La intervención, solicitada por entidades como Icomos y el Centro Unesco, cuenta con un presupuesto de 260.000 euros y un plazo de ejecución de cuatro meses

Zona de actuación arqueológica | Pepe Marín

La concejalía de Urbanismo acaba de dar luz verde al inicio del proceso de licitación de la memoria de intervención arqueológica vinculada al proyecto del Paseo de Romayla. La actuación cuenta con un presupuesto de 219.957 euros y un plazo de ejecución previsto de cuatro meses.

Con este paso, el área, que dirige el socialista Miguel Ángel Fernández Madrid, da cumplimiento a una de las demandas realizadas por colectivos como Icomos o Centro Unesco de Andalucía. Estas entidades mostraron su desacuerdo con el proyecto provisional presentado en 2020, con el bipartito al frente del Ayuntamiento. El foco del conflicto estaba en la construcción de un ascensor en la zona, ubicada a los pies de la Alhambra. Las organizaciones reclamaron que se replanteara el diseño y pidieron al Consistorio que ampliase las excavaciones ante el temor de que las obras pudieran perjudicar posibles restos ocultos.

En los últimos meses, Urbanismo ha mantenido diferentes reuniones con estas organizaciones además de establecer contactos con los expertos técnicos del Patronato de la Alhambra, el Institución Andaluz del Patrimonio Histórico o la Delegación de Cultura de la Junta, entre otros. Tras las conversaciones, la concejalía ha adoptado el criterio de las entidades y ha sacado del proyecto la actuación arqueológica.

Como señalan fuentes del área, la idea es obtener un «conocimiento fidedigno» de la situación arqueológica de la parcela con objeto de decidir si se requiere o no adaptar el proyecto definitivo.

La actuación contempla la realización de ocho sondeos que afectarán a un área de 480 metros cuadrados donde se cree que pueden haber restos arqueológicos «de primer orden». Se trata del lugar en el que antaño se levantaban los cármenes del Aljibillo y del Granadillo, que tuvieron un uso como molinos. Urbanismo quiere comprobar si quedan huellas de la estructura hidráulica que daba soporte a las instalaciones y definir con exactitud la fecha de construcción.

Los sondeos también están previstos en la zona donde se ubicaba el molino del Rey Chico. El objetivo es ver si quedan restos de la cimentación y, en el caso en que así sea, aclarar si el origen es zirí, nazarí o posterior.

Por otra parte, la actuación va a conllevar también la realización de nueve perfiles geotécnicos en la zona, además del descubrimiento de 200 metros lineales de la acequia Romayla, que da nombre al proyecto previsto en el paseo.

La concejalía no se acerca a ciegas a la zona, según detallan las fuentes consultadas. Los trabajos previos realizados revelan que el área donde se prevén los sondeos presenta un relleno antrópico –es decir, vinculado a la actividad humana– de entre 40 y 180 centímetros de espesor. Esto hace suponer que, de existir, los restos puedan encontrarse muy machacados por las diferentes transformaciones desarrolladas en el entorno en los últimos siglos.

Convenio con el Patronato

Aún así, las esperanzas del área radican en que las actuaciones permitan aclarar la evolución completa de la zona y enriquezcan el proyecto, cuya ejecución debe ponerse en marcha antes de que termine el año si se quiere cumplir con los objetivos marcados para la obtención de los fondos del Patronato de Alhambra. De acuerdo a las condiciones del convenio firmado con el Ayuntamiento, Granada tiene que justificar a comienzos del año próximo la ejecución de, al menos, el 30% de los trabajos para recibir las aportaciones que están previstas.

El edil de Urbanismo destaca que «la intervención responde a las críticas de los colectivos, que denunciaban que no se profundizaba lo suficiente en el proyecto arqueológico» y reafirma la «voluntad» del equipo de gobierno de que «todo el conjunto de decisiones que se van a tomar en el diseño final esté avalado por la arqueología».

Respecto al calendario de trabajo, Fernández Madrid reconoce que el Ayuntamiento va «muy ajustado», un problema que, a su juicio, deriva de la etapa anterior. El edil de Urbanismo señala que, a su llegada al área, «no estaba licitado el estudio de impacto patrimonial y paisajístico y el último plano era de 2020».

Aún así, el concejal es «optimista» respecto al futuro de la intervención y prevé que el expediente con el proyecto definitivo pueda ir a Contratación a lo largo del verano.

Fuente: Pablo Rodríguez para el Periódico Ideal