Estaban en la calle del Agua, sobre ellos se levantaron cuadras y casas, y sus restos, catalogados como BIC, acaban de ser inscritos en la Lista Roja por su pésimo estado de conservación

Alzado de los baño islámico de la calle Agua | Según hipótesis del Estudio de Arquitectura Yedra

Granada tiene un rico patrimonio visible y otro invisible. Y una de estas joyas que no se ven son los baños árabes de la calle del Agua, los más grandes de la ciudad y cuyos restos están ‘petrificados’ en una serie de construcciones realizadas en esa manzana en los últimos quinientos años. Si usted pasea por esta emblemática vía del Albaicín en dirección hacia la calle Pagés, uno de los ejes turísticos más concurridos del casco histórico, observará que la línea de fachada que está a su izquierda se halla retranqueada algo más de un metro.

¿Por qué? Pues porque ahí estaba uno de los linderos de ese edificio termal, considerado el más grande de Granada, que estuvo en funcionamiento entre los siglos XIII y principios del XVI, cuando poco a poco los moriscos que vivían en el Albaicín, cuyas costumbres estaban inicialmente salvaguardadas por las Capitulaciones firmadas tras la conquista de Granada, fueron perdiendo su derechos. Entre ellos, el de disfrutar de los baños públicos.

Tramo de fachada que sobresale de la alineación de la calle que coincide con la parcela donde estaba el baño | Ramón L. Pérez (P. Ideal)

Ahora, este tesoro oculto de Granada está de actualidad porque la asociación HispaniaNostra acaba de inscribirlo en la Lista Roja por su pésimo estado de conservación, a excepción de un local en el que se acaban de llevar a cabo obras de mantenimiento y conservación, según el estudio encargado de realizar el proyecto de intervención. En esta base de datos se recogen más de 1.100 monumentos españoles que se encuentran sometidos a riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores.

La superficie donde estaban los Baños Árabes del Albaicín está dividida hoy día en cinco parcelas catastrales que cuentan con tres propietarios. Fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en el año 2011 y, como curiosidad, está dibujado al revés en el Plan Albaicín –el sur está en el norte y el norte en el sur–. Después de cerrarse los Baños, su sólida y versátil estructura fue aprovechada para habilitar el espacio para otros fines, como matadero, establo para animales, cascajal y finalmente uso residencial, aunque la mayor parte de las casas están en pésimo estado y deshabitadas.

Tejados de las viviendas donde esta el baño de la calle Agua | Periódico Ideal

Ahí, entre toda esa ruina, se localizan los vestigios de aquellos baños árabes muy parecidos, para que se hagan una idea, a los del Bañuelo, aunque de unas dimensiones sensiblemente superiores por estar en el gran barrio de Granada en la época nazarí, el Albaicín. Su ubicación evidencia su importancia y el peso poblacional que tenía este arrabal en Granada. Se sitúa a pocos metros del Arco de las Pesas, a pocos metros de la gran mezquita sobre la que posteriormente se erigió la Colegiata del Salvador –aún se conserva el patio– y a pocos metros también de Plaza Larga, el gran zoco comercial del Albaicín.

DATOS BÁSICOS
Datación: Los Baños Árabes del Albaicín estuvieron en funcionamiento entre el siglo XIII y principios del XVI.
Relevancia: Eran los baños más grandes de la Granada nazarí por su ubicación en el barrio más populoso.
Conservación: Su estructura está integrada en las diferentes construcciones realizadas en la manzana en los últimos 500 años.

Los baños se abastecían de la gran Acequia de Aynadamar, que pasaba por la Calle del Agua y que surtía a todos los aljibes del Albaicín –ahora mismo la Universidad de Granada está acometiendo, por cierto, la recuperación del tramo final de esta canalización con la que se llenará el Albercón de Cartuja–. Unos sondeos arqueológicas acometidos en los últimos años han permitido que afloren algunos elementos que estaban ‘escondidos’. Ha aparecido, por ejemplo, una espectacular bóveda con todas las lucernas cerámicas intactas.

¿Qué más podría descubrirse en el caso de que siguiera excavándose? Pues entramos en el terreno de las hipótesis, pero consultados expertos como Ángel Rodríguez Aguilera, es muy probable que salieran la estructura completa, las cotas originales, los pavimentos primigenios, los sistemas de calefacción, los hornos y otras dependencias como los almacenes donde se guardaba la leña que se empleaba como combustible.

Tampoco es descartable el hallazgo de algunas piezas interesantes como el capitel que se exhibe en el Museo de la Alhambra procedente de los Baños Árabes del Albaicín. Un capitel que, curiosamente, no es de la etapa nazarí, sino de la califal. ¿Por qué?Hay quienes apuntan a la posible reutilización de materiales, aunque cada vez cobra más fuerza la teoría de que fuera colocado allí para darle esplendor al edificio al tratarse del periodo de mayor apogeo de Al Andalus.

Capitel califal del baño expuesto en el Museo de la Alhambra | Patronato de la Alhambra

Las huellas que aún perviven de los Baños Árabes del Albaicín permiten dar un paseo imaginado por su interior. Lo primero que se encontraría el usuario sería un vestíbulo donde lavarse y prepararse para el baño. Junto a ello, habría unas letrinas. El acceso estaba permitido tanto a los hombres como a las mujeres, aunque habría unos horarios diferenciados para unos y otras. Tampoco había distinción de clases sociales por su carácter público, aunque lo usual es que las familias nobles, aristócratas o adineradas tuvieran unos pequeños baños en sus hogares, por lo que no tenían necesidad de acudir a los colectivos. Respecto a quién financió su construcción, todo indica que se acometió con cargo al erario del sultanato y que se mantenían gracias a donaciones de bienes.

De la sala fría a la caliente

Sigamos con el itinerario por los Baños Árabes del Albaicín. Después de este vestidor, los bañistas encontrarían en primer lugar la sala fría, que era relativamente pequeña y que tenía una pileta. A continuación pasarían a la templada, que era más grande y que estaba ligeramente calefactada. El calor se irradiaba desde el suelo. Estaba cubierta por una bóveda de ladrillo a modo de lucernario que cumplía una doble función.Por una parte, permitir la entrada de luz natural desde el techo. Y por otro, regular la salida del humo para lograr unas condiciones ambientales óptimas y confortables. Y por último, estaría la zona caliente. Un tránsito que mantenía el esquema romano, recorriendo los baños evitando el choque que suponen los cambios bruscos de temperatura.

Sala templada del baño de la calle Agua | Periódico Ideal