac Martínez de Carvajal, José Policarpo Cruz Cabrera y Ricardo Anguita Cantero (Profesores del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada)
Información práctica
Palacio de la Dal al horra, Casa de la Reina, de la Sultana, de la Honesta, Dar al Hurra



